estrellas del rock que conocieron a su ídolo

  • Queen y Groucho Marx

    El amor de los miembros de Queen por la filmografía de los hermanos Marx quedó patente en los títulos de dos de sus más grandes álbumes, «A Night At The Opera» y «A Day At The Races». Groucho Marx, que solía estar muy al tanto de la actualidad, se enteró del particular homenaje a sus películas, y les envió una carta de agradecimiento. Unos meses después, en marzo de 1977, Groucho vio que Queen actuaban en el Forum de Los Angeles y organizó un encuentro, invitándoles a su casa a tomar el té.

    Emocionados, Roger Taylor, Brian May y Freddie Mercury prepararon algunos regalos (una cazadora de cuero con el logo de Queen y una copia del disco de oro de «A Day At The Races») y acudieron a la cita. No así John Deacon, que se puso muy nervioso por el encuentro y, haciendo gala de su famosa timidez, acabó quedándose en su casa.

    Groucho los recibió con un almuerzo, acompañado de su enfermera y un pianista para que sus invitados cantasen algo con él. «Bueno, ustedes son cantantes… canten algo!», exclamó el genial cineasta. Avergonzados por no haber previsto la petición, y sin un solo instrumento que tocar, May, Taylor y Mercury acabaron improvisando a capela la canción «39».

  • Alice Cooper y Salvador Dalí

    En 1973, Salvador Dalí presenció un concierto de la gira «Billion Dolar Babies» y quedó fascinado (algo que por cierto, también le ocurrió a Groucho Marx), tanto por el concepto como por la puesta en escena. «Apocalíptico, decadente, repulsivo.. me encanta!», dijo a la prensa el pintor. Inmediatamente pidió conocer a su creador para sorpresa de Alice Cooper, gran seguidor del arte y de la obra del artista de Figueres. La química surgió instantáneamente entre los dos, que entablaron una gran amistad que duró más de quince años. El rockero estadounidense llegó a pasar unos días en casa del artista en Figueres y le inspiró para crear la obra «Alice’s Cooper Brain» («El cerebro de Alice Cooper), que se exhibe en el teatro-museo de Dalí de la localidad catalana.

    Al presentar su alianza artística en Nueva York, Alice describió el particular proceso creativo que siguieron: «Yo vestía de negro completamente mientras bebía una cerveza, y él estaba vestido completamente de blanco, parecía un santo». De pronto, Dalí se arrancó con una larga explicación en español, y un periodista preguntó a Alice qué opinaba sobre sus declaraciones. «No lo sé, no he entendido ni una palabra de lo que dice desde que le he conocido», a lo que Dalí contestó: «¡Perfecto! ¡Confusión! ¡La mejor forma de comunicación!».

    Años después, en 1983, volvieron a trabajar juntos en la portada del disco de Alice Cooper «Da-Da», que reproducía parte de laobra «Mercado de esclavos con busto invisible de Voltaire». En 2011, Alice Cooper participó en el décimo aniversario del Festival Acústica de Figueres (Girona), que celebró un homenaje al pintor, recitando poemas en su honor.

  • Los Beatles y Mohamed Ali

    Cuando los Beatles aterrizaron en Estados Unidos en 1964 para conquistar el mercado americano, el promotor de boxeo Harold Conrad intentó sacar tajada de la beatlemanía organizando un encuentro con Sonny Liston. Conrad quedó con el boxeador para ver en directo la retransmisión del programa de Ed Sullivan donde actuarían los de Liverpool, para que se hiciese una idea de quiénes eran. Pero Liston, al verlos, exclamó: «¿Qué puñetas les ve la gente a estos cuatro soplapollas? El narizotas ese toca la batería peor que mi perro».

    Viendo que el «meeting» podía acabar mal, Conrad decidió cambiar el interlocutor pugilístico y llamó a Mohamed Ali. Acertó: a los fab four les fascinaba la figura del desafiante héroe de los derechos civiles. De hecho, aunque éste llegó tan tarde al gimnasio donde se citaron que los músicos estuvieron a punto de irse, la buena sintonía surgió de inmediato entre ellos. «Hola, Beatles. Tendríamos que hacer una gira juntos. Nos haríamos ricos», se presentó el boxeador, que enseguida empezó a bromear con John Lennon. «No sois tan estúpidos como parecéis», le dijo. «Nosotros, no. Tú, en cambio, sí», contestó el músico. Justo después, se hicieron la famosa foto del puñetazo.

  • Keith Richards y Chuck Berry

    En 1987, a Keith Richards le ofrecieron trabajar codo a codo con su mayor ídolo, Chuck Berry, en el concierto-documental «Hail! Hail! Rock and Roll», que pretendía rendir homenaje al mítico pionero del género. Pero hay veces que es mejor no conocer a nuestros ídolos: de pronto los dos se enzarzaron en una discusión sobre el escenario mientras tocaban «Oh, Carol». «No, no, así no es. Te lo digo yo, que lo he compuesto. ¿Quieres hacerlo bien?», espetó Berry a su discípulo. Pero lo peor vino después, en el camerino, tal como contó el miembro de los Rolling Stones: «Entré en su camerino y vi allí su guitarra, metida en una caja. Y me dije: ‘Venga, Keith, dale solo un toque a esa guitarra’. Y lo hice. Entonces llegó Chuck y me dijo: ‘Nadie toca mi guitarra’. Y me dio un puñetazo en la cara».

  • Christina Rosenvinge y Bob Dylan

    La cantante, guitarrista y compositora Christina Rosenvinge tuvo el honor de invitar a un café a uno de sus más grandes ídolos, si no el mayor. Ella misma lo cuenta. «Le estuve persiguiendo por las calles de Sevilla, como cualquier fan pesada. Me crucé con él, que estaba dando un paseo, y estuve de escaramuzas un buen rato, en plan fan como te digo, de esquina en esquina, rollo “jo, ahí está, ¿le digo algo o no?», hasta que le vi entrar en una cafetería. Yo iba con Ray Loriga, nos sentamos en la barra de enfrente, y cuando vi que pedía café le dije a los camareros que lo pagaba yo, así que puedo decir que le invité a un café, ¡jajaja! Luego, su mánager, que veía que no parábamos de mirar, nos dijo que nos acercáramos y pude darle la mano y hacerle la típica declaración de amor de fan, en plan “has cambiado mi vida, te admiro tanto…”, ¡jajaja!».

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