Juniors. Hace 15 a√Īos, un estudiante desat√≥ una masacre en la escuela

Juniors, en 2017 Crédito: Revista Gente

El 28 de septiembre de 2004, el chico llev√≥ al establecimiento la pistola reglamentaria de su padre, suboficial de la Prefectura. Lleno de odio, abri√≥ fuego contra sus compa√Īeros; mat√≥ a tres e hiri√≥ a cinco, pero dej√≥ en todos un trauma que nunca cesar√°. Declarado inimputable por su edad, sigue bajo tratamiento psiqui√°trico

Les dispar√≥ 13 tiros a sus compa√Īeros. Vaci√≥ el cargador de una Browning 9 mil√≠metros y gatill√≥ hasta que la pistola se trab√≥. Pero cuando se lo pregunt√≥ la jueza dijo que no hab√≠a escuchado nada: ni gritos, ni ruidos, ni las voces de aquellos que ped√≠an ayuda.

Rafael Juniors Solich ten√≠a 15 a√Īos. Era alumno de la Escuela Media N¬ļ 2 Islas Malvinas, de Carmen de Patagones, la ciudad m√°s austral de la provincia de Buenos Aires. Nadie conoc√≠a c√≥mo era realmente, se sab√≠a poco de su personalidad y de su familia, y raramente hablaba con sus compa√Īeros. La ma√Īana del 28 de septiembre de 2004, antes del comienzo de la primera hora de clases, mat√≥ a tres de los alumnos que cursaban 1¬ļ B del polimodal con √©l e hiri√≥ a otros cinco.

Los heridos gritaban de dolor, se arrastraban para salir del aula y pedir ayuda. Otros se escond√≠an como pod√≠an y escapaban. Juniors tambi√©n hab√≠a salido del aula y en el pasillo intent√≥ recargar el cargador. No pudo. Dante Pena, su mejor amigo, quiz√°s el √ļnico que ten√≠a en ese lugar, se le abalanz√≥ desde atr√°s y lo tir√≥ al piso. Le dijo: “¬°¬ŅQu√© hiciste?!”. Con ayuda de otros compa√Īeros, pudo sacarle el arma. Juniors estaba arrodillado y se agarraba la cabeza. Lloraba.

A las 7.30 de aquel d√≠a, el grupo iz√≥ la bandera, como siempre. Despu√©s, entraron en el aula y casi de inmediato se desat√≥ el tiroteo, el primero en la Argentina dentro de una escuela. Una tragedia que perdura y de la que ma√Īana se cumplir√°n 15 a√Īos.

Uno de los chicos, Rodrigo Torres, recibió dos disparos: uno en el tórax y otro en el abdomen. No quería ir a la escuela ese día. Le había pedido permiso a su madre para faltar; ella no lo dejó, le dijo que no gastara las inasistencias por si se enfermaba alguna vez.

El aula en la que ocurrió la masacre; hoy allí no se dan clases Fuente: Archivo

Para ir ten√≠a que tomar un colectivo; lleg√≥ temprano a la parada. Si sub√≠a al primero iba a llegar antes de tiempo al colegio, pero si tomaba el siguiente se le har√≠a tarde. As√≠ fue que eligi√≥ la primera opci√≥n. De lo contrario, quiz√° su historia habr√≠a sido otra. Rodrigo record√≥ esto a LA NACION. En un momento, los recuerdos, tan v√≠vidos como hace 15 a√Īos, le quebraron la voz y debi√≥ interrumpir la comunicaci√≥n para hacerle una consulta a su mam√°.

Volvi√≥ a aquel d√≠a: una vez en la escuela se qued√≥ unos minutos afuera. Dos compa√Īeras entraron al aula y cuando salieron le dijeron: “Fijate qu√© raro el camper√≥n que trae Juniors”. Era verde, grande, largo hasta las rodillas. Pero a √©l, en cambio, no le hab√≠a llamado la atenci√≥n. Pronto sabr√≠an que debajo del abrigo llevaba el arma de su padre, un suboficial de la Prefectura en actividad en Ingeniero White.

