Kyrgios, terapia peligrosa

Para lavar su conciencia, y con un gesto populista y hasta cierto punto muy peligroso, la multimillonaria ATP obliga a Nick Kyrgios a sentarse en el diván y a confesarse ante un psicólogo, dando por hecho que así podrá reconducir a este gamberro que no parece tener remedio. Kyrgios la lía un día sí y el otro también, pero, desde los fríos despachos, los señores con corbata le dan pellizcos de monja imponiendo multas económicas que el muchacho paga sin apenas inmutarse. Ha habido motivos más que de sobra para que al australiano le sancionen con castigos serios, incluso con tenerle en la nevera y dejarle sin jugar durante una larga temporada, pero Kyrgios es un filón que genera espectáculo, dinero al fin y al cabo. La ATP y sus torneos miran hacia otro lado (Kyrgios está casi siempre en las pistas principales, y las llena, pese a que no tenga ranking para ello) y ahora le conceden otra oportunidad para que siga con sus patochadas. Eso sí, le exigen que vaya a terapia, como si así pudieran ayudar al rebelde Nick.

Es desconcertante esta medida, una intromisión en toda regla en la vida del deportista sin que tenga potestad alguna para llegar a ese extremo. ¿Quiénes son para obligar a alguien a acudir a un psicólogo? Siendo aceptable la recomendación, Kyrgios ya es mayorcito, aunque no lo demuestre, para dirigir su carrera y para solicitar ayuda si así lo considera, pero nadie le puede forzar a cumplir con un tratamiento impostado y con tufo paternalista que suena a regañina de cara a la galería. Teniendo en sus manos todo el poder para castigarle, la ATP escurre así el bulto y permite que Kyrgios, una mala copia de McEnroe, siga en circulación con sus groserías mientras escupe en el plato que le da de comer. Y, un inciso: ir al psicólogo no debería ser un castigo.

Enrique YuntaRedactorEnrique Yunta

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