Johnny Cash en blanco y negro

¬ęLos sue√Īos siempre han desempe√Īado un importante papel en mis asuntos. Por ejemplo, varias veces he so√Īado con canciones nuevas que nunca hab√≠an sido cantadas, y entonces me despertaba y las escrib√≠a¬Ľ, explica Johnny Cash en la introducci√≥n -lo mejor del libro- a ese extra√Īo artefacto con mucho de auto-exorcismo y acci√≥n de gracias que es la meta-novela parab√≥lica El hombre de blanco. Fruto raro de un cantautor en horas baj√≠simas del a√Īo 1986 (hab√≠a sido abandonado por Columbia, su discogr√°fica de cabecera) y narrando la vida y padecimientos y gloria del ap√≥stol Pablo como si fuesen propios.

Resurrección

Quince a√Īos despu√©s, Cash (1932-2003) estaba de regreso en lo m√°s alto. Se hab√≠a producido el impensable milagro transmigrante de ser un s√≠mbolo de todo lo reaccionario para mutar a icono cool-hip de las nuevas generaciones cortes√≠a de la resurrecci√≥n magistralmente orquestada/manipulada por el productor Rick Rubin para su serie de American Recordings. All√≠, un hoy impensable para los tiempos que corren videoclip para ¬ęDelia‚Äôs Gone¬Ľ con una Kate Moss baleada por Cash y cant√°ndole sin culpa a su tumba. Y all√≠ tambi√©n Cash registraba con esa voz la que ser√≠a su √ļltima gran canci√≥n y una las mejores entre las suyas, tan importante y duradera como ¬ęI Walk the Line¬Ľ y ¬ęRing of Fire¬Ľ y que, s√≠, le lleg√≥ en un sue√Īo en el que visitaba el Palacio de Buckingham y la Reina le dec√≠a ¬ęJohnny Cash, eres como un √°rbol de espino en un tornado¬Ľ.

Y la canci√≥n -¬ęThe Man Comes Around¬Ľ, una serie de postales apocal√≠pticas describiendo lo que suceder√≠a cuando se produjese la segunda venida de ¬ęEl Hombre¬Ľ- se mov√≠a y estremec√≠a entre flam√≠gera imaginer√≠a b√≠blica y domesticidad campesina. Y consegu√≠a una mezcla poderosa reafirmando el convencimiento de Cash de ser pecador y evangelista y demonio y profeta y, finalmente, mito viviente y sobreviviente a su propio mito. Como Pablo.

La gran biograf√≠a de Robert Hilburn (ya hab√≠a, entre otras, un par de menos que confiables pero muy sabrosas y automit√≥manas autobiograf√≠as) da cuenta de todo ello y lo presenta como a uno de los mitos fundamentales de la m√ļsica de los Estados Unidos. Y, tambi√©n, de los m√°s completos. Porque Cash no se conform√≥ con una sola etiqueta para su estilo pero s√≠ se las arregl√≥ para apuntarse a todas las fiestas. Sali√≥ de farra con Elvis, defendi√≥ a Bob Dylan cuando todos lo atacaban (en su eleg√≠a, Dylan defini√≥ a Cash como aquel que ¬ęfue y seguir√° siendo la Estrella del Norte; puedes orientarte y guiar tu barco gracias a √©l: el m√°s grande, ahora y siempre¬Ľ) y grab√≥ junto a U2.

No se conformó con una sola etiqueta. Se las arregló para apuntarse a todas las fiestas

