La fascinante «Vía Mística» de Bill Viola en Cuenca

El neoyorkino Bill Viola es el artista más prestigioso representativo e importante del mundo en la técnica del videoarte, de la que es el verdadero pionero. Ha creado instalaciones, vídeos, películas, entornos sonoros, proyecciones de vídeo sobre paneles planos y obras para conciertos, óperas y espacios sagrados durante más de cuarenta años. Sus obras tienen ciencia y conciencia, forma de excelsa estética y fondo que roza lo inefable, preciosismo y emociones, innovación formal y concepto atemporal, lo inmanente de temas e iconografía se combina con lo efímero del medio videográfico. Viola es un genio con razón, imaginación y saber.

Cuenca sintetiza en sí misma la mística de la naturaleza y la espiritualidad de sus tradiciones encarnadas en la Semana Santa. La naturaleza cambia en su color y su forma de segundo en segundo, de estación en estación, la espiritualidad es permanente. La ciudad histórica, con calles estrechas, plazas, miradores y edificios medievales imponentes, que desafían la gravedad desde hace más de quinientos años, encaramados en las hoces rocosas que dominan las gargantas por donde fluyen los ríos Júcar y Huécar, es el marco preciso y precioso que comparte espíritu, formas y protagonismo con la admirable obra de Bill Viola.

El videoarte es nuevo lenguaje artístico con explícita vinculación a las artes visuales y las vanguardias, por su afán innovador, de ruptura y experimentación. Comenzó a desarrollarse como movimiento en la década de los 60 del siglo pasado. Su fin consiste en crear obras mediante sonidos e imágenes en movimiento. Lo propio del videoarte, más que contar una historia que sucede en el tiempo, trata de transmitir conceptos o generar sensaciones, expresar estados de ánimo, pasiones, sueños, emociones y sentimientos que provocan al espectador. La expresión artística del videoarte representa un universo estético cercano a la pintura y a la fotografía pero con lazos que lo unen al cine.

En sus obras en vídeo, Viola emplea con maestría sofisticadas tecnologías audiovisuales, a la vez que explora la espiritualidad y la percepción en la experiencia humana, centrándose en temas universales, como el nacimiento, la muerte o el despertar de la conciencia. De la perfección social, Viola pasó a la idea de la autoperfección cuando descubre los principios básicos de la religiosidad oriental (budismo, pensamiento zen, sufismo,…) y de los místicos cristianos (es un apasionado lector de San Juan de la Cruz). Desde entonces lleva a sus obras la representación de esa búsqueda de una espiritualidad transversal universal, que se sustenta, más que en la creencia, en una gran consistencia intelectual. El artista, que no se manifiesta adepto a religión alguna, en cambio ha elevado la espiritualidad y el misticismo en el arte a muy altas cotas. Aunque sus obras se nutren de la herencia pictórica religiosa renacentista y en general de la historia del arte occidental, la espiritualidad de sus obras las vincula a la creencia y sentimiento colectivo que todos vivimos en un momento u otro de nuestras vidas, sobre la existencia de una presencia más allá de nosotros mismos y de nuestra necesidad de expandirnos hacia el mundo, fuera de nosotros. Lo que Bill Viola pretende captar es aquello que es mayor que nosotros y que, según el videoartista, es la fuente de la creatividad humana.

No es baladí que la exposición de Cuenca se titule «Bill Viola. Vía mística», que no tiene connotaciones teológicas, aunque sí referencias espirituales y religiosas y el término vía supone también lo que será un peregrinar por la ciudad de sede en sede siguiendo el itinerario en el que se van a ir encontrando las obras.

