La estrella de Michel Barnier se desvanece

Pasado el periodo de tensiones de la recta final de la negociación sobre la retirada del reino Unido, la figura del negociador europeo, el francés Michel Barnier, va siendo contemplada con matices. Inicialmente considerado como una gestión impecable, la crisis de última hora sobre Gibraltar ha servido para desvelar otros puntos negros de su gestión que a decir de muchos expertos en política comunitaria, podrían pesar a la hora de definir su futuro en Bruselas. Francia, Holanda y Dinamarca tampoco están contentos con el resultado final, por lo que respecta a la pesca en las aguas del Mar del Norte, y ello podría comprometer su idea de ser nombrado en la próxima comisión como vicepresidente y Alto Representante para la política exterior.

En todo caso, para la diplomacia española, él aparece como el responsable de haber permitido la maniobra de los británicos con el artículo 184. Aunque el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, intentó exculparle a última hora diciendo que «los que no son españoles no pueden tener la sensibilidad necesaria para un asunto tan importante», era imposible que el negociador europeo no estuviera al corriente de esos detalles. También le reprochan que se negase a exigir a Londres que incluyese en el texto del Tratado de Retirada una mención expresa que contemplase lo que se había acordado en las directrices de negociación sobre Gibraltar, aduciendo que en ese caso se complicaría la negociación en su conjunto, cuando ya estaba todo cerrado.

En todo caso, la opinión de muchos funcionarios europeos es que la UE ha sido en general mucho más solidaria con Irlanda en esta negociación que con España.

De todos modos, la cuestión más importante y en la que coinciden muchísimos comentarios en Bruselas es que teniendo en cuenta las incógnitas que penden todavía sobre el futuro de este Tratado de Retirada, la cuestión más relevante en el futuro será el hecho de que el Reino Unido será un país tercero y que a partir de entonces España tendrá un permanente derecho de veto sobre cualquier acuerdo con Londres que incluya o no a la colonia.

En la actualidad, por ejemplo, un país como Grecia lleva décadas bloqueando todo acercamiento de Macedonia, porque exige que este país cambie su nombre. En el futuro, España se encontrará en una situación similar para poner trabas a cualquier tipo de negociación que le interese al Reino Unido. Hay quien habla de la posibilidad de plantear en su día ese derecho a veto en el acuerdo que los británicos empezarán a negociar para regular sus relaciones futuras con la UE.

Naturalmente, también hay innumerables aspectos de las relaciones con el Reino Unido en los que España está de acuerdo y le interesa cooperar pero por lo que respecta a GIbraltar, cualquier camino que los habitantes de la colonia quieran emprender para llegar a Europa, pasará por España. Y el Gobierno británico no podrá hacer nada para evitarlo. Por más que ahora ahogue de elogios al primer ministro Fabian Picardo.

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