La desconocida pillería de los «Júniors de oro» que allanó el camino al título

Muchas veces el paso del tiempo ayuda a ver las cosas con mejor perspectiva. Es lo que ocurre con este «Informe Robinson» centrado en la historia de los «Júniors de Oro». Han pasado casi veinte años desde aquella gesta que situó al baloncesto español por primera vez en lo más alto. Fue en un Mundial júnior en el que una selección formada por jóvenes sin complejos rompió por primera vez las barreras de la canasta nacional. Un punto de partida para lo que ha llegado después -Tres oros europeos, un Mundial absoluto y tres medallas olímpicas entre otros muchos logros-, en lo que ha sido la etapa dorada del baloncesto español.

Para que aquel título se hiciera realidad, hubo que pelear mucho. Tras haber ganado los primeros partidos sin problema, la derrota ante Grecia -uno de los rivales que más problemas causaba a aquella selección- supuso un problema para el equipo dirigido por Charly Sainz de Aja. Tocaba ganar el siguiente partido sí o sí para estar en semifinales y ahí fue cuando salió a relucir el carácter de ese equipo español.

Ante los griegos, la selección lo había pasado mal. No solo por la derrota, sino por las formas de los jugadores helenos, con los que había una rivalidad que trascendía la cancha. Por eso, llegado el caso, la venganza se hizo efectiva. Ganaba España ese último partido previo a semifinales y lo hacía de manera holgada. Tanto, que tuvieron que echar el freno a última hora.

Si ganaban por más de 13, pero por menos de 17, Grecia se quedaría fuera de la lucha por el título. Así que las órdenes no se hicieron esperar. «No tiréis. No tiréis», gritaban desde el banquillo español, calculadora en mano.

«¡Que se jodan los griegos!», espetaron en un tiempo muerto posterior, justo antes de que Germán Gabriel lanzara dos tiros libres. Tenía que fallarlos, pero era algo a lo que no estaba acostumbrado. «Me costó un montón, porque no sabía tirar a fallar», reconoce en el documental el actual director de la cantera del Unicaja.

Al final, para cumplir con su propósito, tuvieron que bajar los brazos en la última defensa. Una pillería que permitó una última canasta a su rival… y que supuso la eliminación de Grecia. La alegría fue doble, porque habían conseguido su objetivo de meterse en semifinales y de eliminar al que era su gran rival por encima de Estados Unidos. Al menos, en lo anímico. El resto, ya es historia. Un oro que llegó tras vencer a Argentina en semifinales y a Estados Unidos en una final histórica.

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