La exposición está conformada por un conjunto de obras que se distribuyen en cuatro espacios diferentes del casco antiguo de Cuenca, edificios históricos convertidos en sedes expositivas para albergar las distintas instalaciones. Estos lugares son: el Museo de Arte Abstracto Español en las Casas Colgadas, la Escuela de Arte «José María Cruz Novillo» (antiguo Convento de las Angélicas), la iglesia de San Miguel y la de San Andrés. Si la ruta se hace siguiendo ese orden resultará un itinerario lógico y sin esfuerzo desde una sede a otra, que además permitirá al visitante descubrir distintos rincones poco frecuentados de la ciudad antigua de Cuenca. Sin embargo, este itinerario es aleatorio, pues la distribución de las piezas no obedece a un argumento o «guión» temático; cada obra es un mundo en sí misma y se recomienda la contemplación de cada una de ellas como una experiencia individual. Será cada visitante quien vaya encontrando la conexión, la complementariedad o el contraste entre unas obras y otras.

Las creaciones seleccionadas para esta exposición están en pleno diálogo con la distintiva espiritualidad de la ciudad de Cuenca; no en vano el autor ha seleccionado de entre el conjunto de su oba, aquellas que responden más a un concepto de espiritualidad o que están intencionadamente inspiradas en la iconografía religiosa, configurando así su personalísima vía mística, en homenaje al binomio tradición/modernidad tan representativo de la ciudad. El tema espiritual y las referencias explícitas a la iconografía cristiana están naturalmente relacionados con los grandes ejes conceptuales sobres los que gira la obra de Viola, temas considerados universales: nacimiento, muerte, amor, dolor y redención. Su preocupación por la trasmisión de emociones por medio de las expresiones faciales (sorpresa, miedo, dolor) y posturas corporales, gestos y movimientos son verdaderamente geniales, así como las instalaciones en cámara lenta y ultra definición.

Bill Viola. Madison, 2013. Cortesía Bill Viola Studio.©Bill Viola, 2018. Fotografía: Kira Perov.

El conjunto de la muestra que podemos contemplar y que se recomienda hacerlo con detenimiento y reflexión son las siguientes:

«The reflecting pool» -El estanque reflectante- (1977-1979). Cinta de vídeo en color, sonido monoaural, en la que se combinan cinco cortometrajes cuyo motivo común es la transición del día a la noche, del movimiento al descanso, del momento a la atemporalidad. Estudia reflejos y penumbras, haciendo zoom lentamente para canalizar varias versiones de la cercanía, explorando casi de manera didáctica los fenómenos ópticos e integrando líneas de tiempo dispares en un reportaje fragmentario.

«The greeting» -El saludo- (1995). Instalación de vídeo y sonido. Obra inspirada en la pintura manierista de Pontormo «La Visitación» (1528–29), en la que tres mujeres se saludan y las acciones de las figuras se desarrollan a cámara extremadamente lenta, pudiéndose apreciar los aspectos más sutiles de una escena con una duración original de 45 segundos que en la instalación se despliega como una elaborada coreografía a lo largo de diez minutos.

«The Messenger» -El mensajero- (1996). Instalación de vídeo y sonido. La obra nos muestra un hombre desnudo que emerge y se sumerge lentamente en el agua, mientras respira profundamente, en una bella metáfora de lo inefable del tránsito entre la vida y la muerte. La intensa oscuridad y el silencio, tan solo interrumpido por los sonidos del agua y la respiración, llenan el espacio y proporcionan una atmósfera de inmersión sensorial que invita a la meditación y a entrar en la obra, a sentirnos en la piel del ser desnudo, a la vez que nos remite a todo el simbolismo religioso del elemento agua. Es una pieza magnífica que hipnotiza, ante la que podemos sentir estados contradictorios tanto de paz como de angustia. Es un golpe a nuestra esencia, una mirada hacia el interior a la vez que un placer para los sentidos y la contemplación estética.

«The quintet of the silent» -El quinteto de los silenciosos- (2000). Vídeo en color sobre pantalla plana montada en la pared. Composición inspirada «El Escarnio», un cuadro del Bosco. Son cinco los personajes que nos muestran sus pasiones, relacionados entre sí, pero aislados a su vez en sus propios sentimientos. Los cinco rostros van pasando por lo que Viola llama «arcos de intensidad», sufriendo diferentes intervalos de fuerza en la emoción

«Un spoken» -No dicho- (2001). Videoproyección de un díptico en blanco y negro sobre dos paneles, uno dorado y el otro plateado.

