Fausto Spotorno: “El gradualismo tendría que haber sido algo más parecido al shock que a otra cosa”

El director de Orlando J. Ferreres Asociados dice que el Gobierno no tiene un plan económico integral, y que el gasto público y el déficit son los grandes problemas Crédito: Patricio Pidal/AFV

El origen de todos los males de la economía argentina es el enorme gasto público, que fue inflado al extremo en épocas de vacas gordas y que impide que el país retome la senda del crecimiento. Esta es la conclusión de Fausto Spotorno, director de Orlando J. Ferreres & Asociados, que además afirma que el Gobierno no tiene un plan económico integral y que, para colmo de males, falló al elegir el método de “sanación”. Según opina, “el gradualismo tendría que haber sido algo más parecido al shock que a otra cosa”.

-¿Cómo se llegó a la situación económica actual?

-Básicamente por una expansión del gasto del Estado en la época de vacas gordas. Desde 2011 no se crece, lo que significa que el motor se apagó dos años antes. Ese es un problema. Ahora, ¿por qué deja de crecer la economía? Porque en el kirchnerismo lo que se invirtió se invirtió mal (se invirtió en hacer teléfonos en Tierra del Fuego en lugar de en el campo), el cepo distorsionó el ahorro (la gente fue a dólares, se fue del sistema financiero o invirtió en cosas no productivas). Adicionalmente, hubo una carga tributaria creciente, y eso es algo que le saca recursos al sector productivo y que invierte, que es el privado.

-Viendo eso, ¿por qué confiótanto el Gobierno en la lluviade inversiones?

-Porque fue un grave error de diagnóstico. Diría que esa es una de las razones por las que uno interpreta que no había un programa económico integral. Un país no resiste un déficit de la balanza de pagos de más de cinco puntos del PBI, porque el mercado te presta hasta esos cinco puntos. Pero si el Estado se lleva 4,5 puntos de esos cinco que entran, no hay lluvia de inversiones que sea suficiente.

-El gran problema es el gasto público, como se dice siempre.

-Hay dos problemas: el gasto público y el déficit. Se puede tener déficit fiscal alto, con gasto público bajo, como en los noventa. Es un problema financiero, porque si te prestan, lo resolvés. Ahora, gasto público alto es un problema económico, porque te afecta el crecimiento. Alto gasto público saca recursos al sector que invierte (vía impuestos); eso hace que ese sector invierta menos y eso impide crecer. La Argentina tiene los dos problemas: el tamaño del gasto público es enorme y el déficit fiscal es una amenaza financiera.

-Estos dos problemas el Gobierno los heredó, ¿pero por qué no logra resolverlos?

Porque cometió el error de pensar que podía tener una lluvia de inversiones teniendo un déficit fiscal de seis puntos del PBI. No había forma de que se diera la lluvia de inversiones. Nunca podías tener un programa gradual, donde el crecimiento económico fuera licuando el problema fiscal, porque se necesitaban esos fondos que podían empujar el crecimiento para financiar el déficit.

-Entonces, otro error fue apostar al gradualismo.

-Había dos proyectos para solucionar el problema: shock o gradualismo. El shock era imposible porque la “piña” hubiera sido terrible. Quedaba el gradualismo, pero el que pensamos nosotros era un gradualismo mucho más veloz que el que se aplicó. El Gobierno tendría que haber aplicado un gradualismo más parecido a un shock. Nosotros proyectamos un programa de tres años, recortando gastos desde el primer día y simplificando impuestos. No hubo nada de eso.

-¿Cuál fue la idea del Gobierno, entonces?

-El Gobierno asumió con una clara idea de algunos problemas económicos: cepo, tarifas y default. Del cepo se libró bastante bien; en tarifas se sabía que cualquier solución iba a ser complicada, pero estaba claro que algo se tenía que hacer, y del default se salió. Pero solucionar esos puntos no implica tener un programa económico. El núcleo del problema es el déficit y el tamaño del Estado, a lo que se suma la complejidad tributaria. Lo que pasa es que aún no entendemos el daño que tenía encima la economía argentina.