Y, sobre el final de su discograf√≠a, version√≥ a Nine Inch Nails (abdujo a su ¬ęHurt¬Ľ para hacerlo suyo con un video casi ag√≥nico pero inmortal), a los Beatles, a Will Oldham, a Simon y Garfunkel, a Beck, a Nick Cave, a Depeche Mode, a quien se le diera la gana, sabiendo que ya nada le era ajeno porque √©l era de todos. Iguales modales mostr√≥ fuera de los estudios. Fue Jekyll y Hyde. Cristiano apasionado pero no fan√°tico y patriota confeso lejos de todo patrioterismo. Lo que no le impidi√≥ disfrutar de la condici√≥n de lobo feroz a la hora de la correcci√≥n pol√≠tica o correcci√≥n a secas: adicto ¬ęa 100 pastillas al d√≠a¬Ľ, capaz de arrojar un tractor desde un acantilado para ¬ęver c√≥mo cae¬Ľ, siempre dispuesto a derribar a hachazos una pared de cuarto de hotel ¬ęporque ten√≠a ganas de hacerme una suite¬Ľ y la anfetam√≠nica bestia negra que destroz√≥ a patadas todas las luces del escenario del hist√≥rico Grand Ole Opry de Nashville sin por eso interrumpir la canci√≥n que estaba escupiendo.

Discos en la trena

Fue a la c√°rcel varias veces y sali√≥ de la c√°rcel otras tantas y volvi√≥ a la c√°rcel para registrar en directo y frente a un euf√≥rico p√ļblico criminal dos discos de antolog√≠a repletos de canciones asesinas: Johnny Cash at Folsolm Prison (de 1968, Hilburn fue el √ļnico periodista all√≠ presente) y Johnny Cash at San Quentin (1969). Vestido de negro, pelo engominado, mirada fulminante y dicci√≥n y fraseo de pozo sin fondo. As√≠, Johnny Cash como el perfecto c√≥mplice y el implacable autor intelectual que -nada es casual- fue uno de los mejores ¬ęasesinos invitados¬Ľ en toda la historia de la serie Columbo.

Tambi√©n, claro, su relaci√≥n con June Carter: una love story paradigm√°tica si alguna vez la hubo y merecedora de una biopic que no estaba nada mal a pesar de su voluntad de cuento de hadas. Film que retrataba apenas una parte del curriculum que lo llev√≥ a los Halls of Fame de songwriters, rockabilly, rock and roll, country-music y gospel (el √ļnico hasta la fecha en conseguir los cinco t√≠tulos) y al que, para hacerle justicia, requerir√≠a de unas siete temporadas marca HBO o Netflix.

Hilburn, sin embargo, cuenta todo lo que hay para cantar (el manager de Cash le dijo que s√≥lo se hab√≠a narrado el 20% de la saga) y el propio Cash lo reescribe religiosamente con Pablo rumbo a Damasco como espejo en el que le gustar√≠a mirarse y comprenderse sabi√©ndose alguien ¬ęcon una gran empat√≠a hacia la naturaleza humana en las m√°s dif√≠ciles situaciones¬Ľ. Est√°n advertidos: en m√°s de unas cuantas p√°ginas del libro de Hilburn, el emp√°tico y estudioso de la naturaleza humana Cash es un cretino y un mentiroso y un maltratador y una ultraviolenta bestia de cuidado. Y no es casual el que, en 2015, una nueva especie de tar√°ntula avistada en las proximidades de Folsom Prision haya sido bautizada como Aphonopelma johnnycashi.

Sue√Īo y pesadilla

Del lado oscuro y de la luz encandiladora -cada uno a su manera pero, s√≠, orient√°ndose por una misma estrella- tratan estos dos libros. La obra y la vida de un so√Īador que pod√≠a llegar a ser una pesadilla. Alguien quien poco antes de morir -un periodista le pregunt√≥ si se sent√≠a enojado con Dios por la mala jugada de tantas enfermedades- gru√Ī√≥: ¬ę¬°No! ¬°No! Yo nunca me enojo con Dios. No tengo nada que reprocharle¬Ľ. Entonces en voz baja y con sonrisa torcida y mientras la enfermera se lo llevaba de regreso a su habitaci√≥n, Cash a√Īadi√≥: ¬ęMis brazos… Mis brazos son demasiado cortos para boxear con Dios¬Ľ.

Aquí -en dos libros que son como rounds que van del O.K. al K.O.- el otro Hombre vuelve por aquí.

Y vuelve para quedarse.

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