Irlanda y Escocia complican los planes de Boris Johnson de un Brexit sin acuerdo

No es posible definir dos ambientes políticos más divergentes hablando del mismo problema. Mientras en Londres el nuevo primer ministro Boris Johnson multiplica sin parar los discursos dramáticos y maximalistas, recordando que su intención es desconectarse de la Unión Europea el 31 de octubre «pase lo que pase», en Bruselas la Comisión Europea está de vacaciones, con apenas un puñado de funcionarios de guardia y en la sala de prensa se habla sin gran emoción de otros problemas irrelevantes para el caso.

La libra esterlina registraba ayer una caída casi traumática, comparada con su histórica estabilidad respecto al euro mientras que la Comisión daba cuenta sin mucho entusiasmo de un nuevo paquete de inversiones del «Plan Juncker» dedicado a la implantación de la economía circular en Holanda.

Desde Edimburgo, la primera ministra escocesa, Nicola Sturgeon, respondió a la visita de Johnson el lunes con la amenaza explícita de que acelerará los preparativos para pedir un segundo referéndum sobre la independencia de Escocia ante la perspectiva de la salida incontrolada de la UE y el propio primer ministro británico dejó claro ayer en su visita a Gales que no piensa ni siquiera negociar con Bruselas si la UE no accede primero a modificar sus posiciones y abandona la idea de una salvaguarda irlandesa. Y se lo repitió ayer al primer ministro irlandés Leo Varadkar en la primera conversación telefónica que han mantenido desde la llegada de Johnson al 10 de Downing Street, en términos poco tranquilizadores.

Salida ordenada

En contraste, la última vez que la Comisión se ha pronunciado públicamente sobre la situación, este lunes, no daba la impresión de que sus responsables estuvieran dispuestos a hacer nada para contribuir a suavizar las cosas ante la perspectiva cada vez más probable de un Brexit sin acuerdo: «Nuestro escenario preferido es una salida ordenada», dijo la portavoz de guardia. Pero en caso de que se cumplan los peores augurios, «la Comisión está preparada. La preparación del Reino Unido no es asunto nuestro. Hemos presentado 19 propuestas legislativas, todas ellas han sido adoptadas, junto con otros 63 actos no legislativos y 100 notas de preparación» para los funcionarios.

Si la política de Bruselas no es dejar que Boris Johnson se siga cociendo en su propia salsa, lo que hacen desde Bruselas se le parece bastante. Probablemente porque no pueden hacer mucho más ante una situación que no tiene precedentes. Por ahora, las encuestas señalan que Johnson ha sido el líder conservador contemporáneo que más he hecho subir las encuestas de apoyo al partido desde su nombramiento, pero también el que más ha hecho bajar la cotización de la libra en el mismo periodo.

Sin embargo, además del de Irlanda, el problema que Bruselas mira seguramente con más atención es el de Escocia, cuyos habitantes votaron masivamente a favor de permanecer en la UE y para los que el Brexit puede suponer el argumento definitivo para imponer una mayoría en favor de la independencia.

Sturgeon dijo el lunes que está convencida de que Johnson se dirige hacia un Brexit sin acuerdo con su insistencia en exigir que la UE renuncie primero a sus posiciones, pactadas con la anterior jefa del Gobierno británico, Theresa May. «Todo me hace pensar que a pesar de lo que Johnson pueda decir públicamente acerca de su preferencia por llegar a un pacto, en realidad está persiguiendo un Brexit sin acuerdo porque esa es la lógica de la posición de línea dura que ha tomado y creo que es extremadamente peligroso para Escocia y para todo el Reino Unido».

Sturgeon ha insistido formalmente en que su Gobierno iniciará este verano los preparativos para pedir un segundo referéndum -que Johnson ya ha dicho que no concederá- y que el calendario de este proceso estará vinculado al desarrollo de las negociaciones con Bruselas. «Naturalmente, lo que ocurra durante ese período con las negociaciones sobre el Brexit tendrá un impacto directo en la decisión que tomemos» sobre el segundo referéndum de independencia, dijo Sturgeon.

Una de las características de esta situación, y que el negociador europeo Michel Barnier, ha subrayado desde el principio es que no tiene precedentes. Las negociaciones internacionales han funcionado siempre construyendo un modelo de convergencia de dos entidades, nunca al revés. En este caso es fácil interpretar que la caída de la libra, acentuada ayer desde la apertura de los mercados asiáticos, obedece a este ambiente de incertidumbre por lo que pueda suceder, pero en realidad nadie lo sabe. De hecho, la Confederación de la Industria Británica (CBI), la principal organización de empresarios del país, cree que ni la UE ni el Reino Unido están listos para un Brexit sin acuerdo, que es el escenario que prevén si se mantiene el rumbo señalado desde el primer día por el nuevo Primer Ministro. Michael Gove, el auténtico brazo derecho de Johnson, explicó que el Gobierno británico trabaja intensamente para preparar el supuesto de una salida sin el acuerdo el 31 de octubre.

Es posible que esta situación se mantenga así al menos hasta el 17 de octubre, cuando está previsto el próximo Consejo Europeo, al que Johnson estará aún invitado.

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