La Casa Blanca se queda sin ¬ęadultos en la sala¬Ľ

¬ęYo puedo arreglarlo solo¬Ľ. Esa fue la gran promesa que Donald Trump hizo a su partido en la convenci√≥n republicana de julio 2016 cuando fue ungido -a rega√Īadientes de los ¬ębarones¬Ľ conservadores, con el entusiasmo de las bases- como candidato a la Presidencia de EE.UU. Se refer√≠a a su pa√≠s, a lo que llamaba la crisis de su sistema pol√≠tico, la podredumbre de Washington que impide a EE.UU. alcanzar su m√°ximo potencial, la incapacidad para fortalecer la frontera, la pasividad ante los abusos de sus rivales econ√≥micos‚Ķ

Casi dos a√Īos despu√©s de su llegada a la Casa Blanca, lo m√°s cierto de aquella afirmaci√≥n es que, haga lo que haga, lo har√° solo. ¬ęDejad a Trump que sea Trump¬Ľ era una de esas frases que pronunciaban sus ac√©rrimos durante la campa√Īa y que se extendi√≥ al comienzo de su presidencia: su √©xito, la raz√≥n de su victoria hist√≥rica en noviembre de 2016, tiene que ver con haber despreciado las normas convencionales del juego pol√≠tico, defend√≠an. En la Casa Blanca deb√≠a mantener esa postura, que inclu√≠a insultos racistas y mis√≥ginos, salidas de tono y un desprecio habitual por la verdad. Otros -sobre todo, en su propio partido- manten√≠an la esperanza de que se pasara a un tono ¬ępresidencial¬Ľ, con mayor moderaci√≥n y respeto a las l√≠neas convencionales de la pol√≠tica interna y exterior del pa√≠s.

El presidente Donald Trump ya ha cambiado al 65% de sus altos cargos

El presidente de EE.UU. se acerca al ecuador de su primer mandato y parece m√°s Trump que nunca. Sobre todo, porque han ca√≠do de su c√≠rculo √≠ntimo de Gobierno los altos cargos que pod√≠an tratar de reconducir su toma de decisiones intempestiva, presionarle para no romper l√≠neas pol√≠ticas tradicionales del pa√≠s o evitar que traspase los l√≠mites que la Constituci√≥n impone al poder ejecutivo. El √ļltimo ha sido el secretario de Defensa, Jim Mattis. El c√©lebre general del cuerpo de Marines present√≥ su dimisi√≥n la semana pasada despu√©s de no lograr convencer a Trump de que diera marcha atr√°s en su decisi√≥n de retirar las tropas estadounidenses de Siria.

La relaci√≥n entre el presidente y el l√≠der del Pent√°gono se hab√≠a deteriorado en los √ļltimos meses, sobre todo por la insistencia de Trump de torpedear las relaciones de defensa con los socios de la OTAN. Mattis hab√≠a asegurado a los m√°s √≠ntimos que aguantar√≠a el temporal para proteger al ej√©rcito y a la seguridad nacional. Pero la decisi√≥n sobre Siria –tanto por su contenido como por la forma– acab√≥ por romper el lazo y present√≥ una carta de dimisi√≥n muy cr√≠tica con el presidente norteamericano.

√öltimo referente

Mattis era el √ļltimo de los llamados ¬ęadultos en la sala¬Ľ en la Casa Blanca, altos cargos de prestigio que actuaban como diques de contenci√≥n en la presidencia volc√°nica de Trump, en especial en los asuntos sensibles que estuvieran relacionados con la pol√≠tica exterior del pa√≠s. Cuando un mes despu√©s de su victoria electoral Trump eligi√≥ a Mattis como su secretario de Defensa, la web ¬ęPolitico¬Ľ salud√≥ la noticia: ¬ęPor fin hay un adulto en la sala¬Ľ, dijo sobre el Gabinete, entonces todav√≠a en formaci√≥n.

El general fue uno de los destacados de ese grupo informal de altos cargos dedicados a que Trump no traspasara los l√≠mites de la seguridad nacional. Su existencia se reivindic√≥ en septiembre de este a√Īo, en una tribuna en ¬ęThe New York Times¬Ľ titulada ¬ęYo formo parte de la resistencia interna en la Administraci√≥n Trump¬Ľ. En ella, un supuesto alto cargo aseguraba que un grupo de miembros del Gobierno se esforzaba en ¬ęfrustrar parte de la agenda pol√≠tica y las peores inclinaciones de Trump. ¬ęPodr√≠a ser no muy reconfortante en esta era de caos, pero los estadounidenses deben saber que hay adultos en la sala¬Ľ, aseguraba el citado texto.

