Kenia vs. Etiopía: la rivalidad del atletismo que conquista al mundo

Seifu Tura Abdiwak, de Etiopía, y Paul Lonyangata, de Kenia Crédito: Patricio Pidal/AFV

Los deportistas de ambas naciones triunfan en el 90% de las carreras; estilos distintos para el mismo fin

El más rápido de la media maratón, Bedan Karoki, nació en Kenia; Seifu Tura Abdiwak, el segundo, en Etiopía. No es casualidad: ambos países dominan el mundo de las carreras de calle de forma abrumadora. De las competencias más importantes, el 90% la gana el superclásico del atletismo: Kenia vs. Etiopía, dos países tan exitosos como diferentes.

Uno tiene pasado imperial y es el √ļnico pa√≠s africano que jam√°s fue colonizado. El otro se independiz√≥ del imperio brit√°nico hace apenas 55 a√Īos. Uno tiene casi 100 millones de habitantes; el otro, menos de la mitad. Uno tiene una superficie algo mayor que la Patagonia argentina, el otro iguala a Buenos Aires y La Pampa juntas. Uno pisa fuerte en la econom√≠a de la regi√≥n, posee gas y miner√≠a. En el otro, la mitad de la poblaci√≥n es pobre.

Aunque para el resto del mundo son iguales, en realidad son dos opuestos. El primero es Etiopía, el otro Kenia; solo coinciden en ser la cuna de los hombres más resistentes y veloces del planeta.

Desde esa cuna hay diferencias. Fiel a su pasado imperial, el atletismo en Etiop√≠a est√° centralizado. La federaci√≥n capta a los j√≥venes talentos desde muy temprano, los que van sorteando diferentes etapas a lo largo de dos a√Īos. Los m√°s capacitados acceden a campamentos de entrenamiento en la capital, Addis Abeba.

Allí, el atleta vive y entrena o, mejor dicho, vive para entrenar. Dentro de los camps, la autoridad máxima es el entrenador, en su mayoría etíope, que dirige con rigor militar la vida dentro del albergue. En Etiopía, el atletismo es una cuestión de Estado.

En Kenia, en cambio, el primer escalón de captación suele darse en la escuela. En las aulas, hasta los docentes hablan de atletismo e incluso ellos suelen detectar a los talentos. Muchos alumnos van corriendo hasta 10 kilómetros de su casa a las aulas. Cada día, sin saberlo, van entrenado rumbo a un juego olímpico.

Al terminar la escuela, si quieren mantener el rumbo, deben pagar para ingresar en un training camp, ya que son privados y est√°n en manos de managers, marcas deportivas o atletas consagrados. O bien autoentrenarse. Pero lo que es seguro, en los camps keniatas los entrenadores son, casi todos, europeos.

Haile Gebrselassie, et√≠ope, exr√©cord del mundo de marat√≥n, zanja la cuesti√≥n as√≠: “A veces los et√≠opes son m√°s fuertes; otras veces, los kenianos. Nos entendemos unos a otros. En verdad, sin Kenia no hay Etiop√≠a”, analiza el doble campe√≥n ol√≠mpico, y concluye: “Nos necesitamos”.

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