la lucha de las jugadoras de Boca Juniors y River Plate contra la precariedad

Todo se decidirá en El Monumental. Este sábado a las 17h (21h hora española), Argentina se paralizará de nuevo con el enfrentamiento entre River Plate y Boca Juniors en la final de la Copa Libertadores. Como se lleva repitiendo una y otra vez desde hace dos semanas, este no es un superclásico como los demás. Es la final de las finales -ahora sí-, es la última oportunidad de ver a xeineizes y millonarios enfrentarse este año. O puede que no.

Blanco y rojo, azul y amarillo, volverán a encontrarse el próximo mes de diciembre. Será en dos campos pequeños, anexos a esos templos del fútbol que son los estadios de cada equipo. Dos canchas de césped sintético que defienden con garra los planteles femeninos de Boca Juniors y River Plate, dejándose la piel ante unas gradas semi vacías. Sin sueldos. Y hasta sin calendario, porque a día de hoy todavía no saben cuándo se enfrentarán tras dos cambios de fecha. «La organización siempre falla, por más que haya un reglamento te lo cambian», se resigna Elisabeth Minnig, capitana de Boca.

Minnig es una de esas mujeres apasionadas por el deporte y por su equipo que se pasa los días con la lengua fuera, corriendo del trabajo al vestuario. «Yo trabajo de 7h a 14h porque en Boca entrenamos a las 15h, salgo volando para el entrenamiento», explica. Su némesis, Andrea López, vive las mismas jornadas de locura que Minnig, cumpliendo con su trabajo en un supermercado por la mañana para dedicar sus tardes a River. Aunque no tienen una nómina por su desempeño como jugadoras, los clubes disponen de becas de movilidad para ellas, que rondan los 5.000 pesos (unos 100 euros) en el mejor de los casos. Por poner un poco de perspectiva, se calcula que Fernando Gago, mediocentro de los xeineizes, es el jugador mejor pagado de Argentina con un sueldo que ronda los 110 mil dólares al mes.

Foto de los equipos antes de disputar el último superclásico femenino – River Plate

«Es la realidad que tienen para practicar este deporte», expone Christian Meloni, entrenador de Boca Juniors desde marzo de 2016. En las tres temporadas que lleva al mando del equipo, Meloni ha perdido 11 jugadoras. Una alineación completa que salió a buscar fortuna en el extranjero, en países como Colombia, Brasil o España, donde sí pueden vivir de su buen hacer con la pelota. «Se van porque buscan oportunidades, aunque no ganen un buen sueldo es mucha la diferencia», señala Minnig.

Machismo y promesas incumplidas

La clasificación de la selección argentina para el Mundial de Francia 2019 ha sacado del ostracismo al fútbol femenino en el país latinoamericano. «Funciona así, primero conseguís resultados como sea y luego te damos pelota», dice con ironía Daniel Reyes, entrenador del equipo femenino de River Plate desde 2016. Reyes fue uno de los pioneros en romper barreras y animar a las niñas a practicar este deporte en un país «con una cultura machista bastante fuerte». «Hace 15 años, casi era una blasfemia que las niñas jugaran al fútbol», señala. Tan blasfemia que, para que las niñas pudieran competir, en 2003 tuvo que impulsar un torneo propio.

«Una niña que empieza a jugar a los seis años y tiene talento, tendrá excelente nivel técnico, el mismo que un niño que empieza a jugar con seis años y tiene talento», defiende, «los deportes, como los colores, no son ni de varón ni de mujer». Y, sin embargo, como apostilla López, «en el fútbol siempre hay demasiada diferencia» entre ellos y ellas.

El campo donde juega el plantel femenino de Boca está al lado de La Bombonera
El campo donde juega el plantel femenino de Boca está al lado de La Bombonera – Boca Juniors

«Lo mejor sería recibir ayuda y apoyo de AFA, ya que les llega plata de la FIFA. Pero sería pedir peras al olmo», critica Minnig, que ve una solución más sencilla en la aparición de un sponsor para la liga femenina, como Iberdrola en España. «Hace dos años nos vienen diciendo que se profesionaliza y vos pensás ‘a ver cuándo pasa uno’», añade con sorna. Y, cuando eso llegue -si es que llega-, tendrán que luchar contra el otro de los males del fútbol argentino: la centralización en Buenos Aires.