-¿Por qué aún la sociedadno puede ver esa realidad?

-Es que no lo ve porque al kirchnerismo no se le “cayó el avión”; se está viendo ahora, pero ahora ya para la gente la culpa la tiene Macri. La ventaja que tenía el shock es que el primer año se le podía echar la culpa al kirchnerismo; te pegabas una piña tremenda, pero ponías en marcha la economía en un año y le echabas la culpa a Cristina. Ahora, el segundo año ya no podés decir que es culpa de los Kirchner y el tercer año, menos.

-¿Usted era partidario del shock?

-Creo que el shock era imposible de ejecutar, pero sí creo que debió haberse hecho algo intermedio: shock donde se pudiera y gradualismo en el resto. El gradualismo tendría que haber sido algo más parecido al shock que a otra cosa. Habrías tenido un primer año más parecido a un shock, un segundo año más suave y un tercer año encaminado. Y ahí la ilusión óptica hubiera sido esta: ‘Cristina nos dejó todo explotado, explotó la bomba y ahora con Macri estamos saliendo’. Con lo que se hizo, la ilusión óptica fue todo lo contrario.

-¿Por qué se deterioró tanto la economía el año pasado?

-Porque el contexto internacional, que venía muy bien y todos aventuraban que seguiría así, se dio vuelta. Pero además se produjo la peor sequía en 50 años, la tasa de interés de los Estados Unidos tocó los tres puntos, y todos los fondos huyeron de los emergentes y, encima, justo el Gobierno le puso un impuesto a las ganancias financieras de los extranjeros. Hubo un cuarto factor: el déficit de la balanza de pagos superó el 5% del PBI, un número que mira cualquier inversor internacional. En ese contexto, no quedaba otra que ir al FMI [Fondo Monetario Internacional].

-¿Qué hay que esperar de ahora en más? ¿Tiene arreglo esto?

-El programa acordado con el FMI sirve para atacar el problema financiero, que es lo urgente. Pero lo importante es atacar la falta de crecimiento. Y el problema que hace que la economía no crezca es el elevado gasto público. Y si eso no se resuelve, ¿cómo se va a pagar la deuda? Por eso, muchos dicen que este modelo no cierra.

-¿Y cuál sería la solución para ese problema “madre”?

-Hay que hacer reformas que son muy poco vendibles políticamente: reforma laboral profunda, que implica mínimo no imponible para los salarios, reemplazar la indemnización por despido por otro esquema y terminar con la litigiosidad; reforma tributaria, que piense impuestos compatibles con el crecimiento económico y simplifique el sistema; reforma del sector externo, que flexibilice el Mercosur; reforma previsional, que flexibilice la jubilación, y la reforma del Estado, que haga un exhaustivo recorte de gastos.

-¿Qué pasa si eso no se hace y gana las elecciones alguien que el mercado no ve con buenos ojos?

-El riesgo es que haya una salida de capitales importantes, con lo cual crecen los problemas fiscales. Ahí hay dos opciones: que gane alguien que se aferre al FMI y haga un ajuste más grande o que gane un populista, y ahí vamos camino a Venezuela. Este último sería el peor escenario, con desabastecimiento y demás. También hay un escenario intermedio, en el cual el Gobierno gana las próximas elecciones, pero no logra hacer todas las reformas necesarias; ahí, la economía tira cuatro años con algunas reformas menores y se llega a 2023 con la necesidad otra vez de hacer todas las reformas indispensables. Es el caso del paciente que se tiene que operar sí o sí, pero va alargando algo que es inexorable. Para terminar con algo optimista, creo que hoy hay más espacio que en 2015 para hablar de las reformas necesarias.

Mini bio

  • Profesión: Economista
  • Estudios: Licenciado en Economía (UCA). Máster en Finanzas (CEMA)
  • Otras actividades: Es profesor de Ucema y economista jefe de la Fundación Norte y Sur

Lee más: lanacion.com.ar


Comparte con sus amigos!