la actuación que solo gustó a Javier Bardem

Todavía faltaba un buen rato para que Rami Malek ganase inexplicablemente el premio a mejor actor, cuando Queen subieron al escenario para abrir la 91ª gala de los Oscar. O mejor dicho, subieron Brian May y Roger Taylor, sin John Deacon (que siempre ha renegado del pastiche en que se ha convertido la leyenda) y acompañados de un cantante de segunda como es Adam Lambert, que por más que lo intente jamás dejará de estar a años luz de Freddie Mercury. Que el ganador de American Idol esté al micrófono en un grupo del calibre de Queen sigue pareciendo una broma: ¿Se imaginan a un concursante de Operación Triunfo cantando en la banda de rock más importante de la historia del rock español?

La actuación no pudo ser más previsible, un popurrí de «We will rock you» y «We are the champions» que, evidentemente, fue muy aplaudida por los asistentes a la ceremonia. El falso respeto es ley en Hollywood, pero también hubo quien dejó notar su repugnancia por lo que estaba ocurriendo en el escenario. Christian Bale, por ejemplo, asistió a los casi cuatro minutos de actuación con una media sonrisa que parecía estar conteniendo náuseas internas, igual que Bradley Cooper, que sólo se arranca a dar palmas cuando ve que las cámaras están reflejando su rostro de total inapetencia.

Algunas celebridades se arrancaron a seguir el ritmo dando palmas, como Lady Gaga, obligada por las circunstancias, o una arrítmica Glenn Close que intentó en vano echarse un bailecito. Pero nadie disfrutó tanto como Javier Bardem, que pareció estar pasando el mejor rato de su vida tal como señalaron varios perfiles de Twitter.

En cualquier caso la actuación no tuvo absolutamente nada de memorable, más allá de haber sido la que abrió la primera gala de los Oscar sin presentador. Poco se podía hacer ante la imparable ola de popularidad de «Bohemian Rhapsody», pero al menos el concierto estuvo a la altura de la película.

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