Entrenamiento de las chicas de River. Al fondo, El Monumental
Entrenamiento de las chicas de River. Al fondo, El MonumentalRiver Plate

Seis equipos de la liga masculina y ocho de la femenina tienen su sede en la capital, lo que deja fuera de juego a los niños de las provincias… y prácticamente fuera del estadio a las niñas. «Ellas juegan también», se queja Yamila Rodríguez. Quizá el nombre no suene a muchos, pero es el otro 11 de la albiceleste, la mujer que lleva en la selección femenina el mismo dorsal que Ángel Di María en la masculina. Jugadora de Boca y exjugadora del Santa Teresa de Badajoz, Rodríguez abandonó los estudios para jugar: «Mi mamá me decía que terminase el secundario y yo le decía que no, que quería jugar al fútbol. Y bueno, ella está orgullosa igual de mí».

Un clásico con público visitante

«Juegan el clásico como si fuera un campeonato aparte». «Para mí y para el plantel es la final, sea a mitad de torneo, principio o fin». «Vos sabes que vas a jugar con River y no querés perder. En esos partidos se saca la garra, tenés que defender esos colores, más contra ese equipo». Podrían ser declaraciones de cualquiera de los jugadores que se enfrentan esta tarde en Buenos Aires. Pero no. Son las sensaciones de Meloni, López y Minnig respecto al superclásico. Porque, como bien resume la capitana de las de Núñez: «El punto es que es fútbol y sigue siendo fútbol y no tendría por qué haber diferencias».

En los últimos 12 años, las millonarias no han conseguido ganar a sus rivales. Una estadística de las xeineizes envidiable si tenemos en cuenta que en los últimos 10 partidos oficiales disputados por los equipos masculinos, Boca perdió en 4 ocasiones y empató en otras 3. Pero quizá la mayor diferencia esté en las gradas.

Boca Juniors
Boca Juniors

Desde el año 2013, las hinchadas del equipo visitante tienen prohibido acceder a los estadios de fútbol. Pero en el superclásico femenino, apenas una alambrada separa a unos de otros. «Cuando jugamos están juntas las hinchadas, eso es hermoso, eso es lo más lindo que hay para mí, se canta, se anima…», relata Daniel. Una imagen, la de seguidores de Boca y River juntos, que podría llegar a verse en los estadios de cada equipo.

«En unos años estarán jugando mujeres dentro de El Monumental», augura López, mientras que Minnig es más cauta: «No sé si lo voy a vivir pero sería una experiencia única», y añade que sería «un orgullo». «Jugar en los lugares en los que juega tu primera, sobre todo si sos hincha, es muy motivante y es una ilusión que uno tiene de chico», se sincera Meloni.

River Plate
River Plate

En los últimos tiempos, en los despachos de ambos conjuntos se madura la idea de que las chicas disputen un partido de exhibición previo a un encuentro entre los equipos masculinos, como ya hicieron los equipos femeninos de Independiente y Racing de Avellaneda. Sin embargo, ante las preguntas de ABC, ninguno de los dos clubes ha querido responder al respecto.

Hoy, El Monumental será una bomba de relojería con 65.000 gargantas cantando sin parar durante 90 minutos. Y las pibas sueñan con eso. Con miles de aficionados coreando sus nombres y alentándolas. Con ganar un sueldo digno para poder dedicarse solo al fútbol. Y, de paso, con que sus compañeros se las tomen más en serio. Que charlen con ellas para algo más que para sacarse fotos, como harían con cualquier seguidor. Porque falle quien falle hoy en el terreno de juego, y uno de los dos equipos va a fallar, ellas son las únicas que podrán devolverle la dignidad a la camiseta en un superclásico. Al menos, hasta el año que viene.

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