La Argentina, el mundo y la cuarta revolución industrial

Ya hay mucha gente trabajando en la llamada cuarta Revolución Industrial. La Argentina parece no haberse dado cuenta.

Se llam√≥ Primera Revoluci√≥n Industrial al proceso de transformaci√≥n econ√≥mica, social y tecnol√≥gica que se inici√≥ en la segunda mitad del siglo XVIII en el reino de Gran Breta√Īa, y se extendi√≥ r√°pidamente a gran parte de Europa occidental y Am√©rica Anglosajona, y ya para 1840 todos esos pa√≠ses contaban con gran fortaleza industrial. Durante ese per√≠odo se vivi√≥ un gigantesco conjunto de transformaciones econ√≥micas, tecnol√≥gicas y sociales, que desarroll√≥ el paso desde una econom√≠a rural basada fundamentalmente en la agricultura y el comercio a una econom√≠a de car√°cter urbano e industrializada con un gran avance de la mecanizaci√≥n.

Se le llama revolución porque marca un punto de inflexión en la historia, modificando e influenciando todos los aspectos de la vida cotidiana, directa o indirectamente. Aunque se suele hablar solamente del vertiginoso crecimiento de lo que ahora llamamos industria, sólo fue posible porque la producción agrícola permitió lograr los excedentes para que la gente pudiera dedicarse a la industria y reducir los tiempos y costos de producción. Es decir: había bienes baratos que se podían comprar con los excedentes del agro. Cierto es que las condiciones de vida distaban de ser óptimas, pero eran mejores que las anteriores.

La Segunda Revoluci√≥n Industrial -que los historiadores ubican aproximadamente entre 1870 hasta 1914- gener√≥ nuevamente una aceleraci√≥n en los cambios econ√≥micos y sociales. El proceso de industrializaci√≥n cambi√≥ su naturaleza: los cambios t√©cnicos siguieron ocupando una posici√≥n central, junto a innovaciones t√©cnicas tan variadas como nuevas fuentes de energ√≠a como el gas, el petr√≥leo o la electricidad; nuevos materiales y nuevos sistemas de transporte (avi√≥n y autom√≥vil) y comunicaci√≥n (tel√©fono y radio). Estas novedades indujeron transformaciones en cadena que afectaron al factor trabajo y al sistema educativo y cient√≠fico; al tama√Īo y gesti√≥n de las empresas, a la forma de organizaci√≥n del trabajo y muy especialmente al consumo. No tard√≥ mucho en modificar tambi√©n la pol√≠tica, sentando las bases para cambios en las monarqu√≠as y sus colonias.

Se produjo entonces la denominada segunda globalizaci√≥n, (la primera fue el imperio romano) que supuso una progresiva internacionalizaci√≥n de la econom√≠a, y que funcionaba de forma creciente a escala mundial por la revoluci√≥n de los transportes. Las grandes potencias (Gran Breta√Īa, Alemania, B√©lgica, Francia) sustituyeron a los primeros pa√≠ses con grandes colonias (Espa√Īa, Portugal). Ello condujo a su extensi√≥n a m√°s territorios con la consiguiente impronta cultural y -en muchos casos- del sistema legal.

Hay menos acuerdos respecto a si hay o no una tercera revolución industrial, también llamada Revolución científico-tecnológica, Revolución de la inteligencia o tecnológica. Se refiere a una transformación económica surgida de la convergencia de nuevas tecnologías de comunicación (internet, Big Data, etc.) con los nuevos sistemas de generación energética. Gracias a internet y a las veloces y baratas formas de comunicación se han desarrollado otras formas de organización y gestión, descentralizando trabajo, difundiendo rápidamente información y permitiendo que se compartan recursos. Se suma a esto el veloz desarrollo de energías renovables, que modifican la importancia de algunos recursos naturales (petróleo y gas, acero, etc.). Asimismo, los límites entre los conocimientos digitales, biológicos y físicos empiezan a ser difusos, hablándose de inteligencia artificial, modificación de genomas o viajes a Marte.

Si no hay consenso sobre la Tercera Revoluci√≥n Industrial, menos lo hay sobre si ya estamos inmersos en lo que ya se llama Cuarta Revoluci√≥n Industrial, tambi√©n conocida como Industria 4.0. El concepto fue presentado por Klaus Schwab en la reuni√≥n del Foro Econ√≥mico Mundial 2016. Sostiene que si la tercera revoluci√≥n industrial es la revoluci√≥n digital que ha estado en vigor desde mediados del siglo XX, esta cuarta etapa estar√° marcada por avances tecnol√≥gicos emergentes en una serie de campos, incluyendo rob√≥tica, inteligencia artificial, blockchain, biotecnolog√≠a, nanotecnolog√≠a, computaci√≥n cu√°ntica, internet de las cosas, impresi√≥n 3D, autonom√≠a de veh√≠culos… pero, ¬Ņcu√°n preparada est√° la Argentina para enfrentar estas realidades? Seguimos tristemente discutiendo entre agro e industria, sector rural o urbano, educaci√≥n generalista o de oficios, subsidios o cerrar la econom√≠a.

Muchos directivos -y sobretodo los pol√≠ticos- tienen una deprimente convicci√≥n de que la econom√≠a es un juego de suma cero. Es triste que alguien crea que s√≥lo puede haber crecimiento a expensas de otro. A√ļn m√°s preocupante es que se declame y grite que si alg√ļn sector tuviera ganancias est√° obligado a compartirlas ilimitadamente.

Es cierto que tenemos una reciente “Ley de conocimiento” para quienes exportan ampliando los sectores que pueden gozar de ciertos beneficios. No es suficiente si seguimos creyendo que el agro no agrega valor, que los d√≥lares “son del gobierno”, que la seguridad jur√≠dica es innecesaria, que los argentinos no sufrimos si se cambian las reglas constantemente.

Estamos frente a una oportunidad más que interesante de subirnos al tren de estas oleadas de cambios. Las nuevas tecnologías permiten una notable descentralización y el talento puede estar en cualquier lugar. Introducir un gen en una semilla o tener una idea que terminará siendo un unicornio se puede lograr en cualquier lugar del mundo.

Saltemos etapas y dirijamos el esfuerzo en esa direcci√≥n en lugar de intentar mantener un mundo de manufacturas o servicios que ya no existen. Sea o no que lo logremos, tenemos la bendici√≥n de que los ciudadanos de otros pa√≠ses disponen de m√°s recursos y pueden venir atra√≠dos por la “industria sin chimeneas” que es el turismo. Eso s√≠, tengamos en cuenta que ning√ļn sector o idea es suficiente por s√≠ sola para mantener a 46 millones de habitantes. Cada peque√Īa idea o empresa es tan valiosa como cualquier otra.

Tengamos también en cuenta que todas estas revoluciones han mejorado sustancialmente la calidad de vida de los habitantes, pero nunca a todos por igual. La habilidad de las políticas de Estado está en permitir el desarrollo y evolución de una economía protegiendo a quienes no pueden subirse a ese tren, pero nunca impidiendo que otros se suban.

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