La candidatura que no fue

Verdadero estupor ha provocado el retiro por parte del gobierno nacional de la candidatura del abogado y docente universitario Alfredo V√≠tolo como representante argentino ante la Comisi√≥n Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la Organizaci√≥n de Estados Americanos (OEA). La curiosa determinaci√≥n oficial fue interpretada como un gesto ante los cuestionamientos por parte de algunos grupos partidarios de la legalizaci√≥n del aborto hacia V√≠tolo por su posici√≥n contraria a esa iniciativa, que expuso con claridad ante un plenario de comisiones del Senado de la Naci√≥n cuando, el a√Īo pasado, se debati√≥ este tema.

La nominación del doctor Vítolo para ocupar un cargo vacante en la CIDH había sido propuesta por el ministro de Justicia, Germán Garavano. Vítolo es un abogado recibido con diploma de honor en la Universidad de Buenos Aires, donde dicta clases sobre Derecho Constitucional y Derechos Humanos, y realizó una maestría en leyes en la Universidad de Harvard.

El Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires dio cuenta, en una declaraci√≥n p√ļblica, de que V√≠tolo re√ļne inmejorables capacidades √©ticas, profesionales y acad√©micas que acreditan, asimismo, una vasta trayectoria en el ejercicio de la abogac√≠a. Se√Īala que, precisamente desde esa destacada labor profesional en el √°mbito del derecho constitucional, ha sostenido sin soluci√≥n de continuidad las determinaciones del ordenamiento jur√≠dico argentino por los tratados internacionales suscriptos por el pa√≠s, as√≠ como la propia Constituci√≥n Nacional y el C√≥digo Civil y Comercial de la Naci√≥n. Esa posici√≥n fue expresada por el frustrado candidato a la CIDH durante el debate p√ļblico convocado por el Congreso en relaci√≥n con el proyecto de ley sobre la interrupci√≥n voluntaria del embarazo. En aquella ocasi√≥n, V√≠tolo recomend√≥ al Senado el rechazo del proyecto propiciatorio del aborto “seguro, legal y gratuito” y se pronunci√≥ en favor de la necesidad de “trabajar juntos en un proyecto promujer y provida”.

Resulta incomprensible que el mismo gobierno que, en funci√≥n de sus sobrados antecedentes acad√©micos y profesionales y de su experiencia en la administraci√≥n p√ļblica, impuls√≥ su candidatura para un cargo en el organismo encargado de promover y proteger los derechos humanos en el continente americano, haya cedido ante presiones pol√≠ticas fundadas en que el postulante defiende el derecho a la vida de la persona por nacer. Es una contradicci√≥n may√ļscula y una discriminaci√≥n atroz que se impugne a un destacado acad√©mico como comisionado argentino ante un organismo internacional de derechos humanos, justamente por tutelar una posici√≥n en defensa de la vida.

Aceptar la lógica de quienes se opusieron a esta nominación induce a pensar que si una persona expresa su desacuerdo con la despenalización del aborto debe estar condenada a convertirse en un paria.

Este tipo de actitudes van más allá de la manifestación de disidencias. Dan cuenta, en cambio, de un acto discriminatorio, sustentado en una visión sectaria y propensa a la insólita pretensión de apropiarse de los derechos humanos.

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