La enésima embestida contra Luís Villares

No hay paz para Luís Villares. Nunca la ha habido. Desde que atendió la llamada de la política, en verano de 2016, ha invertido buena parte de sus esfuerzos en encajar golpes, en esquivar conspiraciones y en ir sumando apoyos para sostenerse un tiempo más el frente de En Marea. Esa es la paradoja: el mayor peligro para el magistrado en excedencia no es tanto el dominio político del PPdeG como las zancadillas que le ponen los suyos dentro del —recordemos— primer partido de la oposición en Galicia. Cabría decir entonces que Villares es un superviviente político, pero su liderazgo nunca acaba de ponerse a salvo. Siempre está bajo amenaza. Las primarias para renovar la cúpula de En Marea serán la enésima prueba de fuego.

Las cartas ya están encima de la mesa. Después de que la medianoche del viernes se cerrara el plazo para presentar candidaturas, dos serán las listas que aspiran a hacerse con el control del partido, a seis meses de las municipales. Por un lado, Villares ha recurrido a sus fieles. Lo acompañarán en su papeleta los diputados Davide Rodríguez —enfrentado con la cúpula de Anova— y Paula Verao —dirigente de Cerna—, además de rostros conocidos de la actual cúpula, como la viceportavoz Ana Seijas.

Frente a él estara David Bruzos, adscrito a Ourense en Común y diputado fugaz por En Marea entre diciembre de 2015 y el verano de 2016. Su designación es la gran sorpresa del proceso. Su perfil conciliador ha sido determinante para contentar a una amalgama de organizaciones —Podemos, Anova, Esquerda Unida y los alcaldes «rebeldes»— cuyo único pegamento es el de apear del trono a Villares. De una forma u otra, con mayor o menor protagonismo, todos han venido participando de distintos movimientos para tratar derrocarle de la portavocía. El último, la autodenominada Mesa da Confluencia, impulsada el pasado verano por Compostela Aberta, la plataforma de Martiño Noriega. Además, la otra clave determinante ha sido la victoria de Antón Gómez-Reino en las primarias de Podemos Galicia frente a Carolina Bescansa. «Tone», como se lo conoce en la órbita del rupturismo, ha roto amarras con el legado de su predecesora, Carmen Santos, a la hora de adoptar un papel activo en la dinámica interna de En Marea. Santos se desentendía de la confluencia; «Tone» quiere la llave.

Villares ataca a los lobbys

Esos dos procesos internos, el de Podemos de Galicia y el actual de Enmarea, son fundamentales para entender cómo bajan las aguas de la izquierda radical. Ha habido de todo: movimientos inusuales en los censos, mensajes cruzados y extrañas alianzas. La erosión en las afinidades llega a tal punto que en estas primarias empiezan a escucharse mensajes nítidos de confrontación, hasta ahora sepultados por el barniz políticamente correcto de las alusiones a la «unidad popular».

En conversación con ABC, el propio Villares denuncia que son los «pactos de notables»o los «lobbys», —en referencia a las direcciones del resto de partidos— los que quieren restar capacidad de decisión a En Marea. «Nosotros lo decimos claro: las decisiones políticas se toman dentro de En Marea. No podemos aceptar que mesas de partidos nos digan lo que tenemos que hacer», reivindica. El líder y candidato se conjura para evitar otro «bochorno» como el del último plenario: con la tensión en máximos, sus tesis políticas salieron derrotadas y el grupo parlamentario del Congreso (en el que se incluye «Tone») se negó a rendir cuentas ante el partido.

Preguntado por si se siente víctima de un «todos contra Villares», asegura que no cree «que sea porque les caigo mal, sino por lo que representa esta corriente». Tampoco cree que su posición como portavoz en el Parlamento esté comprometida si pierde, en la medida en que resultó nombrado«por unas elecciones gallegas». «Dicho esto», aclara, «la dirección hará las consideraciones que tenga que hacer y yo lo respetaré. No tengo miedo a que hablen los inscritos».

Su rival no tiene remilgos en reconocer su «muy buen trabajo» en el Pazo de O Hórreo, alabanzas que no siempre han tenido eco entre quienes apadrinan su lista. También en conversación con este diario, Bruzos reduce las discrepancias a una visión «muy diferente» de lo que tiene que ser En Marea. Mientras los «villaristas» tienden a acusar a sus críticos de querer convertir la marca en una coalición de partidos o en una sucursal obediente a los intereses de Madrid, Bruzos, en respuesta, explica que hay que conjuntar esa «riqueza diversa y plural» de formaciones para no dar manga ancha a una «cultura más hegemónica, de partido estricto, viejo». «Hay que seguir sumando gente, hacer que se sienta cómodo todo el mundo», proclama el orensano. La tradicional crítica de Podemos, EU, Anova y las mareas a Villares es que están infrarrepresentados en los órganos de dirección. De hecho su participación en ellos es más bien nula.

Movimientos en el censo

Un indicador de la trascendencia del momento es el flujo de inscripciones que ha registrado En Marea en la última semana. Alrededor de 1.400 personas han reclamado su derecho a votar en las primarias solo en la última semana, y el censo ya supera los 4.400 electores. «Ambos lados tensionaron mucho las últimas semanas, sobre todo en los últimos días, y movilizaron a sus bases», explica un fuente que conoce bien los entresijos del rupturismo.

Esta vez, la dirección de Podemos Galicia activó una campaña en las redes sociales para que sus bases se inscribieran masivamente en el proceso —en sus recientes primarias participaron 3.139 personas—, lo que se interpreta como un toque de corneta interno para garantizar la victoria en las urnas y dar la puntilla final a la supervivencia política de Villares.

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