Guillermo Garabito: ¡No callan, Dios mío!

A mí me gustaría quedarme sin tema un día de estos, que los políticos no hablasen, que no hubiera gente en las terrazas, que los pueblos fuesen mudos. Me gustaría publicar este hueco en blanco y que el lector leyese esta columna sin palabras. Firmar un mar tranquilo, un atardecer rosado de lo que cada uno quisiera entender. Que mi artículo fuese uno de Ruano. Pero los políticos siguen hablando. ¡No callan, Dios mío! Y cuando parece que rozamos eso con la punta de los dedos, que es en verano -porque en verano nunca ocurre nada-, siempre llega el Tour. El Tour es la épica que le queda a la siesta. Lo heroico de un agosto caliente y con sandía. El Tour es el viaje de Ulises a pedales. Beber café y un orujo de hiervas mientras otros suben el puerto. Lo único que mueve y exalta en agosto. Pero yo sigo pensando en esta hamaca si a la vuelta habrá temas. Si se nos habrán muerto todos los Jesús Gil, e incluso Trump que es el remake americano. ¿Y si un día ya queda escrita toda la literatura? O lo que es peor, la actualidad. Qué secreta maravilla. La de columnas que se ahorraría leer uno.

Con suerte volverá a hacer calor, calor del de verdad, mañana y las chicharras y los grillos ensordecerán tanto político, tanta investidura fallida, tanto «y tú más». Los políticos, que este año no callan ni en verano. Los de Cs, que son como los nuevos ricos, siempre sorprendidos. Querían estar en el poder y ahora que han llegado se dan cuenta de que no es su sitio. Que le pregunten a Igea. Se les nota con lo de las listas de espera, que ya provoca tensiones con sus socios. Ahora dicen que de lo prometido en campaña hay que rebajar por la herencia recibida. Lo que no dicen es que en el fondo gobiernan con su propia herencia. Y es que menos formar gobierno, los políticos, hacen muchas cosas: los políticos compran casas en Galapagar, se van a vivir al medio rural para luchar contra la despoblación no yendo por el pueblo, buscan vicepresidencias a su pareja, se hacen hombres de Estado…

Mi verano es más tranquilo, más terrenal. Mi verano son libros y gintonics en La Mudarra, que es la mejor forma de seguir escribiendo, porque no se puede dejar de escribir aunque se vayan de vacaciones estas páginas hasta septiembre. Uno no puede irse de vacaciones, hay que seguir escribiendo incluso cuando el periódico da días libres. Sobre todo por aquello que decía Umbral de que no se puede dejar la baldosa libre del oficio, o cuando se vuelve otro la habrá ocupado.

Por eso él escribía trescientos sesenta y tres días al año. Por eso Conde, Nieto y este servidor nos llevamos esta página de opinión con nosotros, para que nadie nos la quite hasta septiembre.

Guillermo Garabito

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