Hay que superar la maldición del bimonetarismo

El largo atraso de nuestro país solo quedará en el pasado con la profundización de medidas contrarias al populismo económico Fuente: LA NACION РCrédito: Alfredo Sabat

“La polic√≠a brasile√Īa hall√≥ m√°s de 51 millones de reales, unos 16,35 millones de d√≥lares. en un supuesto b√ļnker de un exministro de Temer”, informaba el diario digital El Mundo, el 6 de septiembre de 2017. Surge, inevitable, la certera imagen de Jos√© L√≥pez arrojando bolsos millonarios en d√≥lares y euros en un convento. En Brasil hasta el fruto de la corrupci√≥n est√° en moneda local, algo impensable en la Argentina. No hay forma m√°s elocuente de intuir qu√© es una econom√≠a bimonetaria. Aunque no lo sepa la mayor√≠a de los argentinos ni buena parte de la dirigencia, sin superar el bimonetarismo ser√° dificil√≠simo dejar atr√°s las crisis cr√≥nicas y el largo retraso de nuestro pa√≠s.

Cumplimos a la perfecci√≥n los cinco rasgos de este mal. Uno es el uso del d√≥lar como unidad de cuenta patrimonial, para el ahorro y las grandes transacciones; el peso solo se usa para lo cotidiano, el pago de salarios e impuestos y el gasto p√ļblico. Segundo, el mercado financiero en pesos es √≠nfimo: menos de un quinto del de Chile y menos de un cuarto del de Brasil, en porcentaje del PBI. Esto limita el cr√©dito en pesos, y gobiernos y privados se endeudan en moneda extranjera, acentuando nuestra inestabilidad. Tercero, nuestras devaluaciones se trasladan a los precios mucho m√°s r√°pido que en otros pa√≠ses. Per√ļ y Uruguay son parcialmente bimonetarios, pero entre 2013 y 2016 devaluaron sus monedas 25,2% y 47,3%, y sus inflaciones aumentaron solo 0,8 y 1 punto porcentual anual, respectivamente, algo impensable aqu√≠. Cuarto, las curvas de oferta y demanda de divisas se invierten con frecuencia y, por ejemplo, se demandan m√°s d√≥lares cuando sube su precio. Quinto y √ļltimo, la Argentina exporta alimentos, pero todav√≠a no encontr√≥ otro camino que reprimir las ventas externas para amortiguar las tensiones entre ellas y los salarios. S√≠ lo ha logrado, por ejemplo, Uruguay.

Las dos causas inmediatas de esta patolog√≠a son una inflaci√≥n cr√≥nica de 75 a√Īos y repetidas rupturas de contratos dictadas por el Estado, incluyendo defaults de la deuda p√ļblica, expropiaciones y pesificaciones de dep√≥sitos y cepos cambiarios. La inflaci√≥n es cr√≥nica porque los argentinos “logramos” derrotar a cuanto plan de estabilizaci√≥n se nos interpuso, aun a los diez m√°s integrales, ya fueran ortodoxos o heterodoxos, con gobiernos militares o democr√°ticos, peronistas, radicales o de un tercer partido. Subyace a ambas causas el d√©ficit fiscal, tambi√©n cr√≥nico y enraizado en el gastar y consumir todo lo posible, sobre todo en divisas. Tal es la esencia del populismo econ√≥mico, tan frecuente en nuestro pa√≠s: maximizar el consumo presente hipotecando el futuro. Su maridaje con la econom√≠a bimonetaria est√° en la ra√≠z de la profundidad de nuestras crisis econ√≥micas. Si, en cambio, ellas hubieran sido m√°s normales -como las de Brasil, Chile, Nueva Zelanda y Uruguay- nuestro ingreso por habitante ser√≠a hoy solo un 15% inferior al promedio de Espa√Īa e Italia, y no la mitad, como es en la realidad.

