Ginebras, gominas y telégrafo: historias de un estudio jurídico activo desde 1869

Jorge Otamendi, Agustina Martínez Estrada, Martín Guerrico y Alejandro Breuer Moreno; en los retratos de atrás se ve al fundador, Gustav Breuer (en el medio), Pedro Alberto Breuer (izquierda) y Pedro Carlos Breuer Moreno (derecha) Crédito: Ignacio Sánchez

G. Breuer, fundado por el alemán Gustav Breuer y dedicado a marcas y patentes, trabajó en los primeros registros que hubo en el país; participó de la vida académica y de la redacción de leyes

El joven Gustav Breuer nunca lo hab√≠a imaginado siquiera, pero al llegar a la Argentina en un vapor proveniente de su Alemania natal y al empezar, tiempo despu√©s, a trabajar en la protecci√≥n de marcas y patentes, sent√≥ la piedra fundacional de un estudio jur√≠dico que se convirti√≥ en sin√≥nimo de esa tem√°tica y que este a√Īo celebra su 150¬į aniversario. ¬ŅSu nombre? G. Breuer.

Hace unos a√Īos, los actuales miembros del estudio encontraron un papel sepia que representa el “acta de nacimiento” de G. Breuer, el estudio m√°s antiguo del pa√≠s: se trata de un poder para tramitar un expediente de patentes, otorgado a Gustav el 10 de marzo de 1869. Los apellidos de los examinadores que estamparon su firma all√≠ sonar√≠an fuerte en la historia argentina: Mario Tom√°s Per√≥n, padre de Juan Domingo Per√≥n, y Carlos Enrique Pellegrini, padre de Carlos Pellegrini.

Pero la historia del fundador hab√≠a empezado unos a√Īos antes, en la ciudad alemana de Solingen, donde naci√≥ en 1832. Hijo de un pastor protestante y de una madre cat√≥lica, Gustav ten√≠a 6 hermanos y pertenec√≠a a una familia que desde la Edad Media portaba una gran tradici√≥n entre los gremios de artesanos. A mitad del siglo XIX emigr√≥ a la Argentina y en 1857 se cas√≥ con Eladia Mari√Īo Barrios.

El estudio que Gustav fund√≥, dedicado a la defensa de los derechos de la propiedad industrial (hace juicios, tr√°mites, contratos y asesoramiento sobre esta tem√°tica), tuvo entre sus clientes a cinco de las primeras 30 marcas registradas en el pa√≠s: agua florida Fuente, ginebra Llave (de Peters), licor de menta Peters, ginebra Ancla Chica (Peters), ginebra Ancla Grande (Peters) y anisado Ancla (Peters), todas anotadas el 10 de marzo de 1877. Algunas, como Peters, siguen a√ļn en la cartera de G. Breuer.

Por supuesto, no son las √ļnicas que han pasado por el estudio o que a√ļn siguen como clientas. Algunas otras son: Alpargatas, Shell, Fernet Branca, Lux, Pasta Vasenol, Chartreuse (licor), Pirelli, Canale, Kiwi (pomada para zapatos), Brancato (gomina), Chesterfield, Mitsubishi y Lacoste.

Seg√ļn comenta Jorge Otamendi, socio de G. Breuer y quinta generaci√≥n en la firma (es tataranieto de Gustav), su portfolio es extenso. “Tenemos un volumen de clientes y de marcas muy amplio y diverso: desde un supermercado como Cencosud, hasta una empresa de gaseosas como Coca-Cola, pasando por una de cosm√©ticos como L’Or√©al “, se√Īala.

La impronta familiar ha estado presente en estos 150 a√Īos. El fundador muri√≥ en 1904 y lo heredaron sus dos hijos, Gustavo Mart√≠n y Pedro Alberto (bisabuelo de Jorge). Finalmente, este compra la parte a su hermano y se queda al frente, junto con su hijo Pedro Carlos, que asume la direcci√≥n cuando muere su padre. Pedro Carlos tiene a su vez cuatro hijos (un var√≥n y tres mujeres), as√≠ que con el tiempo su hijo, ya abogado, y sus tres yernos (dos abogados y un ingeniero) se suman a la firma. Luego ingresa la quinta generaci√≥n, que es la que dirige actualmente y que la integran el propio Jorge, Mart√≠n Guerrico, Alejandro Breuer Moreno y Pedro Breuer Moreno. “Y ya hay en el estudio miembros de la sexta generaci√≥n: Agustina Mart√≠nez Estrada, Ramiro Guerrico y Magdalena Otamendi”, subraya Jorge.

Crédito: Ignacio Sánchez

Entre los casos destacables del estudio en el rubro de patentes, Jorge rescata dos de 1901: el tr√°mite de patente para el perfeccionamiento de la telegraf√≠a sin hilos, pedido por un tal? Guglielmo Marconi (s√≠, el inventor de la radio), y la solicitud de protecci√≥n de un producto alimenticio efectuada por un tal? John H. Kellogg. “Adem√°s, ese a√Īo lleg√≥ un inventor local que quer√≠a patentar su producto en Turqu√≠a y otro que pidi√≥ patentar un carro pregonero autom√°tico, que inclu√≠a un meg√°fono y espacio para carteles”, se√Īala Jorge, que este a√Īo tambi√©n cumple a√Īos en la firma (50).

