ERC recomendó a Torra no filtrar las 21 exigencias para blindar a Sánchez

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no fue el primero en rechazar la lista de los 21 puntos que le presentó el presidente de la Generalitat, Quim Torra. Antes lo habían hecho su círculo de confianza, socios de gobierno de Esquerra y la mayor parte de su grupo parlamentario, de Junts per Catalunya y el PDECat.

Torra, temeroso de ser acusado por los independentistas de traidor por sentarse a negociar con España, cuando para muchos de ellos ya existe algo la república catalana, escribió esta lista de máximos el miércoles 19 de diciembre por la noche, cuando la reunión con el presidente del Gobierno se hubo finalmente confirmado, con la idea de hacerla pública cuando ambos abandonaran el Palacio de Pedralbes.

Tan clara tenía Torra su estrategia que nada más llegar al palacio de la Generalitat, le dio el papel a uno de los asesores de comunicación de su consejera de presidencia, Elsa Artadi, para que lo pasara «a limpio» y lo mandara a TV3 el con el compromiso de que no se hiciera público hasta que el encuentro y las correspondientes ruedas de prensa hubieran terminado.

De tres a veintiuno

Pero cuando minutos más tarde el president le entregó el documento con los 21 puntos a Artadi -que en realidad solo eran tres, desarrollados en subapartados- a Artadi, para someterlo a su a consideración y posteriormente a la de Esquerra, se encontró con un rechazo unánime. No solo planteaba cuestiones inasumibles para Pedro Sánchez, como celebrar un referendo de independencia con la correspondiente mediación internacional para acordarlo, sino que contenía exigencias retóricas fuera del alcance del presidente del Gobierno, tales como «la puesta en libertad inmediata de los presos políticos» o «frenar el avance de la ultraderecha en Cataluña», como si los socialistas tuvieran algún interés en pactar con Vox.

A la reunión acudió, además de Quim Torra y su equipo más próximo, Elsa Artadi. Esquerra se planteó enviar a una delegación más amplia que incluyera a la diputada Esther Capella, pero al final solo fue el vicepresidente de la Generalitat, Pere Aragonès. Todos los presentes consideraron «infumable» el documento, además de «un conjunto de proclamas vacías que no llevan a ninguna parte» y le explicaron a Torra que sería una derrota basar la conversación en aquella lista, porque Pedro Sánchez no tendría más remedio que decir a todo que no. Le animaron a pensar en algunos puntos en los que pudiera haber, por lo menos, un principio de acuerdo.

En Esquerra creen que Torra no está acostumbrado a negociar y que por lo tanto lo plantea todo como si fuera un debate televisado. Además, los republicanos entienden que «es un suicidio político hacer caer el Gobierno de Pedro Sánchez, el único con el que tendrán la posibilidad de negociar algo».

Se acordó no filtrar el documento y ordenarle a TV3 que no lo publicara. La televisión pública, pese a tener el «scoop», obedeció el mandato. En el encuentro con Sánchez, Torra no pudo evitar darle la lista, con los tres puntos centrales del referendo, la puesta en libertad de los presos (inmediata, sin indultos ni amnistía), y el vago concepto de «desfranquizar» (de Francisco Franco) Cataluña, que incluía el subapartado de «frenar a Vox». Pero tal como todo el mundo le había advertido, Pedro Sánchez no entró ni a discutir ninguno de los conceptos, y la reunión no se basó en la lista.

Lo que Torra consideró su gran victoria fue que un presidente del Gobierno reconociera que en Cataluña existe un «conflicto político» y no solo judicial, que por lo tanto necesita una solución política; así como el compromiso de retomar las relaciones bilaterales entre el gobierno autonómico y el de la nación.

Sánchez afrontó la reunión con Torra desde una relación personal que no es demasiado buena. Además, cuando Sánchez habla con Torra nunca sabe si lo que le dice es una de sus ocurrencias o cuenta con un apoyo más mayoritario. En cambio, es positiva la relación que tanto el presidente como su gobierno tienen con Elsa Artadi y con Esquerra.

En cualquier caso, Sánchez ha cambiado de estrategia en sus encuentros con Torra, y tras haber constatado cómo todo lo que proponía era rechazado, le ha devuelto el balón a Torra diciéndole que le avise cuando disponga de una propuesta política que cuente con el respaldo de los dos tercios del Parlament (la mayoría que se requiere para reformar el Estatut). También Sánchez ha pasado de suplicarle a Torra que le vote los presupuestos a hacerle ver que son buenos para Cataluña, y que la alternativa a un gobierno socialista será mucho menos comprensiva y generosa con sus demandas.

Los «sustos» de Torra

Sánchez sabe que Torra funciona en la total improvisación y que tratar con él es vivir sujeto a los «sustos» que da de vez en cuando, bien sea invocando la vía Eslovena, amenazando con una declaración de independencia o cualquier otro exceso. Sin ir más lejos, Esquerra se disgustó profundamente con el president cuando en la ofrenda al presidente Companys hizo pública la existencia de la lista de los 21 puntos pese a haber pactado que no lo haría. Pero en su gesticulación permanente, que tiene que ver con los «sustos», Puigdemont quiso dejar claro que había tenido la valentía de hablarle a Sánchez de independencia.

Fuentes socialistas consideran que estamos «en el mientras tanto» y que lo más positivo de la reunión del 20-D es que las cosas no empeoraron. En Esquerra querrían desmentir, desautorizar y superar a Puigdemont y a Torra para negociar en serio con el Gobierno, pero temen que la masa independentista les acuse de traidores. Artadi da por amortizado a Torra, y quiere liderar Convergència pero Puigdemont tensa desde Bélgica la cuerda del conflicto permanente para que su llama no se apague.

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