El relato era coherente con algunos retratos de la vida √≠ntima de la Casa Blanca, como el del libro elaborado por el c√©lebre periodista Bob Woodward. En √©l se describ√≠an episodios de altos cargos que distra√≠an documentos del Despacho Oval para que Trump no los firmara. Era el caso de Gary Cohn, el principal asesor econ√≥mico del presidente, y el primer ¬ęadulto¬Ľ en abandonar el barco. En marzo de este a√Īo present√≥ su renuncia despu√©s de enfrentarse a Trump por su guerra de aranceles comerciales contra medio mundo.

Ese mismo mes, el presidente estadounidense se cobr√≥ una de las v√≠ctimas m√°s significativas de los hombres que ten√≠a a su lado: Rex Tillerson, el entonces secretario de Estado. El ex consejero delegado de Exxon Mobile se hab√≠a convertido en una de las figuras m√°s respetadas de la Administraci√≥n, pero las diferencias con Trump en asuntos capitales -la salida del acuerdo con Ir√°n, la cumbre con Corea del Norte– cada vez eran mayores. Y Trump nunca se recuper√≥ de la filtraci√≥n que asegur√≥ que Tillerson le hab√≠a llamado ¬ęimb√©cil¬Ľ, algo que el jefe de la diplomacia no neg√≥.

Jim Mattis, hasta ahora secretario de Defensa en la Administración Trump
Jim Mattis, hasta ahora secretario de Defensa en la Administración Trump РREUTERS

A comienzos de mes, Tillerson describi√≥ en una entrevista con la CBS lo dif√≠cil que era trabajar con una persona ¬ęmuy indisciplinada, a la que no le gusta leer, que no se lee los informes, que no le gusta ir a los detalles de muchas cosas, que prefiere simplemente decir ‚Äė‚Äėesto es lo que pienso‚Äô‚Äô¬Ľ.

Tambi√©n en marzo se fue el general H.R. McMaster, asesor de seguridad nacional, que chocaba en muchos frentes de pol√≠tica exterior con Trump. Al presidente tampoco le gustaba que hubiera reconocido la intromisi√≥n de Rusia en las elecciones ni su forma de trabajar: seg√ļn ¬ęThe Washington Post¬Ľ, se quejaba de que era ¬ęmuy r√≠gido y sus reuniones muy largas y parec√≠an irrelevantes¬Ľ.

Un tercer general -al que siempre meten en el grupo de los ¬ęadultos¬Ľ- ha ca√≠do recientemente: John Kelly, que lleg√≥ a la Casa Blanca en 2017 con la encomienda de poner orden y disciplina como jefe de Gabinete. El 8 de diciembre se anunci√≥ que dejar√≠a el cargo con el fin del a√Īo; uno de los que peor llevaba su disciplina militar era el propio presidente.

Relevos continuos

Las sacudidas en la Administraci√≥n Trump se han convertido en rutina. En menos de dos a√Īos como presidente ha tenido tres jefes de Gabinete, dos secretarios de Estado, tres asesores nacionales de seguridad, seis directores de Comunicaci√≥n y dos secretarios de Defensa.

En total, ha cambiado al 65% de los altos cargos. Para algunos, lo m√°s preocupante no es que haya altas y bajas en la Administraci√≥n, sino que cada vez est√° m√°s claro que Trump solo quiere escucharse a s√≠ mismo. Como empresario y como presidente, ha valorado ante todo la lealtad y su Gobierno cada vez parece m√°s un grupo de personas que dicen ¬ęs√≠¬Ľ al jefe.

Mattis presentó su dimisión la semana pasada por desencuentros sobre Siria

¬ęTengo instinto, y mi instinto a veces me dice mucho m√°s que el cerebro de cualquiera¬Ľ, reconoci√≥ recientemente en una entrevista con ¬ęThe Washington Post¬Ľ. Es innegable que su gesti√≥n visceral de la pol√≠tica le ha colocado en lugar impensable antes de las elecciones de 2016; pero con un a√Īo 2019 en el que vienen peligrosas curvas -mayor poder dem√≥crata en el Congreso, el fin de la investigaci√≥n de la trama rusa, crecientes tensiones internacionales, la antesala de la reelecci√≥n-, habr√° que ver si esa visceralidad tambi√©n es sostenible.

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