José M. de Areilza: Locura con método

Cualquiera con un conocimiento mínimo del sistema político británico debería ver con alarma la clausura temporal de las cámaras legislativas. Es un desprecio a la constitución no escrita del Reino Unido en el momento más delicado de su historia política reciente. Un gobierno sin mayoría en cuestiones de Brexit reinterpreta el mandato popular del referéndum y se libra de la rendición de cuentas y los controles políticos debidos.

La guerra relámpago de Boris Johnson ha activado distintas iniciativas en contra: recursos judiciales, movilizaciones populares, leyes exprés. Son medidas de emergencia con el fin de defender un venerable sistema constitucional construido en torno al papel central del parlamento. Si la estrategia de hechos consumados de Boris funciona, podrá concurrir a unas elecciones generales en situación de ventaja y reemplazar lo que queda de la democracia representativa por su peculiar «cocktail» de nacionalismo y populismo. Lo intentará hacer tanto si logra in extremis un acuerdo de salida con la UE como si los negociadores de Bruselas no ceden a sus tácticas de choque y finalmente hay Brexit sin acuerdo. El «premier» planteará estos comicios anticipados como una contienda épica entre el pueblo y unos representantes que ignoran los miedos de los votantes.

De las diferentes opciones contra el plan del primer ministro, solo una moción de censura con candidato alternativo ofrece la certeza de lograr un frenazo en seco a esta deriva. Se trata de lo que Hugo Dixon ha llamado «la opción nuclear», la operación nada sencilla de sustituir a Boris Johnson por un primer ministro de consenso. Su tarea sería mandar al aprendiz de revolucionario a la oposición, pedir una nueva prórroga a la UE y convocar elecciones o un segundo referéndum. Jeremy Corbyn ansía este puesto interino, pero es una candidatura que provoca enorme rechazo en todos los partidos, incluido el suyo. El conservador Ken Clarke o la laborista Harriett Harman, diputados de larguísima trayectoria, podrían llegar a concitar suficiente apoyo.

Queda muy poco tiempo para pulsar el botón: si se espera a la recta final del Brexit, con las cámaras de nuevo activas en la segunda quincena de octubre, el gobierno podría desoírlas, acelerar hacia el precipicio de la salida sin pacto y culpar a sus oponentes de todos los males que vengan. Sin embargo, es más probable que Johnson consiga exhibir como triunfo un acuerdo de última hora con la UE, basado en el que consiguió Theresa May, aunque con la salvaguarda irlandesa debidamente disimulada y aplazada. En tal caso, los rebeldes conservadores no tendrían causa, muchos volverían al redil y Boris campearía triunfante. William Shakespeare ya lo anticipó en Hamlet: «Aunque esto sea una locura, responde a un método».

José M. de AreilzaArticulista de OpiniónJosé M. de Areilza

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