La gestión de los teatros en el siglo XXI

El palacio de la Alhóndiga de Zamora acoge durante este fin de semana un encuentro, organizado por la Asociación de Directores de Escena de España y el Teatro Principal del Ayuntamiento de Zamora, sobre la gestión de los teatros de titularidad pública. Durante tres días, un panel de expertos repasa el pasado y presente, y reflexiona sobre el futuro en el Encuentro Gestión Propia y Externalización en los Teatros de Propiedad Pública.

Entre esos directores de escena, gestores de teatros de titularidad pública o personas relacionadas con las artes escénicas, se encuentran, entre otros, César Oliva (catedrático, director de escena y exdirector del teatro del teatro Circo de Murcia), Guillermo Heras (director de la Muestra de Teatro Español de Autores Contemporáneos y director de escena), Juan Antonio Hormigón (secretario general de la Asociación de Directores). A estos nombres se suman una veintena larga más que a través de ponencias, comunicaciones y debates exponen sus puntos de vista sobre los modelos de gestión en el siglo XXI, para que estos recintos dinamicen culturalmente a los ciudadanos, cumplan con su objetivo inherente a la titularidad pública y sean plataformas para una estabilización y mejora de la profesión teatral.

En 1982 con el primer gobierno del partido socialista, el Ministerio de Obras Públicas decidió rehabilitar teatros, construidos en el siglo XIX o comienzos del XX, dentro de una actuación de recuperación del patrimonio. El estado de muchos de los teatros dispersos por la geografía española era lamentable: unos abandonados y amenazando ruina; otros en mal estado y utilizados como cines y esporádicamente para representaciones escénicas, muchas veces en coincidencia con las fiestas patronales.

En la primera fase del plan se rehabilitaron 50 teatros en toda la geografía española bajo un mismo modelo económico: la mayor cuantía del presupuesto la cubría el antiguo MOPU, las administraciones autonómicas o municipales debían aportar una importante cantidad económica, al que a veces contribuían las extintas cajas de ahorro, y el Ministerio de Cultura sufragaba la dotación escenotécnica.

En los últimos años dos sombras se ciernen sobre los escenarios: presupuestos a la baja y la cesión a la gestión privada

Como requisito indispensable para ser incluido en el plan del MOPU se exigían tres requisitos: un edificio arquitectónicamente de interés, titularidad pública que exigía la compra del inmueble si era de propiedad privada, y una programación de dicho recinto, de la que salía garante el titular (ayuntamiento o diputación). Esta última exigencia requería el nombramiento de un director o gerente para organizar la cartelera de la temporada.

Con la primera fase de este programa se rehabilitaron y reinauguraron en Castilla y León, ocho teatros: Latorre en Toro, Principal en Zamora, Juan Bravo en Segovia, Principal en Rioseco, Calderón en Peñaranda de Bracamonte, Reina Sofía en Benavente, Nuevo en Ciudad Rodrigo y Principal en Palencia. En años posteriores se acometería la recuperación de otros recintos, los últimos el Zorrilla en Valladolid y el Ramos Carrión en Zamora, y la construcción de teatros de nueva planta. En la actualidad el número de teatros censados en la Red de Teatro y Auditorios es de 1.037 en el territorio nacional, 37 en capitales y otros municipios de esta Comunidad (siete en Burgos, Salamanca y Valladolid, cuatro en León y Palencia, tres en Ávila y Zamora, y uno en Segovia y Soria). A estos teatros de la región hay que sumar las escenas de los Centros de Cultura de muchos pueblos, algunos adscritos a redes provinciales de teatro, dependientes de las diputaciones.

Algunos aspectos positivos de la rehabilitación de teatros son la garantía de una programación escénica de calidad durante toda la temporada, con espectáculos variados y con precios asequibles; la recuperación y creación de públicos; la formación de circuitos y redes de exhibición, que ha incrementado sensiblemente el número de espectáculos de las compañías, ya no constreñidas a las programaciones de Madrid y Barcelona. Así, la titularidad pública, cuyo objetivo no es la rentabilidad económica sino social, ha contribuido a la mejora cultural. Sin embargo, en los últimos años dos sombras se ciernen sobre los teatros: la bajada de aportación presupuestaria, en un momento en que los teatros necesitan reparaciones o mejoras; y la cesión a la gestión privada de teatros de titularidad pública, donde priman más intereses comerciales que culturales.

En el debe de la rehabilitación de teatros: ha primado más la exhibición que la creación de modelos y estructuras para vehicular la estabilidad de compañías, actores, directores y otros componentes de equipos artísticos, ligados a esos teatros; la creación de modelos mixtos para la programación entre artistas residentes y compañías foráneas; la práctica inexistencia de directores artísticos, emergiendo más la figura del gestor; y derivado de este último punto la incoherencia o eclecticismo en la programación y la carencia de definición artística del hecho escénico, la acuñación de un sello propio, como ocurre en Europa. Estos son los temas de debate del encuentro, del que saldrán propuestas.

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