«La ideología de Arana se sustenta en un presunto sentido de pureza y, por lo tanto, en la exclusión»

El Palacio de Miramar de San Sebastián ha congregado esta semana a cerca de 130 profesores procedentes de todo el mundo con el objetivo de debatir y reflexionar sobre los idiomas que comparten espacios geográficos con el español, la segunda lengua más hablada del planeta. Bajo el lema «El español, la interculturalidad y las lenguas en contacto», los intervinientes han ahondado también en el «menosprecio» de los nacionalismos hacia el castellanoparlante y el consecuente «empobrecimiento» literario que esta actitud produce.

«¿Qué tiene el español que tanto resquemor provoca? —se preguntaba la doctora Maruxa Duart, doctora en Geografía e Historia y profesora en la Universidad de Valencia— ¿Qué pretenden quienes ningunean al español?». En este sentido, la investigadora sostuvo que la incautación y la utilización «perversa» de la educación y los medios de comunicación «en aras de exterminar la lengua común» constituyen «una práctica anómala que ejercen determinados grupos de presión política y adláteres sociales subvencionados».

[Lea aquí la intervención completa de la doctora Duart]

Durante su intervención en este congreso internacional organizado por la Asociación Europea de Profesores de Español (AEPE), Duart defendió que la interculturalidad «no debería propiciar la censura ni ser tumba de ninguna lengua o expolio», si bien en ocasiones se ocultan tras ellas «banderas que revuelven entre el fango temidas y brillantes letras». Bajo su punto de vista, esta circunstancia se da en Cataluña y la Comunidad Valenciana pero también en el País Vasco, tierra natal de algunas de las plumas más brillantes de la literatura española, como Miguel de Unamuno o Ramiro de Maeztu.

Las guerras carlistas, continuó la investigadora, no solo «descosieron» a España, sino que la llenaron de «odios y engaño». «Aíslan a Aragón, Cataluña, las Vascongadas y el Maestrazgo valenciano del resto de regiones», apuntó. El propio Sabino Arana, subrayó, «es hijo de un ultraconservador carlista monárquico obsesionado por la instauración de la “Ley Sálica” con la que excluir del trono a las mujeres».

«La ideología de Arana se sustenta en un presunto sentido de pureza y distinción de raza y sangre, por lo tanto, en la exclusión —alegó—. Utiliza y mitifica una arcaica lengua para enardecer a las gentes y hacerles creer que tienen un cuño singular y superior en un credo ególatra que propugna una ultra ideología integrista, la de ser vasco, fabricando una alucinación esperpéntica que desembocó en la formación de grupos de presión que asesinaban, persiguen o coaccionan a aquel que opina de manera contraria».

«Desafortunadamente, en la actualidad el español es arrinconado y menospreciado y causa de empobrecimiento y ausencias librepensadores y literaturas brillantes vascas», continuó Duart, que incidió en que no se debería educar «para excluir u odiar a nadie ni tampoco para avalar chantajes».

Convivencia con el euskera

En el marco del congreso se abordaron temas tan dispares como las dimensiones interculturales del español en países como China, Taiwán, Portugal y Alemania y el legado histórico de la convivencia entre el castellano y el euskera.

Sobre este último punto intervino María Teresa Echenique, catedrática de Lengua Española en la Universidad de Valencia, que explicó que el castellano y el euskera mantuvieron una convivencia «continuada e intensa» en territorio de habla vasca desde los albores románicos.

«La andadura expansiva de la lengua castellana por territorio peninsular hasta convertirse en español en el Siglo de Oro ha dejado muestras representativas de su contacto con la lengua vasca en textos literarios y en personajes históricos de gran significación —destacó—. Ambas encontraron después nuevos espacios de convivencia en el centro y sur de España y, sobre todo, en América».

Maitena Etxebarria, catedrática de Lingüística de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), apuntó que en el mundo son muy numerosos los casos en que conviven lenguas diferentes en áreas geográficas «de muy limitada extensión». «Podemos decir que el contacto de lenguas es pues un hecho cotidiano y universal», sostuvo. En este escenario, manifestó que en el País Vasco el euskera ha estado «tradicionalmente relegado» a situaciones informales, mientras que el castellano «ha sido considerado como lengua de cultura».

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