Este es el cómic que motiva a los alumnos a aprender historia

Este profesor de secundaria es un amante incondicional del cómic desde bien pequeño. Caracterizado por ir siempre con un tebeo bajo el brazo, desarrolló una gran dedicación al dibujo y al arte, tanto que llegó a dedicarse al diseño gráfico años más tarde. Sin embargo, esta no era la única vocación de Pedro, pues él también había adquirido el don de la docencia.

Confiesa a ABC que, cuando decidió dar el paso a la enseñanza hace más de diez años, «pensaba que no iba a poder compaginar el diseño con la educación y, la verdad es que, me resultaba difícil renunciar a una de las dos cosas». Viéndose entre la espada y la pared, al final encontró un modo de solventar este problema: apostó por juntar el dibujo y la asignatura de historia en un mismo paquete.

«El primer día que llegué a clase me di cuenta que la única cosa que tenía para enseñar a los chavales -como él los llama-, era una viñeta que guardaba en mi mochila». Desde ese momento, el cómic pasó a ser la herramienta didáctica de este profesor en su asignatura de Ciencias Sociales y, para ser sinceros, no le ha ido nada mal el experimento, ya que ha sido reconocido con el Premio Nacional de Educación para el Desarrollo. «Es una forma de trabajar bastante agradable para ellos, además de ser creativa y divertida», asegura Pedro. «Hay que pensar que porque una cosa sea académica, no tiene porque ser aburrida».

Su objetivo, más bien, es reivindicar la renovación pedagógica en el aula, «no tanto de contenidos, pero sí en las formas de acercarlo», ha aclarado el docente. En una época en la que los jóvenes reciben muchos más estímulos por parte de la tecnología, asegura que aprenden mucho mejor de forma visual que «inyectándoles la letra en sangre». De esta forma, este profesor ha querido experimentar el cómic como recurso didáctico, ya no solo para motivar a sus alumnos, sino también para aprender a amar las cosas: «Explorar la historia a través de las viñetas les permite valorar su patrimonio y su cultura, es decir, que aprecien lo que les rodea».

Los buenos resultados que estimó durante sus primeros años en secundaria le empujaron a sacar su propio proyecto: un cómic con las viñetas de historia del arte que utilizaba para clase. No obstante, la idea que presentó a las editoriales no convenció demasiado, por lo que decidió sacarlo mediante una campaña de autofinanciación. Para su sorpresa, la venta se cerró en dos días con 1.500 ejemplares vendidos. Más tarde, Desperta Ferro Ediciones recogió el testigo de su «Historia del arte en cómic. El mundo clásico».

Perderse por el pasado

Pedro nos invita a pasear junto a él y a sus alumnos -protagonistas de esta historieta-, por las maravillas de la antigüedad a través de sus viñetas en este primer volumen, dedicado a la época grecolatina. Un libro autodidáctico que sustituye las aburridas listas de términos, conceptos y estilos, por una excursión al pasado histórico. En otras palabras, la perfecta fusión entre la historieta clásica y el plano didáctico, donde el lector acaba convirtiéndose en un personaje más.

El cómic comienza con la típica aula de instituto donde los «chavales» están aburridos y nada interesados por lo que dice el «Profe» de Sociales. Es entonces cuando éste se sube encima de la mesa y despliega su sable láser de goma; momento en el que empieza la verdadera aventura de la historia. «Yo lo que quiero es que estimulen su creatividad y que se pierdan por el pasado», admite el autor. De esta manera, la clase se desplaza a diversos escenarios, como las ruinas de Éfeso, el Foro romano o, el Faro de Alejandría, entre otros. Allí, aprenden de primera mano la época clásica, con sus estilos, gentes y culturas.

Los tintes de humor que refrescan el ambiente juvenil, característico en las clases de Pedro día a día, también han adquirido su forma literaria en este tebeo. Aparecen viñetas con algunos ejemplos de comentarios reales que hacen sus estudiantes, como cuando les explicó la mitología griega con la escultura de Afrodita, Pan y Heros. «¡Está claro profe: un tío baboso, una tía que le va a zurrar y un angelito!», le dijo un alumno.

Pero la cosa no acaba ahí. El manual también da la oportunidad de conocer a los emblemáticos Homero, Heródoto, la poetisa Safo o, el mismísimo Leonardo da Vinci, quienes toman el papel del maestro. Es a través de ellos donde Pedro reivindica la necesidad del «guía» que debería ser todo profesor. «Hoy en día con Internet los estudiantes tienen sobredosis de información, de tal forma que les cuesta reflexionar sobre lo que leen y escuchan. Ahí es donde tiene que actuar el docente, orientando a sus alumnos a encontrarse consigo mismos y, sobre todo, a enseñarles cómo elegir un buen criterio profesional», desvela.

El ilustrador consigue con esta publicación no solo desbancar el cliché de lo aburrida que es la historia, sino también demostrar que el papel continúa siendo de gran utilidad en la educación. «Si le pones a un libro la etiqueta de tradicional, lo dejas un poco relegado. Por ello, hay que apostar por darle un toque alternativo y que lo distinga del resto», explica. Así, publicaciones como la suya continúan tratando temas de toda la vida, a la vez que logran adaptarse a la realidad social del estudiante. «No se trata tanto de la pelea entre lo digital o lo tradicional, sino de cambiar un poco la mirada».

«Historia del arte en cómic» es un proyecto que no terminará en el mundo grecolatino, sino que continuará con cinco volúmenes más, en los que el autor se adentrará en diferentes etapas de la historia artística. Pedro se encuentra ahora mismo enfrascado en el segundo tomo, dedicado a la Edad Media, y en el que cobrará especial relevancia la Península Ibérica. Pero habrá que esperar hasta finales de año para devorar sus viñetas dedicadas a los grandes emplazamientos del románico, el gótico y el islam, con las que aprenderemos y disfrutaremos como auténticos exploradores.

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