Estopa en la ópera

Guardar ¿Y si nos enamoramos de Scarpia?Teatros del Canal, Madrid

No, no es que el dúo de hermanos badaloneses haya abandonado su estilo para abrazar un repertorio más lírico. Es que «¿Y si nos enamoramos de Scarpia?», la «reyerta lírica» que se presenta en los Teatros del Canal, es una obra en la que sus autores, Albert Boadella y Martina Cabanas -su habitual ayudante de dirección, también en esta ocasión-, reparten estopa a diestro y siniestro envuelta en arias de ópera y romanzas de zarzuela.

El Scarpia del título es, naturalmente, el villano de «Tosca», la ópera de Puccini, que exige a la protagonista que ceda a sus pretensiones sexuales si quiere salvar la vida de su amor, el pintor Mario Cavaradossi. El título de la obra de Boadella y Cabanas es, por tanto, la primera provocación de la obra. Y es que al director catalán, fundador de Els Joglars, le gusta la provocación; lo ha demostrado en varias ocasiones a lo largo de su vida, y le ha costado más de un disgusto. Se encuentra bien en ese papel de coñón y en esa incorrección política que a nosotros, los periodistas, nos da tanto juego.

En «¿Y si nos enamoramos de Scarpia?», sus autores plantean el ensayo de una gala benéfica y feminista que ha de celebrarse al día siguiente. El director musical se reúne con las dos sopranos participantes para repasar el repertorio. Una de ellas es una feminista convencida, la otra expone con más tibieza sus ideas. El maestro es, lo demuestra desde sus primeras frases, un machista recalcitrante con la lengua y las manos demasiado largas. Con estos personajes caricaturizados al máximo Boadella y Cabanas dibujan una pelea en la que la ópera trufada por la ópera. Y no solo por fragmentos de varios de los títulos más populares del repertorio -de «Tosca» a «Madama Butterfly», de «La traviata» a «Carmen»-, sino por cuestionamientos «de género» de algunas de ellas: la soprano «feminista» considera «Madama Butterfly», por ejemplo, como la historia de un pederasta que viola a una niña de catorce años -sin tener en cuenta el contexto histórico ni las metáforas artísticas-. Los autores se burlan de esta «descontextualización», lo mismo que de las exageraciones que exponen sus personajes.

Y lo hacen con una comedia musical que el público de la función de ayer domingo interrumpió a menudo con sus risas y sus aplausos -el más decidido cuando el personaje del director le dice a la soprano «feminista»: «Dentro de treinta años me denunciaréis por acoso»-. El mundo de la ópera es la excusa para verter todo un catálogo de tópicos en el perenne enfrentamiento -ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio- entre hombres y mujeres.

Albert Boadella lleva un tiempo entregado a la ópera, y esta es una prueba más de ello; porque «¿Y si nos enamoramos de Scarpia?» ofrece la oportunidad de escuchar un buen puñado de fragmentos operísticos. El capítulo interpretativo es notable: brilla especialmente María Rey-Joly, que como soprano ofrece un amplio registro, que va desde la Rosina de «Il barbiere di Siviglia» a la Musetta de «La bohème». Pero es que además su trabajo actoral es excelente, llenando de vitalidad y dinamismo a su personaje, y logrando lo que es el principal escollo que muchos cantantes encuentran en la zarzuela: que las partes habladas no se contagien del engolamiento que exige el canto lírico. Le flanquean Carmen Solis y Antoni Comas, también notables en su doble cometido de actores y cantantes.

Y una posdata. Lo de apagar los móviles al comenzar la función es para todos, también para expresidentas de la Comunidad de Madrid, y más si se sientan junto al autor y director.

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