Joan Baez se despidi√≥ en Madrid de los escenarios: realiz√≥ ayer su √ļltimo show

Joan Baez le dijo adiós a los escenarios anoche en Madrid Fuente: Archivo

“Este es mi √ļltimo concierto de mi √ļltima gira”, anunci√≥ Joan Baez a la media hora justa de recital, por si quedaba alg√ļn despistado entre los 1750 asistentes que hab√≠an agotado el papel en el Teatro Real madrile√Īo. Lo dijo sin atisbo de dramatismo y con tanta naturalidad que aprovech√≥ justo ese momento para deshacerse de las sandalias y pisar con los pies desnudos el √ļltimo de sus m√°s de 5000 escenarios. Asumir el final no es el m√°s dulce de los platos, pero la sabidur√≠a ayuda a interiorizar los ciclos de la vida. Y esta vez asum√≠amos el inmenso honor de sentarnos frente a una mujer inmensamente sabia.

Si nada o nadie lo remedia, Baez se subi√≥ ayer por √ļltima vez a unas tablas. No es el Real un mal sitio para despedirse, desde luego: hermoso, distinguido y con una ac√ļstica inmaculada. Joan sigue tan linda y estilosa como de costumbre, cabellera n√≠vea a juego con la chaqueta, espl√©ndida a sus 78 primaveras, cristalina en su timbre e inquebrantable en el compromiso con las causas justas, que a menudo coinciden tambi√©n con las perdidas. No hay carencias o limitaciones que obliguen a esta retirada, m√°s all√° del leg√≠timo anhelo de sosiego e introspecci√≥n para encarar el √ļltimo tramo del camino. Pero la ilustr√≠sima Joan Chandos se hace a un lado sin que nadie pueda formularle un solo reproche de enjundia ni a su integridad ni a su expediente. La decisi√≥n del adi√≥s est√° tomada y, parafraseando la canci√≥n que le serv√≠a de apertura, no tiene por qu√© pens√°rselo dos veces. As√≠ est√° bien.

“Don”t Think Twice, It”s Alright” constituy√≥ solo la primera incursi√≥n en el repertorio de Dylan, de quien nuestra protagonista fue pareja y musa. Se suceder√≠an m√°s tarde “It Ain’t Me Babe” (en una lectura particularmente hermosa, gracias a los sutiles arabescos de Dirk Powell con la guitarra el√©ctrica), y “Forever Young”, aunque a la n√≥mina tambi√©n podr√≠a de alguna manera a√Īadirse “Diamonds & Rust”. Un cat√°logo de fascinaciones, reproches y cicatrices sobre la relaci√≥n con el bardo y la oportunidad magn√≠fica para deleitarnos con la intersecci√≥n entre las voces de Joan y Grace Stumberg, una de sus innumerables j√≥venes herederas.

Es curioso que estos Diamantes… fueran durante la √ļnica aportaci√≥n de Baez en toda la noche como autora, otro detalle que refrenda su generosidad y talante humilde despu√©s de 59 a√Īos de trayectoria discogr√°fica. La neoyorquina quiso dedicarle sus √ļltimos 87 minutos de oficio a algunos de los hombres que han definido no solo su obra musical, sino su mirada hacia este mundo apasionante y turbulento que nos ha tocado en suerte, Y eso incluye a Leonard Cohen (“Suzanne”), Donovan (“Catch the Wind”), Kris Kristofferson (“Be and Bobby McGee”), Lennon (“Imagine”) o Paul Simon (“The Boxer”), pero tambi√©n a luminarias menos populares como Earl Robinson, cuyo Joe Hill hizo fortuna entre la brigada Abraham Lincoln para la resistencia antifranquista.

Con el mismo espíritu y sin una lágrima derramada

Una debilidad absoluta para nuestra dama, que conste. “La cant√© en Woodstock; la he cantado en cualquier parte del mundo, con gobiernos de izquierdas o de derechas, y la sigo tarareando en la ducha”, enumer√≥. Y otro ejemplo de que el cancionero de Joan nunca consentir√≠a un significante carente de significado. Ya hab√≠a sucedido minutos antes con “Deportees”, de Woody Guthrie, tan vigente como parapeto frente a quienes con tanto desparpajo pregonan ahora su odio. “No es tiempo de construir muros”, anot√≥ Baez, “sino de alimentar al hambriento y vestir a quien est√° desnudo”.

La generosidad de esta mujer admirable se reafirm√≥ con la invitaci√≥n a Amancio Prada para cantar en buen gallego “Adi√≥s r√≠os, adi√≥s fontes”, aquella despedida de Rosal√≠a de Castro que en una ocasi√≥n como esta sonaba a√ļn m√°s “morri√Īenta”. Igual que era dif√≠cil no sentir esta vez un escalofr√≠o con un verso particularmente conmovedor de “The Boxer”: “Me estoy marchando, pero el fuego a√ļn permanece”. Pero Joan Baez rehuy√≥ el drama y el sentimentalismo. Solo dijo estar “alegre, pero triste” y “Gracias a la vida”, el cl√°sico de Violeta Parra escogido como √ļltimo t√≠tulo antes de los bises, son√≥ m√°s gr√°cil, amable y andino que eleg√≠aco.

Ni siquiera quiso Baez hacer especial hincapi√© en que Gabriel Harris, el percusionista de su tr√≠o acompa√Īante, fuese su propio hijo. No hubo ni una sola l√°grima en esta p√°gina para la historia que se marca el Universal Music Festival; si acaso, alg√ļn que otro temblor. Lleg√≥ la √ļltima tanda de bises, con “No nos mover√°n”, “Donna, donna” y “Dink”s Song”, y el √ļltimo estribillo, “Adi√≥s, mis amigos, adi√≥s”, qued√≥ prendido en un viento esta vez m√°s mesetario que dylanita. Porque seguimos sin encontrar muchas respuestas decisivas, solo que a partir de hoy ni siquiera contaremos con la ayuda de Joan Baez para buscarlas.

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