Iban a tener Formaci√≥n √Čtica y Ciudadana, pero el profesor tard√≥ en llegar. En ese lapso, Juniors se par√≥, fue hasta el pizarr√≥n, se dio vuelta y enfrent√≥ al curso con el arma en la mano. Rodrigo pens√≥ que era de juguete hasta que oy√≥ los disparos. Lo primero que hizo fue tirarse al piso y taparse la cabeza, pero igual fue herido.

Delante estaba su amigo Pablo Sald√≠as, que solo pesta√Īeaba. Como pudo, sali√≥ a buscar a alguien que pudiera llevarlo al hospital. Eran 29 alumnos de entre 15 y 16 a√Īos. Algunos corrieron hacia afuera; otros, hacia la biblioteca.

Seg√ļn public√≥ LA NACION en 2004, los proyectiles que no mataron o hirieron impactaron en las paredes. Las marcas estaban a media altura, lo que indica que no fueron tiros al aire, para asustar, sino que ten√≠an la intenci√≥n de dar en el blanco.

Cuando lleg√≥ la polic√≠a, Juniors no se resisti√≥. Entre sus ropas ten√≠a un tercer cargador y una cuchilla de campamento que le hab√≠a mostrado a su amigo Dante. El jefe de la comisar√≠a local, Eduardo Roberto Diego, declar√≥ que cuando lo encontraron el chico “estaba en estado de shock e intentaba salir de la escuela” y que “en ning√ļn momento habl√≥ ni dio explicaciones del acto que hab√≠a cometido”.

Rodrigo a√ļn tiene grabada la escena que vio cuando logr√≥ salir: Juniors, con las manos en la cabeza; Dante, abraz√°ndolo, √©l vomitando sangre a borbotones y tom√°ndose all√≠ donde hab√≠a sido herido. En el hospital, internado en terapia intensiva, supo que Federico Ponce, Evangelina Miranda y Sandra N√ļ√Īez hab√≠an muerto, y que Natalia Salom√≥n, Nicol√°s Leonardi, Cintia Casasola y Pablo Sald√≠as estaban, al igual que √©l, heridos.

La declaración de Juniors

Los periodistas Miguel Braillard y Pablo Morosi -excorresponsal de LA NACION en La Plata- reprodujeron en el libro Juniors las primeras conversaciones entre aquel chico de 15 a√Īos y la jueza de menores Alicia Ramallo, que estuvo a cargo de la causa:

“-Hola. ¬ŅC√≥mo est√°s? Me llamo Alicia. Soy la jueza que va a trabajar con vos por lo que hiciste. ¬ŅTe sent√≠s bien? ¬ŅMe quer√©s contar qu√© pas√≥?

“-Eh…, algo me acuerdo. No, no s√©, en realidad fue todo muy r√°pido.

“-¬°Pero qu√© barbaridad, querido! ¬ŅTe das cuenta de lo que hiciste a tus compa√Īeros? ¬ŅSos consciente de la gravedad de los hechos?

“-S√≠, s√≠… bah, no s√©…

“-¬ŅC√≥mo te sent√≠s… est√°s angustiado?

“-S√≠… (respondi√≥, secamente).

“-Es terrible… supongo que estar√°s arrepentido…

“-Y… s√≠.

“-Bien, Juniors, aunque no est√°s obligado, es importante que, si ten√©s ganas, nos cuentes lo que te pas√≥ a vos.

“-Cuando pap√° sali√≥ con mam√° me met√≠ en la pieza y saqu√© la pistola y los cargadores.

“-¬ŅEl arma estaba cargada? (terci√≥ la secretaria del juzgado, y √©l asinti√≥ con la cabeza).

“-¬ŅY despu√©s qu√© pas√≥? ¬ŅTe fuiste a dormir as√≠ nom√°s?

“-No… no dorm√≠ nada.

“-¬ŅPor qu√©? ¬ŅEstabas nervioso?

