La falta de «protocolos claros» expone a cuatro ertzainas a una superbacteria

Sindicatos de la Ertzaintza tildan de «estrambótica» la situación acontecida el pasado martes en el hospital Txagorritxu de Vitoria, donde, a consecuencia de la falta de un «protocolo claro de actuación» frente a casos de interacción con personas con enfermedades contagiosas, cuatro agentes de la Policía autonómica terminaron en una mutua para comprobar si eran portadores de una contagiosa bacteria.

Desde el Departamento autonómico de Seguridad confirmaron ayer la apertura del protocolo de actuación para este tipo de casos, si bien no ofrecieron más información. Consultado al respecto, el sindicato Si.P.E informó de que, el martes, agentes de la Policía autonómica acudieron a la cárcel de Zaballa, en Álava, para trasladar hasta Txagorritxu a un recluso del que se sospechaba que podría haberse introducido droga en un «vis a vis».

El preso era portador de la bacteria «Sarm», detalle que no se les avisó a los agentes en la prisión, defiende el secretario de organización de Si.P.E, Juan Carlos Sáenz. Dicho microorganismo, conocido como «Staphylococcus Aureus resistente a meticilina», puede transmitirse «con facilidad» y es considerado «un problema de salud pública por su carácter pandémico», advierte el Departamento vasco de Salud (Osakidetza) en su guía de actuación.

«Petrificados»

«Plantea un problema sociosanitario creciente, ya que incide, fundamentalmente, en una población frágil de edad cada vez más avanzada con pluripatologías crónicas y/o terminales», añade. El principal medio de transmisión es el contacto directo entre personas, con frecuencia a través de las manos de los profesionales que prestan cuidados sanitarios.

«Petrificados» se quedaron los agentes, denuncia Sáenz, cuando vieron a los sanitarios ataviados con máscaras y guantes para interactuar con el preso tras comprobar que, efectivamente, estaba infectado. «Pese a que estaban ya en el hospital», les recomendaron que acudieran a una mutua para comprobar si presentaban algún indicio de infección.

Parece que todo quedó en un susto: no se ha producido un brote, y los ertzainas se encuentran bien. Sin embargo, los cuatro serán controlados durante los próximos días para detectar cualquier síntoma relacionado con la bacteria. Entre otros, la aparición de protuberancias semejantes a picaduras de arañas, que pueden venir acompañadas de fiebre.

Alcohol en las llaves

Según el sindicato, desde la línea administrativa recomendaron a los ertzainas seguir una serie de pautas, entre ellas la de rociar con alcohol la llave del vehículo policial en el que habían trasladado al reo y depositarla «dentro de un sobre». «No sé qué tiene que ver la llave en esto —ironiza Sáenz—. No les llevaron a echar lejía al coche de milagro». El Correo apunta además que el cuerpo autonómico se ha deshecho también de los uniformes.

El problema viene de lejos, denuncia la central Si.P.E. Porque «se llevan pidiendo desde hace más de un año protocolos claros de actuación» para los casos en los que los agentes se vean obligados a interactuar directamente con personas, ya sean presos o no, que puedan portar algún tipo de enfermedad contagiosa. A día de hoy, afirma, no ha habido respuesta: «Las comisarías tienen que conocer la forma de actuar, es prevención de riesgo laboral —denuncia—. Solo se acuerdan de los ertzainas a toro pasado».

Las centrales de la Policía autonómica denuncian la poca información de la que disponen los profesionales para hacer frente a este tipo de situaciones. En una instrucción de 2015 a la que ha tenido acceso ABC se incluyen algunas recomendaciones a la hora de evitar la transmisión de enfermedades, aunque, para el caso de infección por contacto, dicho documento se limita a exigir el uso «correcto» de guantes y a lavarse las manos tras la operación.

Medidas insuficientes, consideran, que en el pasado ya provocó algún susto. Hace aproximadamente un año, en el marco de un operativo, la Ertzaintza accedió a dos pisos en Vizcaya en cuyo interior había sarna. «Los agentes fueron a pedir instrucciones a la administración y vieron que no había ningún protocolo en relación a la sarna», denuncia Sáenz.

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