La blanca rutina de Guillermo Peñalver llega al Museo ABC

Si hay algo que saca a Guillermo Peñalver (Tarragona, 1982) su yo más maniático mientras trabaja son unas tijeras curvas incapaces de hacer un corte limpio. «Cuando se abren mucho, las guardo y compro unas nuevas. Bueno, alguna he tirado…», comenta este artista plástico que, desde este 26 de junio hasta el próximo 15 de septiembre, expone en Museo ABC una serie de collages bautizada como «Autorretrato en interior».

Su obra protagoniza la decimoséptima edición del programa Conexiones, iniciativa conjunta del museo y la Fundación Banco Santander para contribuir al desarrollo y la difusión del dibujo contemporáneo.

El objetivo de «Autorretrato en interior» es demostrar que con papel y lápiz se puede conseguir algo de valor. Con un folio en blanco, lápices de grafito, tijeras y un cúter, Peñalver cuenta en primera persona su día a día como artista y como persona en su estudio. Para ello, se ha servido de «Modulación número 66», de Julio Le Parc, como inspiración para su primer dibujo, «Mecanismo higiénico», donde sale él mismo, completamente desnudo, duchándose.

«Me recordaba a una especie de cascada, a formas acuáticas», explica. Le atrajeron «esas cintas que se van entrelazando, y que aparecen y desaparecen sin saber en qué punto están». Para conseguir una mayor influencia, Peñalver distribuyó varias fotocopias de la pintura de Le Parc alrededor de su estudio. Así fue cómo acabó utilizando dichas ondas para «simular una cascada de agua que cae por la alcachofa de la ducha».

Detalle de «La ducha» – Museo ABC

La serie de dibujos dialoga además con tres obras de la colección Museo ABC, una tríada que refleja la imagen tópica del estudio como espacio caótico y bohemio: «Brígida y su boda» (Emilio Ferrer), «El niño y el escaparate» (Ángel Díaz Huertas) y «El hombre mañoso» (Antonio Barbero); también están presentes figuras de cerámica blancas que ha traído el propio Peñalver de su estudio: un corazón humano, un cactus, una lata de conservas… e incluso Milú, el perro de Tintín.

El negro del cuadro de Le Parc sirve como la «contra» del blanco de los dibujos y los objetos expuestos. Aún así, la iluminación artificial de la sala consigue proyectar las sombras del papel sobre el propio dibujo.

El gran reto de Peñalver vino dado por el comisario de la muestra, Óscar Alonso Molina, que le aconsejó que realizara los dibujos en blanco y negro. «Cuando trabajo en blanco, para mí es una relajación porque solo me dedico a la mancha de grafito, a los volúmenes… Luego los papeles pueden estar más o menos cubiertos de otros papeles», cuenta.

El desafío fue tratar las piezas como si fuesen a color siendo en blanco y negro. Pone como ejemplo el suelo que aparece a lo largo de la serie: el artista alternó la posición horizontal y la vertical del gramaje del papel para dar mayor sensación de cambio. «Son pequeñas sutilezas que al trabajar con una gama tan reducida, tenía que aprovechar todas las posibilidades del papel y del blanco para conseguir los mayores efectos posibles», explica.

Detalle de «Yo dibujando»
Detalle de «Yo dibujando» – Museo ABC

«Incluso siendo unos dibujos solo en blanco, hay muchísimo color», reivindica. Este proyecto también obligó al artista plástico a «tener más blancos»; desde uno plateado o metalizado que tira hacia azules rosados hasta otro más cálido.

Otro reto para el artista fue quitarse el pudor y mostrarse «tan al desnudo»; eso sí, con sutileza, sensualidad y erotismo. Reconoce haber sido siempre muy recatado a la hora de construir los cuerpos cuando habla de sus amantes. En esta ocasión, le invadieron las dudas mientras realizaba el dibujo de una cama, cubierta por una cortina, de donde asoman dos pares de pies en vez de solo los suyos. «Al final es hablar de mi intimidad, pero ya que me mostraba, ¿qué narices?».

De todos modos, «lo bueno del papel es que si no te gusta, cortas, pegas otro y vuelves a empezar».

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