La lección de respeto de la Bundesliga

Quedan pocos países en la élite europea del fútbol donde el aficionado sea un elemento tenido en cuenta. En una industria atada de pies y manos por los derechos de televisión, el hincha que acude al campo ha quedado en un ente residual, sin voz ni voto, aunque sea el responsable de llenar las gradas de los estadios domingo sí, domingo también. Esto ocurre en España, como expresión máxima del ninguneo al espectador que asiste en vivo a un partido, pero también en Italia, Inglaterra o Francia. Otra película es Alemania, donde todavía el aficionado es respetado y escuchado, aunque suene a otra época. Tanto que la Bundesliga no ha tenido más remedio que cancelar uno de sus proyectos estrellas: no habrá fútbol los lunes a partir de la temporada 2020-2021, cuando entrará en vigor un nuevo contrato de transmisión televisiva.

La Liga alemana aprobó en 2016 que durante esta temporada y la próxima hubieran cinco jornadas con partido los lunes. El primer fin de semana de diciembre, el duelo entre Núremberg y Bayer Leverkusen, agendado para el lunes día 3 a las 20.30 horas, será el estreno de un formato que ya tiene fecha de cancelación sin ni siquiera haber sido puesto en marcha: «La cultura alemana es muy distinta a la española. Aquí los presidentes de las peñas se reúnen habitualmente con los dueños de los clubes y con la DFL, el organismo que dirige la liga alemana. Y son escuchados con respeto. Por eso el proyecto de jugar los lunes no tendrá más recorrido que el firmado», explica a ABC Miguel Gutiérrez, periodista deportivo alemán que ejerce en España desde hace veinte años.

La Bundesliga, igual que hicieron antes las ligas de España, Italia e Inglaterra, considera que debe abrirse mercado en el terreno asiático para no quedarse atrapado en el tiempo, y pensó que variar su habitual organigrama de la jornada le serviría para dicho fin. Se mantenían el partido de los viernes y los dos del domingo, y de los seis encuentros del sábado uno de ellos se trasladaba al lunes en esas cinco jornadas pactadas. La idea se ha encontrado con el poderoso rol de la afición alemana: «En mi país es habitual que los entrenamientos sean a puerta abierta, algo inconcebible hoy en España o Inglaterra, y el diez por ciento del aforo es exclusivo de la hinchada visitante. Aquí los socios y aficionados que van al campo importan y mucho. En Alemania no se entiende que, por ejemplo, un seguidor de un equipo de Berlín tenga que ir a Múnich un lunes (600 kilómetros de distancia), o viceversa, solo por sacarle más rédito a los derechos de televisión. Aquí ya se ha consumido fútbol el fin de semana y habrá más menú los martes, miércoles y jueves con las competiciones europeas. El lunes es el primer día de la semana. Y el foco está en trabajar, no en irte a un estadio de fútbol», detalla Gutiérrez.

Aficiones luchadoras

Las protestas durante estos últimos meses han sido numerosas. Desde pancartas muy duras en los estadios hasta huelga de animación durante los primeros 45 minutos, medidas habituales entre los aficionados alemanes, que son bastante famosos por sus reivindicaciones. En 2012, los hinchas del Schalke 04 se quejaron con rotundidas por los precios de las entradas de su duelo europeo en San Mamés: «¿Entrada 90 euros=1 euro por minuto? ¡El fútbol no es sexo telefónico!» rezaba una pancarta en español desplegada en el fondo del Veltins Arena.

Y es que en Alemania la cultura del fútbol no es de sofá y manta, sino de ir al estadio. Un abono para la liga en el famoso fondo del ‘muro amarillo’ del Borussia tiene un coste testimonial, 194 euros. El hincha quiere seguir yendo a ver a su equipo y así lo ha entendido la Bundesliga. Aún hay romanticismo en el fútbol.

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