La fractura de las primarias impide la paz entre las dos almas de En Marea

El resultado de las primarias de En Marea no ha servido para traer algo de paz al partido. Todo lo contrario. La victoria de Luís Villares con casi el 60% de los votos sobre el candidato del sector crítico, David Bruzos, dejó a relucir que la distancia que separa a los oficialistas del grupo compuesto por Podemos, Anova, Esquerda Unida y los alcaldes rupturistas es abismal. Y quizá insalvable.

El primero en sugerir una alternativa ha sido el regidor de Santiago y líder de Compostela Aberta, MartiñoNoriega. Sus palabras de reconocimiento al teniente de alcalde de Barcelona, Gerardo Pisarello, sobre la configuración de una candidatura integrada por ayuntamientos «del cambio» en las elecciones europeas fueron interpretadas por muchos como una señal. «El espacio que habite el hermano Pisarello siempre será un espacio mejor (y allí estaremos nosotros representados de una forma digna)», escribió en las redes sociales, minutos después de que trascendiera la victoria de Villares en las urnas. Noriega, cabe recordar, fue el artífice de la autodenominada Mesa da Confluencia: un foro promovido el pasado verano para relanzar el proyecto de la confluencia, forzar primarias y hacerse, junto con el resto de partidos, con el control del proyecto.

De momento, el sector crítico se ha sumido en una «reflexión» que previsiblemente mantendrán en los próximos días, al menos mientras no recaban pruebas sobre si hubo o no «pucherazo» en las primarias. Fuentes de este sector consultadas por este diario avanzan que, en paralelo a la auditoría encargada por la propia EnMarea, un «perito informático externo» está elaborando un informe propio, que será entregado a finales de semana. Principalmente, su misión será la de investigar si a lo largo de todo el proceso de votaciones se detectó alguna anomalía o«fraude» que pudiera desacreditar el triunfo de los oficialistas.

«Entre todas», la candidatura de Bruzos, denunció nada más conocerse el resultado que los interventores de su lista no fueron avisados para participar en el recuento, y que, por lo tanto, la votación manifiesta «indicios claros de falta de imparcialidad».

Llamadas al diálogo

El runrún interno sobre los pasos que vayan a adoptar Podemos, EU, Anova y las mareas a partir de ahora forzaron a Villares a recordar, el pasado lunes en la Radio Galega, que toda «reflexión» debe hacerse «teniendo en cuenta los resultados» de las primarias. Es decir, su victoria. «Habló quien más ordena, que son los inscritos. Toda reflexión debe quedar subordinada a su decisión», dijo.

Para el magistrado en excedencia —que controlará 21 de 35 asientos en la ejecutiva y la totalidad de la comisión de garantías—, no existe ningún tipo de dudas sobre la limpieza del proceso. Al igual que hicieran Daniel Conde y Manuel Fernández, los miembros del comité electoral encargados de proclamar los resultados, el líder de En Marea subrayó que la votación contó «con mucha más garantías» que la anterior, suspendida a comienzos de mes después de que el partido denunciara una intromisión «irregular» en el censo por parte de tres personas ligadas a EU.

De ahí su llamada al diálogo. El rupturista hizo hincapié en que lo prioritario ahora es acabar «cuanto antes»con la convulsión interna y que ha llegado el momento de poner toda la carne en el asador para la cita de las municipales de mayo. En ellas, además de estar en juego un segundo mandato de Noriega, XulioFerreiro y Jorge Suárez en Santiago, La Coruña yFerrol, En Marea se juega también su cartel como alternativa viable al Partido Popular.

El asalto fallido de Podemos

Otra de las interpretaciones de las primarias tiene que ver con el papel adoptado por Podemos, y su giro estratégico en las relaciones con En Marea desde la llegada a la secretaría general de Antón Gómez-Reino, un político cercano a Pablo Iglesias y conocido por tener una interlocución más fluida con los alcaldes de cambio. Al poco de acceder al cargo, el diputado en el Congreso se propuso poner un punto y aparte en el legado de su predecesora, Carmen Santos —más reacia a participar en la confluencia—, y activó una campaña de movilización de sus bases para tomar el control del partido.

Los resultados arrojan un fiasco, aún teniendo en cuenta que, por el escándalo de la primera suspensión, la formación morada dejó en el aire su participación en las primarias hasta el último día. Esas dudas no han hecho sino incrementarse en las últimas horas, al alimentar una percepción bastante extendida entre los críticos de que Villares trata de apropiarse a toda costa de la marca En Marea.

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