Google homenajea el 165º aniversario del nacimiento de Teresa Carreño con un ‘doodle’

En un mundo dominado eminentemente por manos de hombres, cuesta encontrar una mujer cuyo legado trascienda una disciplina con la resonancia que ha adquirido tras el paso de los años el nombre de María Teresa Gertrudis de Jesús Carreño García. Música cuyo reconocimiento se desbordaba de las fronteras de Venezuela, donde llegó al mundo un 22 de diciembre de 1853, los expertos en el arte musical la consideran la figura ligada al piano con mayor importancia de la modernidad. Con motivo del 165 aniversario de su nacimiento, Google rinde homenaje a Teresa Carreño con uno de sus tradicionales ‘doodle’.

Así lo ha hecho en las webs de Venezuela, Perú, Chile, Argentina, Uruguay, Islandia, Suecia, Bulgaria, Israel, Vietnam, Japón y España. Bien lo vale, mismamente, su precocidad, que la llevó a dar su primer concierto a los 9 años, nada menos que en Nueva York. Allí se quedó a vivir. Y sólo un año después, dobló la apuesta haciéndolo en la mismísima Casa Blanca, nada menos que para deleite de Abraham Lincoln, por aquel entonces presidente de Estados Unidos. Gottschalk, uno de los artistas que el mandatario tenía en mejor estima, fue el eje en torno al que giró su actuación. Esto último sucedió pese a que el piano con el que tocó Carreño estaba desafinado y, cuando la pequeña se percató, se negó a seguir haciéndolo.

Tal fue su dedicación a las teclas, considerada la artista más prolífica de los siglos XIX y XX en América Latina, que pasó los últimos meses de su vida acatando una prescripción médica de reposo obligado. Cuatro matrimonios y siete hijos la contemplan, además de la relación que estableció con maestros de la época del calado de Ravel, Debussy, Gounod, Rossini, Brahms o Liszt. A todos se los metió en el bolsillo Carreño con una técnica impoluta, a la altura del canón de los elegidos, después de debutar exitosamente en París con 13 años. Fruto de la motivación que el italiano Rossini inoculó en Carreño, la joven venezolana aprendió a cantar. Participó por vez primera como mezzosoprano en la ópera «Los hugonotes».

Su fecundidad en el plano musical dejaba poco espacio para el desarrollo de su vida personal. Se entiende así que de su primer matrimonio, el que contrajo con el violinista Emile Sauret, naciera una niña que acabaría dando en adopción a una amiga. En el segundo, con el barítono Giovanni Tagliapietra, bregó para evitar el mismo error. Con él tuvo tres hijos. También fundó la empresa de conciertos Carreño-Donaldi Operatic Gem Company, a raíz de la cual sufrió sus mayores batacazos en la música. Especialmente duro fue el que sufrió en Venezuela, cuando el rechazo del público que la relacionaba con la propaganda política del gobierno, su condición de divorciada y el bajo nivel mostrado por la ópera que producía hicieron de aquel viaje un calvario.

De vuelta a Europa, Carreño conoce a su tercer marido, Eugêne D’Albert, con el que estuvo entre 1892 y 1895 para, en un cuarto enlace, ligarse a su cuñado Arturo Tagliapetra.

Tras una actuación junto a la Filarmónica de La Habana, le fue diagnosticada una parálisis parcial del nervio óptico tras la que debió guardar reposo total. Eran los años en los que la Primera Guerra Mundial marcaba el paso del mundo. El 12 de junio de 1917 fallece a los 63 años en Manhattan.

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