La lección de liderazgo del Maestro Tabárez en el recuerdo de dos clásicos mágicos en Boca y ante River

Diego Latorre jugó en Boca desde 1987 hasta 1992 y luego entre 1996 y 1998; le hizo varios goles a River Fuente: LA NACION

Le√≠a en estos d√≠as una definici√≥n del recientemente fallecido Michael Robinson -el ex jugador ingl√©s que acab√≥ siendo estrella de la televisi√≥n espa√Īola- sobre la relaci√≥n que establece la hinchada de Liverpool con sus futbolistas. “De alguna manera te someten a un chantaje moral. Cantan mucho y te aman de manera incondicional, sientes que no se les puede fallar”, contaba Robinson. Me parece una semblanza perfecta de lo que sucede en una cancha: ante el marco, el jugador se ve obligado a devolver la emoci√≥n que le llega desde afuera.

El p√ļblico es un factor determinante en el compromiso que asume el futbolista, pero por supuesto no el √ļnico. La relaci√≥n que se establezca con el entrenador tambi√©n est√° entre las m√°s destacadas.

En un plantel profesional existen jerarquías bien marcadas que llegan por imposición. El técnico está ahí, tomando decisiones, independientemente de su categoría. De hecho, los buenos grupos tienen su propia mística y los entrenadores no siempre forman parte de ella. Son sus actitudes cotidianas las que logran que sea respetado, admirado, incluso querido. Cuando se llega a ese punto todo fluye, el jugador incorpora a ese entrenador como parte de sí mismo y se siente comprometido para entregar un plus.

Un ejemplo que tuve en ese sentido en mi carrera, y que me dej√≥ marcado, fue con el Maestro Tab√°rez en 1991. Ocurri√≥ en el transcurso de un mes en dos cl√°sicos Boca-River. El primero fue una noche muy m√°gica por la Copa Libertadores. Nos hab√≠amos ido al entretiempo con un 3-1 en contra. El Maestro llevaba poco tiempo con nosotros y est√°bamos en plena etapa de reconocimiento. Sab√≠amos que era muy estricto pero no cu√°l pod√≠a ser su reacci√≥n en esas circunstancias. Pens√°bamos en una especie de castigo o serm√≥n. No fue as√≠. Con mucha serenidad pero con energ√≠a, con la temperatura justa y el tacto exacto para tocar la sensibilidad, el Maestro nos dio una charla muy alentadora, nos invit√≥ a partir de cero, a empezar otro partido. No apareci√≥ el padre que castiga sino el padre que entiende que estas cosas pueden pasar, que en el f√ļtbol hay situaciones que aparecen y hay que saber dominar.

La suya fue una clase magistral de c√≥mo mirar hacia adelante, de gesti√≥n, de liderazgo. Yo ten√≠a 21 a√Īos y esa noche empec√© a entender que en un partido hab√≠a algo mucho m√°s que el mero resultado y que ser entrenador es mucho m√°s que dar unas directivas t√°cticas y hacer dibujitos en un pizarr√≥n.

En el segundo cl√°sico me ocurri√≥ algo novedoso. A los 8 minutos me dieron una patada, la t√≠pica “paral√≠tica”, y qued√© muy limitado. Nunca antes me hab√≠a sucedido. Intent√© continuar y logr√© llegar al final del primer tiempo. En el vestuario, Tab√°rez me pregunt√≥ si puedo seguir. Le contest√© que quer√≠a probar. Pas√© m√°s de 20 minutos casi sin tocar la pelota ni participar del juego, pero el Maestro no me quit√≥. Hasta que Antonio Apud me da un pase, me perfilo, giro y saco un derechazo impensable desde unos 30 metros que se clava en un √°ngulo. Un remate de una potencia que yo no ten√≠a, que no repet√≠ en toda mi carrera y que hice con la pierna lesionada, sacando fuerzas no s√© de d√≥nde. Lo que sigui√≥ al gol fue a√ļn m√°s extra√Īo: la sensaci√≥n de dolor desapareci√≥.

Uno de los grandes secretos de ser futbolista es la resistencia mental a los imponderables. Pero que nadie se confunda, no hay ning√ļn superhombre. Esa fuerza no se da de un d√≠a para el otro sino que se va construyendo desde chico, a medida de que se van pasando pruebas. Al d√≠a siguiente los compa√Īeros me pidieron que reprodujera el remate del gol. El muslo me dol√≠a pero no hab√≠a marca, ni presi√≥n, ni nada. Pate√© tres pelotas, ninguna lleg√≥ por aire hasta el arco. Entonces aprend√≠ que las respuestas f√≠sicas est√°n muy ligadas a las psicol√≥gicas y que siempre se puede dar un poco m√°s.

Es dif√≠cil establecer cu√°nto incidi√≥ la charla del Maestro en la noche del 4-3 en mi respuesta la tarde del 1-0. Y por otro lado, estas historias no siempre terminan con un 4-3 a favor, tambi√©n existen cuando se pierde. Hay entrenadores con los mismos atributos de Tab√°rez y planteles compenetrados con sus t√©cnicos que se van al descenso, porque tambi√©n est√° el juego y este tiene su l√≥gica. Pero vale la pena el recuerdo para entender un poco m√°s esta maravilla que es el f√ļtbol.

ADEM√ĀS

Lee m√°s: lanacion.com.ar


Comparte con sus amigos!