“-Ten√≠a escalofr√≠os. Estaba descompuesto…

“-¬ŅY qu√© hiciste a la ma√Īana siguiente?

“-Sal√≠ a las siete, me fui caminando a la escuela…

“-¬ŅQu√© pensabas en el camino?

“-…Nada…

“-¬ŅY qu√© hiciste cuando llegaste a la escuela?

“-Entr√© y me fui a formar la fila para subir la bandera…

“-¬ŅLe mostraste a alguien el arma?

“-La pistola no… El cuchillo se lo mostr√© a Dante, un compa√Īero.

“-¬ŅPor qu√© lo hiciste? (por cuarta vez le pidi√≥ que levantara la vista y la mirara a los ojos).

“-…

“-¬ŅEstabas enojado?

“-S√≠.

“-¬ŅCon tus compa√Īeros?

“-S√≠ (dijo, en un susurro).

“-¬ŅCon tu familia?

“-…Tambi√©n…

“-¬ŅPor qu√© estabas enojado con tus compa√Īeros?

“-Me molestan… siempre me molestaron, desde el jard√≠n… Desde s√©ptimo [grado] que pensaba en hacer algo as√≠.

“-¬ŅY c√≥mo es que te molestan?

“-Y… me cargan. Dicen que soy raro… me joden porque tengo este grano en la nariz.

“-¬ŅY con tu familia?

“-Tuve una pesadilla: yo agarraba un cuchillo y apu√Īalaba a mi pap√°. Pero √©l no se mor√≠a, me preguntaba por qu√© lo hab√≠a hecho y yo le tiraba una silla y sal√≠a corriendo”.

Los compa√Īeros de Juniors no cre√≠an que estuvieran haci√©ndole bullying. Bel√©n, una compa√Īera, dijo que a veces lo cargaban y lo llamaban Pantriste. √Čl dejaba en su pupitre mensajes que revelaban su interior atormentado. “Lo m√°s sensato que podemos hacer los humanos es suicidarnos”; “si alguien encontr√≥ el sentido de la vida, por favor an√≥telo aqu√≠”; “la mentira es la base de la felicidad del hombre”, escribi√≥.

Los psicólogos y psiquiatras que lo atendieron hablan de su falta de empatía y de un trastorno de personalidad. Se cree que su padre era sobreexigente con él y que también había violencia.

Juniors era silencioso e introvertido, “el callado del curso”, como lo record√≥ Pablo Sald√≠as a√Īos atr√°s a LA NACION. “Normal”, lo defin√≠a Araceli Paredes, portera de la escuela. Inteligente, muy estudioso, retra√≠do. Alguien en su sano juicio nunca hubiese hecho lo que √©l hizo, coinciden todos.

De Juniors y su familia se sab√≠a poco, porque no eran de Patagones. Su padre era efectivo de la Prefectura y por eso hab√≠an llegado all√≠. Seg√ļn Rodrigo Torres, algunas veces el equipo pedag√≥gico de la escuela lo fue a buscar al aula, pero √©l no entend√≠a bien por qu√©.

Después del hecho, vecinos de Patagones quisieron prenderle fuego la casa. Incluso hubo personal de la Prefectura cuidándola. Más tarde vieron llegar un camión que cargó todo y se fueron.

Juniors fue declarado inimputable por su edad. Estuvo detenido en la comisaría local, pasó por la Prefectura de Ingeniero White. También, por varios institutos de menores y clínicas psiquiátricas.

En agosto de 2007 tuvo sus primeras salidas transitorias; primero de 24 horas, luego, de 96 por semana. Diez a√Īos despu√©s, se supo que viv√≠a con su familia en Ensenada. Un juzgado de familia de La Plata controla que siga adelante con el tratamiento psiqui√°trico y busca que se reinserte en la sociedad.

En Patagones nunca m√°s lo vieron ni supieron de √©l. La tristeza sigue intacta. La ciudad pas√≥ a ser conocida por la masacre; les duele. Quince a√Īos, una herida abierta.

ADEM√ĀS

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