Esencia de flamenco puro

Se apagan las luces y se hace el silencio. Un sacrosanto silencio. De fondo suena una guitarra. El foco apunta a Juan José Amador, el cantaor, que se arranca con un martinete. Tras unos cuantos compases, se escucha la tremenda voz de Triana Heredia, cantaora y sobrina de Enrique Morente. Ha comenzado el espectáculo «Emociones», un pellizco de intenso aroma a flamenco puro.

Estamos en Teatro Flamenco Madrid (TFM), un espacio íntimo y acogedor, nacido para aupar y difundir la esencia de la cultura del flamenco. Un lugar enclavado en la calle Pez, 10, en pleno corazón del barrio de Malasaña, que comparte local y edificio con el Teatro Alfil. TFM, creado hace ahora un año, pone a disposición de los amantes de este arte, el mejor de los estilos, la vistosidad, la fuerza y la alegría de una de las señas de identidad de nuestro país. Esta noche, lo mismo muchos no recordaban que el flamenco es Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Daba lo mismo. El público, entendido, ya estaba entregado.

Cada uno de los 365 días del año, en dos sesiones, «Emociones» pone en el escenario a cinco artistas que saben, disfrutan y transmiten lo que es este mundo del flamenco. No siempre son los mismos cinco. Van rotando y a todos da gusto verlos y escucharlos. El espectáculo está dirigido desde septiembre por el bailaor y coreógrafo Ángel Rojas, un referente en el mundo de la danza.

La oscuridad en el patio de butacas se va abriendo. Las luces, aunque tenues, alumbran ya de lleno, al señor Amador el que, con un temple especial, hace hablar a la guitarra. Nadie pestañea. Cantaor y cantaora ya se han entendido con unos fandangos y unas alegrías. Y, llegan las bulerías, que también ponen al público los pelos de punta. Voces potentes, sentidas, estudiadas, que salen de lo más jorndo del alma.

Un «tirititran tran tran» y unas palmas bien acompasadas descubren a los dos bailadores. Ella, Martina Perea; él, Rafael Ramírez. Dos cuerpos flamencos de pura cepa que se mueven como juncos al son del viento y que clavan un taconeo de antonomasia. Arte que sale de sus brazos, sus pies, sus piernas, sus cinturas y sus manos como una sinfonía de buen hacer, arte y sentimiento. Poderío elevado a la quinta potencia.

Un sonido perfecto y una iluminación adecuada van dando paso a todos los palos del flamenco. El público sigue sin pestañear y sólo rompe en aplausos y en oles cada pausa de los cinco artistas. A veces, la ovación se produce en medio de la actuación porque con una sóla gotita de respeto y amor por este arte con mayúsculas es prácticamente imposible quedarse quietecito en el asiento.

Hay muchos guiños a Sevilla y a su barrio de Triana. A los legendarios Lole y Manuel. Al Guadalquivir y a las marismas de Huelva. A Córdoba la llana… Ese «No sé si tirar pa Ubrique o tirar pa Grazalema, o a Alcalá de los Gazules … o al Alorno, que es mi tierra» vuelve a poner el tendido boca abajo. No nos extraña ni un pelo que los responsables del local digan que este TFM sea el único teatro flamenco del mundo”. Y lo tenemos en Madrid todos los días del año. ¡Que privilegiados somos los de la Villa y Corte!. La magia del cante, el baile y la guitarra flamenca juntos sobre el escenario.

Aquí brilla el tiempo. El espectáculo termina. Nunca ese tiempo se ha hecho tan corto… y el flamenco tan grande.

Teatro Flamenco Madrid. Calle Pez, 10 91 159 20 05. Espectáculos todos los días, en dos sesiones: 18,30 y 20,15. Precios: espectáculo, de 12 a 25 euros; espectáculo con bebida, de 15 a 28 euros; espectáculo, bebida y mesa reservada, de 22 a 38; paquete vip (espectáculo, mesa, bebida y surtido de tapas), de 34 a 50 euros. Más información: www.teatroflamencomadrid.com

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