«Four hands» -Cuatro manos- (2001). Políptico de vídeo en blanco y negro en cuatro pantallas planas de cristal líquido montadas en un estante. Las manos de tres generaciones se ven en este trabajo: las de un muchacho joven y las de su padre, su madre y su abuela.

«Emergence» –Surgimiento- (2002). Retroproyección de alta definición en color sobre una pantalla montada en la pared en una sala oscura. El video muestra a dos mujeres sentadas a ambos lados de un gran sepulcro de mármol, cada una absorta en su propio dolor. Luego, para su sorpresa, un hombre comienza a levantarse, pálido y desnudo, desencadenando una cascada de agua. Él se para en toda su altura, luego se tambalea y cae; las mujeres lo recogen y le ayudan a tocar suavemente el suelo. Luego, lo cubren con una sudario, la una vencida por el llanto y el dolor, la otra abrazada tiernamente al cuerpo.

«Observance» –Observancia- (2002). Vídeo de alta definición en color sobre pantalla plana montada verticalmente en una pared. Inspirada en «Los cuatro apóstoles», de Alberto Durero, la obra es una evocación espiritual del dolor compartido.

«Tristan’s ascensión. The sound of a mountain under a waterfall» -La ascensión de Tristán. El sonido de una montaña bajo una cascada- (2005). Instalación de vídeo de alta definición en color y cuatro canales de sonido con altavoz de graves. Representa la ascensión del alma después de la muerte. Tristán despierta y es atraído hacia una cascada cuya agua sube en lugar de caer.

«Fire Woman» –Mujer de fuego- (2005). La instalación, video y sonido, es una visión en la memoria de un hombre que agoniza.

«Sharon» y «Madison» -Sharon y Madison- (2013). Dos obras en vídeo de alta definición en color en pantalla plana con sonido estereofónico. Dos mujeres, una adulta de raza negra, Sharon y otra, una niña, Madison, sumergidas en el agua, elemento recurrente en el trabajo de Viola, entendido como metáfora del renacer. Los vídeos están acompañados por el suave sonido del agua, que lleva a los espectadores a sentirse sumergidos con esas figuras.

«Marthyres series» -La serie de los mártires- (2014). «Air Martyr» (Mártir del aire); «Earth Martyr» (Mártir de la tierra); «Fire Martyr» (Mártir del fuego); «Water Martyr» (Mártir del agua), son cuatro piezas que componen un todo. Vídeo de alta definición en color en pantalla de plasma montada. Esta es la primera pieza de videoarte que se expone de manera permanente en un espacio religioso con culto, la catedral de San Pablo en Londres.

Cuenca, con esta exposición, promovida y financiada con un millón de euros por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, comisariada por Kira Perov, Carmen Olivié y Carla Luelmo y organizada por la Fundación Impulsa y EULEN Art, se ha convertido, una vez más en esta legislatura, en la capital cultural de la Región. Con «Bill Viola. Vía mística», Cuenca se puede parangonar con las exposiciones de este creador que tuvieron lugar el Palazzo Strozzi de Florencia (2017), en el Museo Picasso de Málaga (2010), en el Museo Guggenheim de Bilbao (2004, 2017), en el Grand Palais de París (2014), en la Tate Modern de Londres (2014), en la Basílica de San Marcos de Venecia (2008) o en la Catedral de Berna (2014), por citar solo algunas entre las muchas muestras que ha llevado a cabo el autor.

Aprovechemos una ocasión única, visitemos Cuenca, la ciudad nos encantará y la exposición «Bill Viola. Vía mística» nos asombrará y nos causará fascinación. Hasta el 24 de febrero es posible. Vayamos sin prejuicios, a encontrar más que a buscar. Si acaso, podemos tener en cuenta algo que comentó Bill Viola en cierta ocasión: «He llegado a comprender que el lugar más importante en el que mi obra existe no es el espacio museístico, ni la sala de proyección, ni a televisión, y ni siquiera la misma pantalla de vídeo, sino la mente del espectador que la ha contemplado».

ANTONIO ILLÁN ILLÁNANTONIO ILLÁN ILLÁN

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