JustMad, ¬ęjustamente¬Ľ ahora

En el principio, valga este tono cuasi-b√≠blico, no fue ARCO. Los cielos y la tierra, junto a todos los seres que pueblan y pululan los espacios, no se generaron por obra y gracia de esa coctelera de collectors, curators, predictors y postureitors. Hab√≠a -lo puedo jurar desde mi edad provecta- alg√ļn tipo de existencia, por miserable que fuera, antes de que la feria de arte impusiera su ley ¬ęmovidera¬Ľ.

Bien es verdad que, por ciertos s√≠ntomas, podr√≠a parecer que un artista o galer√≠a excluido de ese mega-evento no ten√≠a otra vida que la zombificada, o ten√≠a que refugiarse en las sombras a lamerse las heridas. Hace tiempo que no fletan autobuses en ¬ęprovincias¬Ľ para venir a la capital en busca de lo nuevo, lo excitante o -v√°lgame Dios- lo provocador. La inercia polar domina desde hace m√°s de un lustro a una feria que pretendi√≥ ser ¬ęlo m√°s de lo m√°s¬Ľ y que, cuando comenz√≥ a normalizarse, revel√≥ la precariedad de sus fundamentos.

Falta lo esencial

Faltaba de todo, pero, sobre todo, lo esencial: coleccionistas dispuestos a hacer algo m√°s que darse besitos y pontificar en cada esquina. Sobraba aquello que hab√≠a motivado el inter√©s medi√°tico: las avalanchas de un p√ļblico que cre√≠a estar en una bienal y que carec√≠a del poder√≠o econ√≥mico para so√Īar con comprar alguna obra de arte.

A la sombra de ARCO, por alargada o menguante que esta fuera, pod√≠an crecer otras ¬ęplantas de interior¬Ľ. Ya hab√≠an proliferado como setas las ferias ¬ęparalelas¬Ľ en Basilea, especialmente cuando se expandi√≥ en aquellos dominios anta√Īo horteras de Miami.

JustMadrid abri√≥ sus puertas de forma delirante en el peor momento posible: cuando la crisis del turbocapitalismo financiero impon√≠a el ¬ęaustericidio¬Ľ. Tal vez pensaron que el arte era un ¬ęvalor refugio¬Ľ y que no estaba sometido a tanta volatilidad como los derivados t√≥xicos que dinamitaron a la llamada clase media.

Las estrecheces llegaron a los jardines estetizantes y, si ya faltaban clientes para las galer√≠as, el desierto no dej√≥ de crecer. A pesar de todo, esa peque√Īa feria parec√≠a estar dispuesta a capear el temporal apelando, desde su propio t√≠tulo, a eso de que ¬ęs√≥lo¬Ľ es de Madrid, acaso aludiendo a que uno puede ser o estar donde quiera.

Una d√©cada despu√©s de su fundaci√≥n, podemos advertir que Just Madrid ha tenido sus luces y sus sombras. Itinerante por la ciudad, tratando de buscar un buen emplazamiento (para esta edici√≥n de 2019 habitar√°n el c√©ntrico Palacio de Neptuno), tambi√©n fueron desplazando sus fechas de celebraci√≥n. Hace varias ediciones vinieron a coincidir en la ¬ęapertura¬Ľ post-veraniega, en una sucesi√≥n fren√©tica, Just (bajo el nobre de Summa) y Estampa, con una sensaci√≥n de d√©j√† vu, como si todo fuera un siniestro ¬ęd√≠a de la marmota¬Ľ en los imponentes espacios de Matadero. Parec√≠a m√°s sensato arrimarse solo a la ¬ęvieja se√Īora¬Ľ de ARCO para ofrecer algo ¬ęnuevo y excitante¬Ľ a los presuntos coleccionistas.

Diferentes directores (Giulietta Speranza, Virginia Torente, Guillermo Espinosa, Paco de Blas) trataron de fidelizar a las galer√≠as y al p√ļblico, desarrollando programas ¬ęcuratoriales¬Ľ, residencias, montando conferencias y estimulando la cosa con premios. Sem√≠ramis Gonz√°lez y Daniel Silvo llevan dos a√Īos al frente de este proyecto y han demostrado que tienen un enorme entusiasmo y energ√≠a profesional suficiente para que Just pueda consolidarse como una feria enfocada al arte emergente.

En esta edici√≥n de 2019 cuentan con 60 galer√≠as entre las que destacar√© a La Gran de Le√≥n, Silvestre de Madrid, Trinta de Santiago, Set Espai d¬īArt de Valencia o Gema Llamazares de Gij√≥n. Tambi√©n cuentan con una secci√≥n dedicada a galer√≠as portuguesas, comisariada por Louren√ßo Egreja, un proyecto que completa la expansi√≥n de la feria a Lisboa que comenz√≥ en mayo del a√Īo pasado.

No al optimismo

Sin pretender desplegar el tono habitual del cenizo, es importante no caer en un optimismo delirante. El problema de Just Madrid -en realidad, de todas las ferias de arte en Espa√Īa- es la falta de coleccionismo privado y la desaparici√≥n de presupuestos para que las instituciones p√ļblicas adquieran fondos. Es verdad que ha aparecido una especie, aparentemente nueva pero tan viejuna como el fijodalgo del Lazarillo, que recorre pasillos de ferias y saraos del mundillo del arte con actitud escrutadora y verborrea para dar y tomar, autocalificados como ¬ęcoleccionistas¬Ľ, presuntuosos como si entendieran algo: en realidad, lo √ļnico que buscan es figurar.

Para una peque√Īa galer√≠a, acudir a una feria es pavorosamente gravoso y, en ocasiones, regresar de vac√≠o a casa puede suponer que haya que cerrar precipitadamente o penar con deudas insaldables. Ojal√° hubiera en nuestro pa√≠s un sistema del arte vigoroso y totalmente profesionalizado. Eso ser√≠a ¬ęjustamente¬Ľ lo que necesitamos. M√°s all√° de la imagen del sal√≥n des refus√©s, las ferias ¬ęperif√©ricas¬Ľ y los macro-eventos podr√≠an ofrecer obras de artistas renovadores o de galer√≠as que no repitan los esquemas agotados. Justamente ahora vendr√≠a de maravilla encontrar algo inesperado, vibrante, intenso. Es un sue√Īo que he tenido, aunque no est√© ¬ęjustificado¬Ľ.

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