La inversión en ayuda social que se paga por sí misma

Crédito: NYT

Un informe de economistas de Harvard concluye que los planes estatales para niños logran un buen retorno de dólares para el Estado

NUEVA YORK.- Estados Unidos gasta millones de dólares cada año en una red de contención social para personas de todas las edades. Un estudio de dos economistas de la Universidad de Harvard, Nathaniel Hendren y Ben Sprung-Keyser, examina 133 cambios de políticas del país en el último medio siglo, incluyendo la creación de Medicare (servicios de salud para mayores de 65 años y con discapacidad), las expansiones de Medicaid (seguro de salud pública para personas de bajos ingresos), la introducción de estampillas como subsidio para alimentos y decenas de programas estaduales y municipales.

El trabajo identifica qué políticas le hicieron ganar dinero al Estado, generalmente bajo la modalidad de beneficiarios que necesitaron menos ayuda con el paso del tiempo o que se volvieron más productivos y pagan más impuestos.

Una conclusión indica que los adultos usan beneficios que terminan costando sumas adicionales de dinero, aproximadamente sesenta centavos agregados a cada dólar que costó la prestación estatal. Eso, porque se incrementa la tasa de uso de los servicios contemplados en la cobertura.

En el caso de dinero invertido para los servicios de salud y de educación para niños, a menudo el resultado es que se reduce el nivel de dependencia de la ayuda y se elevan los ingresos. Con el tiempo, se recupera el dólar invertido más 47 centavos, aproximadamente.

Hay ganancias que son, por supuesto, en términos de efectividad. Pero si se mira la cuestión puramente fiscal, el estudio concluyó que los planes que apuntan a mejorar la vida de los adultos rara vez cubren el gasto. En realidad, pueden reducir los ingresos de la persona o llevarla a usar más servicios financiados por el Estado.

La inversión en niños de bajos ingresos, sin embargo, a menudo eleva los ingresos públicos con el paso del tiempo y baja la dependencia de las personas.

“Los resultados muestran que existe el potencial de obtener ganancias realmente elevadas cuando uno se centra en los niños”, dijo Hendren, profesor de Economía en Harvard. La investigación es parte de Opportunity Insight, un proyecto no partidista lanzado por Hendren y los economistas Raj Chetty y John Friedman. Las conclusiones pueden ayudar a determinar qué políticas logran tracción.

Los investigadores usaron estudios existentes para evaluar costos y resultados de cambios en las políticas desde 1960. Algunas modificaciones fueron expansiones de medidas para personas de bajos ingresos: vouchers para vivienda, planes de capacitación y fondos públicos para el preescolar. Otros cambios cubrieron a poblaciones de mayores ingresos, como bajas de impuestos y la creación de Medicare.

En el caso de los niños, se concluyó que por cada dólar puesto en salud y educación se recibió, en promedio, al menos un dólar. Eso fue porque mejoró la salud y crecieron las posibilidades de estudiar en el college, fortaleciendo la capacidad de obtener ingresos y de pagar impuestos al trabajar.

La capacitación laboral, la ayuda para estudiar en el college y la rebaja de impuestos -políticas orientadas a adultos- solo permitieron recuperar una parte de lo invertido. Una excepción fueron las rebajas impositivas de 1981, que redujeron la tasa marginal superior del impuesto a las ganancias del 70% al 50%: esa política elevó la recaudación fiscal, porque alentó a los estadounidenses a trabajar más y creció así el monto tributado.

Una conclusión de los investigadores fue que expandir Medicaid dio réditos particularmente buenos. A fines de los 60 se empezó a extender ese seguro, pensado para los pobres, a más embarazadas y niños. Estados como Kentucky, Nueva México y Virginia Occidental pasaron de cubrir una de cada diez mujeres a cubrir una de cada dos en los 90.

El costo inicial fue de US$3473 por madre. El aporte real fue mayor, porque cayó la participación laboral de las mujeres y, por tanto, su contribución fiscal. Por otro lado, en un momento se eliminó la exigencia de dar a luz en establecimientos públicos, lo que ahorró US$868 por madre.

Con el tiempo, las expansiones comenzaron a devolver al Estado su inversión. A medida que esos niños se volvieron adultos, tuvieron tasas más bajas de hospitalización y de problemas de salud crónicos. El ahorro fue, en promedio, de US$530 por niño a lo largo de su vida. La expansión de Medicaid llevó a un aumento de 3,5% en la asistencia al college: eso costó US$371 por niño. A su vez, las mejoras en la salud y los logros educativos llevaron a un alza de 11,6% en los ingresos de esos niños que recibieron la ayuda. Cuando quienes habían sido beneficiarios estaban en sus 30, la inversión estatal se había más que cubierto, con un superávit por niño de US$7014.

“El estudio muestra que los planes estatales que apuntan a niños de bajos ingresos son una inversión inteligente”, dijo Laura Wherry, investigadora de políticas de salud de la Universidad de California en Los Ángeles.

Los investigadores encontraron que hay mucha variación en cuanto a cómo funcionan los planes para niños. El programa Cal Grant, que cubre los costos del college para estudiantes con altas calificaciones de California, cubrió sus costos en el caso de receptores de más bajos ingresos. Sin embargo, planes que repartieron más ampliamente la ayuda para la educación tuvieron un retorno más bajo, porque dieron dinero a gente que de todos modos habría ido a estudiar.

“Puede haber una gran cuestión con el blanco al cual se dirige la ayuda”, evaluó Bruce Sacerdote, profesor de Economía del Dartmouth College. Agregó que el estudio muestra que hay propuestas que agradan a los votantes, pero que no son siempre son la solución más efectiva para personas de bajos ingresos. “Desgraciadamente, creo que los responsables de las políticas tienden a concentrarse en cosas simples que suenan bien y que tienden a ser costosas -concluyó-. ¿Quién lo necesita realmente? Quizás no todos deberían tener un subsidio para cuidado de los niños”.

También es cierto que evaluar los programas sociales solo por los réditos económicos tiene sus limitaciones. Medicare, por ejemplo, fue creado para ofrecer una red de seguridad a los ancianos y enfermos y nunca se buscó que cubra sus costos. Cuesta US$1,23 por cada dólar que se otorga, porque obtener cobertura lleva a quienes la reciben a usar más servicios médicos.

“Hay cosas en las que un dólar marginal puede no obtener una gran ganancia sobre la inversión, pero son cosas extremadamente importantes”, dijo Michael Strain, director de estudios de política económica del Instituto Americano de la Empresa.

Colaboró para la nota Jessica Wang

Traducción de Gabriel Zadunaisky

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