En tanto, en lo que se refiere a litigios por temas de marcas, Jorge rescata tres leading case. El primero es de la d√©cada del 40 y se conoci√≥ como “La vaca que r√≠e”. Alguien registr√≥ ac√° esa marca, con el mismo dibujo que la original francesa, “La vache qui rit”, y adujo que no estaba en infracci√≥n porque ya hab√≠an pasado los 10 a√Īos de prescripci√≥n. “Ah√≠, en defensa de la original, logramos que se aplicara el principio de que cuando hay mala fe no hay prescripci√≥n. Pero ¬Ņc√≥mo se probaba la mala fe? Conforme a nuestro argumento, qued√≥ sentada la doctrina de que es nula toda marca registrada por aquel que conoc√≠a o deb√≠a conocer que la marca pertenec√≠a a un tercero”, relata Jorge.

Los otros dos casos son m√°s cercanos en el tiempo. En los 80, Burger King reclam√≥ porque Pumper Nic hab√≠a lanzado un logo muy similar al suyo y G. Breuer logr√≥ que en la Corte Suprema se reconociera su reclamo y se prohibiera a la demandada usar ese logo. En tanto, en el caso de Christian Dior y Mampar (1986), esta √ļltima hab√≠a empez√≥ a vender mamparas de ba√Īo con la marca francesa. “Ac√°, lo interesante fue que Christian Dior no ten√≠a marca en el rubro mamparas de ba√Īo, pero igual se decidi√≥ que tampoco se pod√≠a aprovechar del prestigio y el nombre de otro”, comenta Jorge.

En patentes hubo menos casos resonantes, pero tambi√©n se puede encontrar uno. Resulta que hace diez a√Īos Laboratorios Merial tuvo un problema con un producto que se rociaba sobre los perros y les repel√≠a los piojos. La cuesti√≥n era que el que copiaba ese producto ped√≠a la nulidad de la patente, aduciendo que eso era un producto farmac√©utico. “Nosotros dec√≠amos que eso no era as√≠, porque el hecho de prevenir que el animal tenga un bicho no transforma eso en un producto farmac√©utico. Eso lo ganamos en la Corte”, cuenta Jorge.

G. Breuer, que representa a clientes de todas las industrias y provenientes de los cinco continentes, tambi√©n ha tenido mucha actuaci√≥n acad√©mica y ha participado en la redacci√≥n de leyes. “Por ejemplo, para la ley de marcas anterior a la actual fueron consultados Pedro Alberto y Gustavo Breuer, algo de lo que se dej√≥ constancia durante su tratamiento en el Congreso”, recuerda Jorge.

La gran preocupaci√≥n del estudio, enfatiza Jorge, ha sido siempre que el pa√≠s tuviera la mejor legislaci√≥n y jurisprudencia posibles en todas las √°reas de propiedad industrial. En ese aspecto, hoy tienen un gran desaf√≠o en el tema de los medicamentos. “Si bien en 1995 se sancion√≥ la nueva ley de patentes y se adopt√≥ la protecci√≥n, en 2011 se sac√≥ una resoluci√≥n conjunta del Ministerio de Industria, el Ministerio de Salud y el Instituto Nacional de la Propiedad Industrial [INPI], donde se proh√≠be la patentabilidad de determinados productos farmac√©uticos, que son los m√°s importantes. Contra eso estoy peleando, pidiendo su derogaci√≥n, desde hace a√Īos”.

Otro gran tema, destaca Jorge, es la adopci√≥n del Tratado de Cooperaci√≥n en Materia de Patentes (PCT, seg√ļn sus siglas en ingl√©s), del que ya forman parte 152 pa√≠ses. “Hoy, el problema que sufren los inventores es que tienen solo un a√Īo desde que se presentan ac√° para presentarse afuera y, pasado ese plazo, pierden la oportunidad. Aqu√≠ a√ļn hay grandes inventores, pero en un a√Īo no tienen tiempo de conseguir inversiones, entonces se frustran y abandonan. Con el PCT, el plazo se les extender√≠a a 30 meses, mientras que en el √≠nterin una oficina ya va haciendo un an√°lisis preliminar de la patente”, explica Jorge.

Por todo esto, se lamenta Jorge, la Argentina ha retrocedido en cuesti√≥n de patentes. “Ahora se presentan menos que en los 80. Ac√° hab√≠a una tradici√≥n de protecci√≥n, por eso √©ramos lo que √©ramos: la gente inventaba, presentaba, se proteg√≠a. Hoy se presentan solo 4000 solicitudes por a√Īo, mientras que en Brasil se presentan 40.000, en Alemania 600.000 y en China, 1,5 millones”, dice el letrado.

¬°Qu√© lejos estaba de imaginar estas cifras y problem√°ticas aquel joven Gustav Breuer! √Čl ven√≠a a perseguir sus sue√Īos en estas tierras y termin√≥ por fundar un estudio que hoy, con la mirada en el futuro, festeja sus 150 a√Īos de vida.

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