FMI: ¿pesa más la persona o la institución?

Christine Lagarde pidió licencia temporaria en el FMI, donde desde mediados de 2011 se desempeña como directora gerente, porque desea presidir el Banco Central Europeo (BCE). Puesto que la probabilidad de que lo logre es muy alta, los argentinos nos preguntamos: dado el “metejón” que la señora Lagarde mostró por el programa económico encarado por la Argentina; ¿qué consecuencias puede tener para nosotros, si su reemplazante no comparte ese sentimiento?

Al respecto consulté al holandés Hendrikus Johannes Witteveen (1921-2019), quien trabajó en su país bajo Jan Tinbergen y Frederic Lodewijk Polak. Antes de su paso por el FMI fue senador y ministro de finanzas de Holanda, y entre 1978 y 1985 fue el primer presidente del Grupo de los 30.

-Usted fue director gerente del FMI entre septiembre de 1973 y junio de 1978.

-Así es. Hagamos un poco de historia. Incluyendo a la señora Lagarde, en sus más de 70 años de existencia, 11 personas ocuparon ese cargo. Yo fui el quinto. Un acuerdo no escrito estipula que la presidencia del Banco Mundial, también creado en 1944, sea ejercida por un norteamericano, y que el director gerente del FMI sea un europeo. Hasta ahora, el cargo fue ejercicio por 5 franceses, 2 suecos y un ciudadano de Alemania, Bélgica, España y yo, de Holanda.

-Menuda agenda tuvo que enfrentar.

-Efectivamente. A comienzos de la década de 1970 se había abandonado el sistema cambiario denominado patrón cambio oro, que al patrón oro clásico le agregó la posibilidad de que los dólares emitidos por Estados Unidos fueran considerados reservas, por parte de los bancos centrales, y en cuanto asumí el cargo ocurrió el primer shock petrolero. Por lo cual, en buena medida, hubo que “reinventar” el rol del Fondo, creando, por ejemplo, las denominadas facilidades petroleras.

-El actual es otro Fondo, también desde el punto de vista de su exposición pública.

-Así es. En mi época tanto la dirección política como los técnicos hablaban con los dos interlocutores naturales de cada uno de los países miembros: el ministro de Economía y el presidente del Banco Central. Desde Michel Camdessus esto cambió, de manera significativa, con sus ventajas y sus inconvenientes

-¿Cuál es la probabilidad de que se rompa la tradición y alguien no europeo reemplace a la señora Lagarde?

-Escuché que entre los candidatos hay un mexicano y un indio. No sé, quizás ocurra, aunque le asigno baja probabilidad.

-¿Qué gana Christine Lagarde, pasando del FMI al BCE?

-Habría que preguntarle a ella, pero recuerde que, como bien dijo Armen Albert Alchian, todo lo que observamos es óptimo para quien tiene que adoptar la decisión. De repente sintió que en el Fondo no tenía nada más que lograr y tampoco tenía ganas de irse a su casa.

-Como usted sabe, desde 2018, la Argentina volvió a tener un acuerdo con el FMI. Dado el entusiasmo que la señora Lagarde mostró hacia la política económica planteada por el presidente Mauricio Macri, y la facilidad con la cual el país pudo modificar, en más de una oportunidad, el acuerdo original; ¿en qué medida esto podría no continuar con su sucesor?

-La importancia relativa de las personas y las personalidades versus la de las circunstancias y las instituciones plantea un debate eterno entre los historiadores, porque existen ejemplos para un lado y para el otro.

-Ilústrenos, por favor.

-Vamos a los extremos. Por una parte, hay pocas dudas que la posición de Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial hubiera sido la misma si el cargo de primer ministro hubiera estado en manos de Winston Churchill o hubiera continuado en manos de Neville Chamberlain. Algo parecido, aunque menos determinante del resultado bélico, fue el papel jugado por Charles De Gaulle.

-Deme un ejemplo del extremo contrario.

-Nadie puede creer que si el archiduque Francisco Fernando no hubiera visitado Sarajevo el 28 de junio de 1914 la Primera Guerra Mundial no se habría desatado, porque había chispas por doquier y por ende era cuestión de tiempo. Referido a su país, la pelea entre Juan Domingo Perón y Spruille Braden, embajador de Estados Unidos en su país, fue la “frutilla del postre” de una tensa relación que ya llevaba medio siglo de existencia.

-Concentrémonos en el caso que nos ocupa.

-Diría, sin estar hoy en la “cocina” de la institución, que en este caso la importancia de las personas no será determinante. Primero y principal, porque lo que logró la Argentina no surgió del FMI, como ente autónomo, sino de la nítida relación que hoy tienen los presidentes Macri y Trump. Segundo, no menos importante, porque el acuerdo ya está en operación, y la Argentina recibió el grueso de los fondos comprometidos.

-¿Podemos dormir tranquilos, entonces?

-Yo no se lo aconsejaría, como no se lo aconsejo a nadie. En particular, la luna de miel política nunca tiene que sustituir la solidez técnica de un programa económico. Porque si cambian los vientos políticos, un programa técnicamente defectuoso exhibirá sus falencias, y porque aun sin cambiar la preferencia política, nadie puede basar su accionar en que la ayuda foránea sea eterna.

-Don Enrique, muchas gracias.

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