Erdogan acusa a Alemania de proteger a terroristas turcos durante su visita oficial

La visita de Recep Tayyip Erdogan a Alemania está resultando una civilizada bronca entre el presidente turco y la canciller alemana que colapsa la capacidad de sus equipos diplomáticos. En el banquete de gala celebrado anoche en el Palacio de Bellevue, ofrecido a regañadientes por el presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier y al que declinó asistir Angela Merkel, Erdogan abochornó a los alrededor de 120 invitados con acusaciones ante las que solo cabía un silencio tenso y por momentos humillante. «¿Cómo es posible que los terroristas campen por este país?», improvisó sobre su discurso escrito el presidente turco, afeando al presidente de Alemania que propagase «información falsa». Unos minutos antes, Steinmeier se había lavado las manos respecto a los agasajos presidenciales al controvertido presidente turco y había recordado, ya en los postres, a los periodistas y sindicalistas turcos encarcelados. El discurso sirvió de trapo rojo contra el que Erdogan envistió haciendo temblar la vajilla imperial salida de las vitrinas para la ocasión.

«El PKK (organización kurda prohibida) está presente en Alemania, con miles de miembros paseando tranquilamente por las calles. Caminan con grandes fotos del feje de la organización terrorista por importantes avenidas. ¿Cómo es que se permite?», increpó, «¿es correcto que esas personas que mataron a miles entre nosotros puedan caminar despreocupados entre vosotros?». Y cuando algunos de los comensales se disponían a ocuparse de su bavaroise, como si nada hubiera pasado, Erdogan continuó, impidiendo que la cena terminase con sabor dulce. «Se habla de intelectuales, de periodistas, pero convendría definir esos términos. Si un periodista es parte del terrorismo y la judicatura turca lo ha condenado, ¿cómo puede ser que aquí lo defiendan?… Uno de ellos, condenado, está aquí. Lo queremos. Tenemos un acuerdo de extradición y aun así no nos lo envían. Si fuera al revés, si nosotros protegiésemos a quiénes Alemania persigue ¿cuál sería vuestra reacción?… En realidad no tenía pensado hablar así, pero debido a que el presidente se ha referido a ello, me he visto en la necesidad. Es una verdadera pena». Después del desahogo, Erdogan volvió a su discurso impreso, terminando con una cita de Biskarck en alemán: «El amor de los turcos y los alemanes entre sí es tan viejo que nunca se romperá».

Pocos minutos después de que fueran pronunciadas estas palabras en el centro de Berlín, comenzaron a producirse correcciones en el programa de la visita del presidente turco a Alemania. Las autoridades de Colonia desautorizaron por razones de seguridad la gran concentración prevista para hoy con motivo de la inauguración de una mezquita en esa ciudad alemana a la que asistirá el presidente turco. La alcaldesa de Colonia, Henriette Reker, comunicó esta decisión a última hora del viernes indicando que, en lugar de un acto multitudinario ante el templo, tendrá lugar únicamente una ceremonia inaugural en su interior ante invitados. La inauguración de la mezquita ya era objeto de polémica por estar dirigida por la organización Ditib, a la que la Fiscalía alemana investiga por sospechas de filtrar a Ankara informaciones sobre seguidores del predicador Fethullah Gülen, al que Turquía acusa de estar tras el fallido golpe de Estado. El acto de mañana iba a ser el punto central de la tercera y última jornada de la visita oficial a Alemania de Erdogan, quien previsiblemente se desplazará a Colonia tras un desayuno de trabajo con la canciller Angela Merkel.

La tensión entre los gobiernos de Berlín y Ancara desborda la mera diplomacia y se traslada a las calles alemanas, en las que viven tres millones de turcos que asisten, confusos, al conflicto verbal. Muchos exiliados turcos ven con ojos críticos la visita de Erdogan. El fallido golpe de estado hace dos años dejó a muchos sin trabajo o en prisión y ahora sienten que la sombra de Erdogan los amenaza también en Alemania. Pero para la mayoría esta visita es motivo de orgullo y esperanza. «Mientras otros colectivos de inmigrantes como los rumanos o los búlgaros reciben todas las facilidades, a nosotros se nos niega un trato igual, a pesar de que vivimos aquí, trabajamos, pagamos impuestos y nos integramos en la sociedad, solo porque ellos pertenecen a la Unión Europea y a nosotros nos han paralizado el proceso», protesta Suleyman Akjen, empleado de frutería que lleva décadas viviendo en Alemania y que ayer saludaba a Erdogan en el punto más próximo que permitía el cordón de seguridad, con una pancarta de apoyo. El 63% de los turcos residentes en Alemania votó a Erdogan en las pasadas elecciones de junio. El 70% en Austria. Erdogan logró de hecho, proporcionalmente, más votos en Alemania que en Turquía, donde el 56,3% que le aseguró la mayoría absoluta.

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