James Whiteside: el brillante bailarín clásico que disfruta desafiar las expectativas

Estrella del American Ballet Theatre, el artista tiene “otras vidas” como cantante pop y drag queen; esta noche, en la Gala Internacional de Ballet, mostrará además una pieza contemporánea Crédito: Silvana Colombo

Estrella del American Ballet Theatre, el artista tiene “otras vidas” como cantante pop y drag queen; esta noche, en la Gala Internacional de Ballet, mostrará además una pieza contemporánea

James Whiteside es bailarín y coreógrafo del ABT (American Ballet Theatre), la compañía norteamericana de fama mundial. Esta noche y mañana, en el marco de la IX Gala Internacional de Ballet de Buenos Aires que se realizará en el Teatro Coliseo, bailará junto a Erica Lall un pasaje de El corsario y Wallflower, un trabajo de decidido corte contemporáneo que lleva su firma y su cuerpo a escena.

La paleta expresiva de este señor alto y decididamente amable está atravesada por lo diverso. James también es Ühu Betch, una reconocida drag queen que suele habitar bares de Nueva York, y es también JBDubs, un cantante y compositor del circuito under del pop. Llegó a Buenos Aires desde Asunción del Paraguay, y hace pocos días bailó en el cumpleaños número 61 de su amiga Madonna. Dos meses atrás estaba en París, modelando para el diseñador Thom Browne, el que deconstruyó los típicos trajes del armario masculino. Mientras tanto, en los grandes escenarios del mundo clásico suele encarnar al príncipe azul de bellas y frágiles princesas de tutú y zapatillas en punta que siguen la métrica del más ferviente romanticismo.

¿Será que la multiplicidad de estas fotos lo identifican? “No sabría qué decirte -apunta a LA NACION con cierta sonrisa entre pícara e inocente-. Puedo asegurar que no había imaginado todo esto. Lo cierto es que estoy conociendo gente muy bella por el camino”.

En su propio camino, después de practicar varios deportes, comenzó a bailar a los 9 años. Fue, como es lógico a esa edad, un juego. Después de estudiar jazz y hip hop en Boston tomó el rumbo de la danza clásica. “Mis maestros me decían que tenía mucho potencial y que no podría avanzar más si no tomaba clases de ballet. En verdad no era algo que se me hubiese ocurrido hasta que una vez vi una gala del ABT en Nueva York. No recuerdo muy bien qué pasaba en escena, sí recuerdo que me quedé sorprendido por el poder, por el glamour de ese baile”.

Así fue como un artista con una paleta tan amplia empezó a entrenar duramente para encarar roles clásicos tan estrictos. “Cuando tenía 15 o 16 años me di cuenta de que, aunque sabía que era una camino muy duro, quería meterme a fondo con el ballet. Soy un tipo con mucha determinación y lo importante era llegar a la meta, al objetivo, y por eso apunté por ese lado”, comenta. El mismo día de la entrevista, Whiteside tomó clases en el Teatro Colón.

Expresividad

Decididamente, determinación no le falta. Libertad expresiva, tampoco. Así es que tanto la drag queen que suele habitar sótanos neoyorquinos como el cantante pop habitan muchas noches del año los grandes escenarios asumiendo estrictos roles de reyes y príncipes clásicos. “Me gusta transformarme y me gusta transformar a los personajes, sean gay, hetero o trans. Por fuera del ABT hago cosas que me divierten, como la música y otras maneras de bailar. Es cierto que quisiera una variedad más amplia de personajes para interpretar en el ballet. Hay demasiados príncipes -comenta, con cierta cara de resignación-. Estoy tratando de trabajar en eso, de crear obras en esa dirección. Espero poder hacerlo en el ABT”.

El artista del romanticismo, rostro y cuerpo del ABT

Al American Ballet Theatre ingresó en 2012. Su primera partenaire fue Paloma Herrera, actual directora artística del Teatro Colón. Ahora comparte barra con Herman Cornejo (“uno de mis bailarines favoritos) y con Luciana París (“una amiga del alma”). “El ABT invirtió en mí como artista y como persona. Por otra parte, amo vivir en Nueva York, esa ciudad está en mi corazón”, cuenta Whiteside, que además escribe poesías y cuentos.

Su corazón también está habitado por Ühu Betch, su personaje drag, que es parte del colectivo The Dairy Queens: “Es una chica muy loca, glamorosa, diferente a otras chicas drags. Todo es muy divertido y es muy extraño en ese mundo. Ühu es un desafío para mí mismo. Es tomar lo que se me pasa por la cabeza y no tener miedo de explorarlo. Comenzó cuando con unos amigos quisimos ir a unos bares a descontrolar -se ríe-. Y siguió. Me gusta explorar lo que se me pasa por la cabeza”.

Cualquiera podría pensar al ver a Whiteside subido a unos impresionantes stilettos mientras hace unas desbocadas piruetas, que alguna autoridad del ABT podría poner al príncipe de tantas obras románticas en la más austera capilla. No es así: “Hacemos esas presentaciones en mis vacaciones. Por lo cual no pueden decirme nada. Yo trabajo muy duro, sé que soy un buen empleado de la compañía y ellos apoyan todas mis facetas expresivas. Todas son parte de mí. Aunque parezcan cosas muy separadas, todo se junta y yo no hago diferencias”, afirma con suma convicción.

A este amante de la comedia musical (“me gusta actuar, cambiar de personajes, cantar”), a quien le hubiese fascinando bailar para Bob Fosse, le tocará interpretar, en el marco de la gala en el Coliseo, un pas de deux de El corsario, obra estrenada en la Ópera de París en 1856, y Wallflower, obra recientemente ovacionada en Asunción del Paraguay.

Esta última obra lleva su firma (así como la de JBDubs, el músico que habita el cuerpo del mismo James Whiteside). “La pieza se centra en gente que no quiere bailar. Sobre ese tipo de gente que va a un bar y se sienta en un sofá sin hablar mientras escucha música. La coreografía toma elementos de adagios y de la danza acrobática. Te diría que son tres minutos de pura energía”, apunta James, el enérgico, al que sí le gusta bailar.

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