La homosexualidad en el sacerdocio, el otro debate soterrado que divide la cumbre

O”Malley, Cupich y Scicluna, ayer, en la conferencia de prensa en el Vaticano Fuente: AP – Crédito: Alessandra Tarantino

Los tradicionalistas afirman que es la raíz de los abusos de menores, aunque las investigaciones demuestran que no existe correlación

CIUDAD DEL VATICANO.- Esta semana, un sitio web católico ultraconservador publicó un comentario que decía que los sacerdotes homosexuales tenían que abandonar el sacerdocio “de manera permanente”. Dos cardenales tradicionalistas escribieron una carta abierta en la que denunciaron la “agenda homosexual” que según ellos se estaba esparciendo en la Iglesia . Y ya está listo para salir un libro que supuestamente correrá el velo sobre la doble vida de muchos dentro del Vaticano .

El predominio en la Iglesia de sacerdotes gays, en su mayoría tapados, ha sido calificado en los últimos tiempos de todas las maneras posibles, ya sea como “obra del demonio” o como algo que la Iglesia debería aprender a aceptar.

Pero lo único en claro, según figuras eclesiásticas de Roma y otros lugares, es que durante la histórica cumbre sobre abusos sexuales inaugurada por el Papa el debate sobre los curas homosexuales se convirtió en un tema soterrado que recorre las charlas del encuentro.

“Los sacerdotes gays están en la mira”, dijo el padre James Martin, un jesuita estadounidense que viene bregando para que la Iglesia reciba a los miembros de las comunidades LGBT con mayor compasión.

Esa discusión deja al descubierto los desafíos que enfrenta la Iglesia en el momento en el que encara el intento más directo en su historia para enfrentar el problema del abuso sexual. Aunque según las investigaciones más ampliamente aceptadas no existe correlación alguna entre opción sexual y abuso, ambos temas se han entremezclado en el campo de batalla ideológico de la Iglesia.

“Con su silencio cómplice, la Iglesia parece haber aceptado la trivialización de la homosexualidad”, dijo esta semana en una conferencia de prensa el presidente de una agrupación de católicos franceses, Jean-Pierre Maugendre.

Francisco -y sus aliados que organizaron la cumbre de obispos- tienden a decir que el abuso es producto del “clericalismo”, o sea del abuso de poder de quienes se creen en un pedestal. Pero algunos prelados tradicionalistas del Vaticano sostienen que el Papa corre el riesgo de que su cumbre pierda credibilidad y aseguran que el problema central son los sacerdotes homosexuales que rompen el celibato y actúan en función de su atracción por otros adultos o por adolescentes varones.

“¡Recurrimos a ustedes con profunda preocupación!”, arranca la carta abierta a los participantes de la cumbre publicada esta semana por el cardenal norteamericano Raymond Burke y el alemán Walter Brandmüller, dos de los críticos de más alto perfil del Papa. “Culpan de los abusos sexuales al clericalismo”, escribieron, apuntándole directamente a Francisco sin nombrarlo. “Pero la primera y principal falta del clero no radica en el abuso de poder, sino en haberse apartado de la verdad del Evangelio”.

Las figuras de la Iglesia que consideran el abuso desde el prisma de la homosexualidad tienen un abanderado: el exembajador vaticano Carlo Maria Viganò. El año pasado, Viganò escribió una furibunda carta en la que describió “las redes homosexuales” en la Iglesia y el extendido encubrimiento de los comportamientos del excardenal Theodore McCarrick. El sábado, McCarrick fue expulsado del sacerdocio.

Los tradicionalistas a veces se apoyan en un estudio multianual del Colegio John Jay de Justicia Criminal, que constató que en más de tres de cada cuatro casos de abusos de menores por parte de sacerdotes en Estados Unidos se constataron “actos del mismo sexo”, mayormente con víctimas de más de 11 años. Pero los investigadores también recalcaron que esos datos no muestran que los gays sean más o menos proclives a abusar de menores que los heterosexuales.

“Cualquiera que intente argumentar que la homosexualidad es la raíz de los abusos lo hace en contra de toda la evidencia disponible”, dijo en una entrevista el cardenal de Chicago Blase Cupich, estrecho aliado del papa Francisco. Esta semana, en una conferencia de prensa en el Vaticano, Cupich puso foco en Estados Unidos y señaló que allí los datos exhiben una caída de los casos de abuso, y no porque se haya reprimido la homosexualidad entre el clero norteamericano, sino porque la capacitación de los seminaristas es mejor, porque la Iglesia tiene lineamientos más estrictos y claros y por la cooperación con la Justicia.

Recientemente, se han conocido numerosas descripciones de esa vida sacerdotal que se desarrolla en las sombras. Un artículo publicado en enero por Andrew Sullivan en la revista New York Magazine estimaba que entre el 30% y el 40% de los párrocos de Estados Unidos eran gays, lo que implicaría una profunda contradicción con las enseñanzas oficiales de la Iglesia. Sullivan describió la vida de esos hombres dentro del placard y lanza la hipótesis de que la proliferación de la homosexualidad entre los curas alimentó sin quererlo un “venenoso” código de silencio: los curas gays que cometían deslices y tenían relaciones consensuadas eran vulnerables, y por lo tanto guardaban silencio cuando se enteraban de casos de abusos.

“Los traspiés mundanos -como un breve amorío- pueden quedar mezclados en la misma bolsa con males muy profundos, como el abuso infantil”, dice Sullivan. “Si un cura expone a un abusador frente a sus superiores, por ejemplo, también puede exponer su propia homosexualidad y destruir su carrera”.

En una aproximación muy diferente a la cultura gay en la Iglesia, Sodoma explora la supuesta hipocresía que reina intramuros en la ciudad-Estado y describe una institución que es casta y muchas veces antigay hacia afuera, pero que hacia adentro es todo lo contrario. El autor del libro, el periodista francés Frédéric Martel, dice haber entrevistado a casi 1500 personas -y 41 cardenales-, pero las primeras críticas del libro señalan que se basa mayormente en suposiciones y estereotipos.

En su libro, Martel escribe que cuanto más abiertamente antigay sea una figura del Vaticano más probable es que “esconda” algo, y le dedica un largo fragmento a Burke, al decir que su baño parece “un spa de lujo” y que su atuendo se asemeja al los de una “novia vikinga”.

Martin, el jesuita, leyó una copia del libro y dijo que no contribuirá en nada a que los sacerdotes gays sean más aceptados. “Nada se dice en el libro de los sacerdotes gays de fe verdadera”, dice Martin. “Algo que podría hacer el Vaticano es admitir que existen sacerdotes buenos y sanos que son homosexuales. Bastaría con una sola palabra de las autoridades vaticanas y sería un avance enorme”.

The Washington Post

Traducción de Jaime Arrambide

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