«José K, torturado»: confesión de un terrorista

En marzo de 1996, el periodista donostiarra Javier Ortiz (vinculado durante años con la extrema izquierda), intervino en las jornadas «Diez años contra la Tortura», organizadas en Madrid por la Asociación Contra la Tortura. Esta intervención fue el origen «José K, torturado», un espectáculo creado y dirigido por Carles Alfaro que, interpretado por Pedro Casablanc, se estrenó en el Teatro Español hace siete años. El Teatro de La Abadía lo recupera ahora dentro de su línea de programación centrada en la ética y la responsabilidad. Se trata de un espectáculo distinto, con otro intérprete, en este caso Iván Hermés. «Es diferente porque yo he cambiado -dice Alfaro-, porque el actor es diferente y porque el momento que vivimos es diferente; el listón ético y político está cada vez más bajo, estoy cansado de la falta de diálogo político; creo que la dialéctica es esencial, y en el fondo estamos hablando del miedo y de la doble moral».

«José K, torturado» es el monólogo de un terrorista al que la policía ha detenido. En una plaza porticada -«yo me he imaginado la Plaza Mayor de Madrid», dice Alfaro- se va a celebrar un acto político multitudinario y un viejo inspector de policía, por casualidad, ha visto allí al citado terrorista, «alias José K.», un gran expecialista en explosivos. Se le detiene y reconoce que acaba de colocar una bomba de gran potencia, pero no quiere decir ni dónde ni cuando explotará. No hay apenas tiempo, el desalojo podría causar un caos y más víctimas que la propia bomba. Hay que conseguir que José K. confiese. Y aquí se plantea la pregunta que es la columna vertebral sobre la que se asienta el texto de Javier Ortiz: ¿Estaría justificada la tortura de un ser humano para conseguir evitar una masacre? ¿Es lícito aplicarla para evitar un mal mayor?

Decía Javier Ortiz que la doble moral y el miedo están muy arraigadas en nuestro inconsciente colectivo, «y nos permiten coexistir con las mayores aberraciones; es más, a veces nos empujan a aferrarnos a ellas. Nuestra sociedad no sabe nada de la tortura. Y no sabe nada de la tortura porque no quiere saber nada de la tortura».

En «José K, torturado», quien habla es el terrorista. Dice Carles Alfaro que no es un loco ni un fanático; es un hombre extremadamente inteligente, consciente de que es un monstruo. Es un ser que odia a la humanidad… Pero lleno de razones. Razones como las que muchos de nosotros tenemos. Solo que hay quien no atraviesa la línea y hay quien lo hace. Como José K, que es perfectamente consciente del daño que hace. Reconoce el director que «es incómodo escucharle; me he acercado al texto con muchísimo respeto. Pero a mí, toda la vida, se me ha negado, como a muchos, la voz del terrorista, y yo quiero saber qué hay detrás. Pero quiero dejar claro que escuchar no significa aceptar. Creo, sin embargo, que no se puede combatir algo sin conocerlo».

Alfaro ha creado un espectáculo en el que presenta al terrorista desnudo, de espaldas al público, encerrado en una jaula de cristal de un metro cúbico herméticamente cerrada, «una celda real de aislamiento, en la que una persona no puede ni ponerse totalmente en pie ni tumbarse». En ella, José K. confiesa su historia.

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