No hay manual completo para salir de este atolladero. Quien lo redacte ser√° muy popular en la Argentina, y tambi√©n serio candidato al Premio Nobel de Econom√≠a. No es que se parta de cero. Sabemos bastante sobre lo que no hay que hacer y algo de lo que s√≠ hay que hacer. Pero no hay una “bala de plata” que solucione f√°cilmente el problema. En lo fiscal es cr√≠tico aumentar la productividad del gasto, reduciendo el peso muerto del Estado sobre la sociedad y la econom√≠a, y hacerlo con un criterio de productividad inclusiva, no excluyente. Hasta lograr la solvencia fiscal, el gasto p√ļblico debe crecer menos que el producto bruto interno (PBI). Por ejemplo, creciendo el PBI al 4% anual y el gasto al 1%, en cinco a√Īos su peso se reducir√≠a en unos 5 puntos del PBI, llev√°ndolo al nivel de los pa√≠ses emergentes (32,3%) y dando lugar as√≠ a la rebaja de los grav√°menes a las exportaciones y la inversi√≥n. Tambi√©n hay que reducir la evasi√≥n, sobre todo en el IVA y en ganancias de las personas; eliminar los impuestos distorsivos, que suman ¬°12% del PBI!, dos veces los de Brasil y m√°s de 10 veces los de Chile, Uruguay y casi todos los emergentes; llegar a un d√©ficit cercano a 0 y, por cierto, cumplir con los servicios de la deuda p√ļblica y otros compromisos externos e internos. Un programa as√≠, similar al que est√° en curso, reducir√≠a el riesgo pa√≠s a entre 300 y 400 puntos, permitiendo la esencial refinanciaci√≥n de los vencimientos de capital m√°s cercanos.

Obviamente, hay que persistir en un plan de estabilizaci√≥n. La pol√≠tica en curso se fortalecer√≠a con renovados acuerdos sociales y pol√≠ticos que permitieran aprobar en el Congreso las leyes necesarias -como ocurri√≥ en 2017- y ayudaran tambi√©n a combatir ese enemigo feroz que son las expectativas de inflaci√≥n. En materia cambiaria, el fuerte ajuste de 2018 hizo resurgir voces que proponen la dolarizaci√≥n o un tipo de cambio fijo. Pese a mi participaci√≥n en el plan de convertibilidad, creo ahora que ser√≠a un error. Las experiencias de la Argentina y otros pa√≠ses muestran que hay riesgos relevantes de finalizar con una crisis seria. Ciertamente, ella se suavizar√≠a si el cambio fijo se acompa√Īara con una gran disciplina fiscal, cuya carencia fue crucial en la violencia de la crisis de la convertibilidad. Pero ocurre que, al bajar la inflaci√≥n, la estabilidad cambiaria parece “eterna” y se afloja la pol√≠tica fiscal. Adem√°s de su menor explosividad, la flotaci√≥n cambiaria facilita cambios en los precios relativos, tantas veces necesarios. Por ejemplo, si bajan los precios de las exportaciones la ca√≠da de la econom√≠a es mayor con cambio fijo que con flotaci√≥n. En otro orden, es muy dudoso que en un pa√≠s bimonetario sea bueno el movimiento irrestricto de capitales de corto plazo. S√≠ es importante seguir profundizando el desarrollo del mercado financiero en pesos, indexados y no indexados.

¬ŅQu√© dicen al respecto las dos principales fuerzas opositoras, a saber, el Frente de Todos y Consenso Federal 2030? Ambas coinciden en que hay que atacar la inflaci√≥n reactivando primero el consumo. Si fuera tan f√°cil, hace a√Īos que la inflaci√≥n habr√≠a pasado a la historia. Tambi√©n les resta credibilidad el no insinuar siquiera un dejo de autocr√≠tica. Ambos miembros de la f√≥rmula presidencial del Frente de Todos y el candidato a presidente de Consenso Federal fueron protagonistas del gobierno nacional durante la mejor oportunidad de la Argentina en un siglo (2002-2015), que se aprovech√≥ escasamente. Baste recordar que la inflaci√≥n hab√≠a ca√≠do al 4,4% anual en 2004, pero subi√≥ a partir de 2005, desperdiciando as√≠ la mejor oportunidad que tuvo el pa√≠s de lograr una s√≥lida estabilidad de precios. El verdadero desaf√≠o es armonizar las pol√≠ticas de estabilizaci√≥n y solvencia fiscal con el crecimiento. La pol√≠tica econ√≥mica en curso es coherente con los criterios m√°s aceptados sobre estabilizaci√≥n y erradicaci√≥n del bimonetarismo. Pero, dado que el manual es incompleto, tal condici√≥n necesaria no alcanza. La econom√≠a ha empezado a recuperarse, pero lentamente. Por eso es necesario fortalecer las pol√≠ticas vigentes de desarrollo sostenible que buscan, correctamente, el liderazgo de la inversi√≥n y las exportaciones y un crecimiento del consumo algo menor, hasta que aquellas logren los niveles adecuados.

Se trata, pues, de armonizar la estabilización y la erradicación del bimonetarismo con el desarrollo sostenible, una tarea intrínsecamente difícil -no imposible-, pero ciertamente lejana del facilismo que transmiten las principales fuerzas opositoras. El premio a alcanzar es grande, porque terminar con el bimonetarismo y la inflación crónica haría posible el desarrollo inclusivo, con mucha menor pobreza y mayor equidad.

Sociólogo y economista (IAE-Universidad Austral)

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