Javier Oliveira

Son tantos artículos sobre Via Veneto que alguien podría preguntarse por qué uno más. Es una pregunta razonable pero me da igual. Javier Oliveira, a quien nunca le había dedicado un artículo entero, tal vez por dar por descontado su talento, es un Via Veneto dentro de Via Veneto, una experiencia distinta de las demás.

Javier no es un maitre ortodoxo, ni guarda las distancias. A veces les dice «jefe» a los clientes y les toca demasiado. Pero es un camarero único en España. Sin que le importen sus galones, ni el academicismo barato, es capaz de resolver cualquier necesidad que un cliente le pueda plantear.

No estamos hablando de un bar de menĂşs ni de un salĂłn de banquetes. No estamos hablando del Grupo Tragaluz ni de tanta prostituta ofrecida en sacrificio del mejor descuento -que no es lo mismo, pero es igual.

Estamos hablando de Via Veneto, y de la flexibilidad que da la inteligencia. Si la familia Monje ha definido los parámetros de lo que es un gran restaurante, Oliveira sabe interpretar, con su sentido del humor y su riesgo, con su inteligencia y su talento, lo que es un gran restaurante para todos. Y todavía más: no hay ningún restaurante en el mundo -y cuando digo «en el mundo» no es una exageración y soy muy consciente de lo que digo- que sepa interpretar lo que es ser su cliente y lo que por él puede hacer.

Vayan a Via Veneto sin ningún apriorismo, lleguen y pregunten por Javier: déjense hacer. No quieran opinar sobre lo que no saben. Cuando reserven pregunten si estará él. Cuéntenle lo que les gusta y lo que no pueden soportar: digan la verdad, sin fingir cosmopolitismos que en realidad no tienen. Via Veneto no ha venido al mundo a juzgarles, sino a quererles. Y a servirles en todo lo que puedan necesitar. Cuando llamen para reservar, reserven a Javier y no se preocupen de nada más.

En Barcelona hay muy buenos cocineros, pero maitres que sepan arriesgar con la fiabilidad de Oliveira hay muy pocos, por no decir ninguno. Cualquier gran casa necesita alguien que conozca sus secretos más allá de la inercia de los clientes, que suelen repetirse en lo que ya conocen porque les da más seguridad. Es de un mérito extraordinario que Javier haya sido capaz de rescatar a tantos «regulars» de su zona de seguridad, para mostrarles un mundo nuevo que Via Veneto ofrece y que ellos nunca habrían podido conocer si hubieran seguido el hilo de su voluntad.

No se trata de dinero, ni de exagerar. Hay un Via Veneto para cada cual y Javier Oliveira lo sabe identificar. Necesitamos embajadores, como Dante tuvo a Virgilio en el infierno y a Beatriz en el Paraíso. Hay un Javier que reclama un espacio en nuestras vidas, para mejorarlas. Hay una esperanza de mundo mejor que se concreta en el atrevimiento fértil de hombres valientes como él. Via Veneto no es un restaurante, sino un estado del espíritu. Javier es el alma que nos conduce para conocerlo hasta el final.

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