La huelga cuádruple que hace tambalear los cimientos del independentismo

Profesores, estudiantes, médicos y hasta bomberos. La base social del independentismo se ha plantado esta semana ante el gobierno de Quim Torra organizando una huelga cuádruple que tiene al ejecutivo catalán bloqueado. Funcionarios, jóvenes y los tan elogiados bomberos -«sempre nostres» (siempre nuestros)- que nutrían las manifestaciones tras el referéndum del 1-O impulsan ahora unas reivindicaciones que agrietan el bloque nacionalista y hacen tambalearse la mayoría de gobierno.

Como muestra un botón. El presidente de la Generalitat ha vaciado su agenda para los próximos dos días, tratando de capear el temporal desde su despacho. Fuera, en las calles, los sindicatos exigen medidas concretas como la reducción de las visitas ambulatorias que tiene que atender un médico cada día y un tiempo mínimo de 12 minutos para cada paciente. Los profesores universitarios, por su parte, piden mejorar las condiciones laborales de los docentes asociados mientras que los estudiantes -apoyados e impulsados por los sindicatos juveniles de la CUP– centran sus reivindicaciones en la rebaja de las tasas universitarias.

Tensión creciente

Mañana se sumarán a los paros las escuelas públicas, uno de los puntales en los que el Govern se apoyó para organizar el referéndum ilegal del 1-O. Incluso los «Docentes por la República» se han unido a la convocatoria capitaneada por USTEC, ASPEPC, CGT y hasta el sindicato independentista CSC. Estos exigirán revertir los efectos causado por el «tijeretazo» que impuso el ejecutivo de Artur Mas en 2012 antes de apostar todo su capital político a un proceso independentista que logró acallar las quejas por los recortes.

Las protestas se han ido caldeando progresivamente. En el caso de los médicos, tomaron las sedes del Instituto Catalán de Salud (ICS) y el departamento del ramo a principios de semana. Este miércoles está previsto que rodeen el Parlament. La jornada de protestas en los campus también se augura intensa. Comenzó de madrugada con el desalojo de varios estudiantes encerrados en las facultades Pompeu Fabra y Autònoma de Barcelona y el corte de los accesos en los accesos de la segunda. Inmediatamente, la CUP pidió la dimisión del consejero de Interior, el neoconvergente Miquel Buch, por la actuación de los Mossos d’Esquadra.

«Cuestiones no esenciales»

Los paros han cogido al Ejecutivo catalán en plenas negociaciones de los presupuestos autonómicos. Su aprobación se avecina muy difícil. Más todavía después de las últimas declaraciones del entorno del presidente Carles Puigdemont despreciando los paros. «Nos distraemos con cuestiones que no son las esenciales», afirmó ayer el portavoz de Junts per Catalunya, Eduard Pujol, en RNE. También calificó de «migajas» las reivindicaciones sociales mientras insistía en que la prioridad de los catalanes debía ser el «procés» y la «república».

Estas palabras, surgidas de las entrañas de la formación que pilota el Govern -y a la que pertenece Quim Torra-, fueron aprovechadas con audacia por la oposición para tratar de agrietar el Ejecutivo autonómico. Desde los Comunes, gran esperanza de la Generalitat para aprobar sus presupuestos en el Parlament (una vez confirmada la negativa de la CUP), Susana Segovia exhortó ayer a ERC a hacer valer su compromiso social «como fuerza supuestamente de izquierdas y progresista» para imponer su criterio y responder a las exigencias de la calle. La batalla está servida, tanto en la calle, como en el Parlament y en el seno del propio Govern.

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