Enrique Rivero: Cuando te vas del Congreso (de momento)

En el mes de junio pasado inicié esta colaboración semanal con el ABC de Castilla y León bajo el lema general «Cuando vas al Congreso». La idea era transmitir en primera persona mis experiencias y reflexiones como recién llegado al Congreso de los Diputados tras las elecciones del 28 de abril, las primeras en las cuales hasta ocho de las nueve provincias de Castilla y León escogieron, de entre las distintas candidaturas, una persona de Ciudadanos – todas además recién llegadas, como yo -.

En aquel momento parecía difícil que la legislatura se terminara frustrando de forma anticipada como así ha sucedido, convirtiéndose en la más corta de la historia de nuestra democracia (apenas cinco meses menos cinco días, del 28 de abril al 23 de septiembre). Pero henos aquí de nuevo con el Congreso disuelto por segunda vez en un año, por motivos parecidos a los que dieron lugar a su primera disolución (la insistencia de Sánchez en hacer depender el bienestar y la igualdad de los españoles de independentistas y radicales, y su intransigencia para negociar y alcanzar acuerdos).

De manera que en lo sucesivo y «de momento» ya no puedo transmitir las experiencias y reflexiones de alguien cuando «va» al Congreso, sino cuando «se va». Porque como especifica el documento de identificación expedido por la institución, se «es» diputado «a Cortes» -es decir, yendo a la sede de la soberanía nacional- y «de» la legislatura respectiva, en nuestro caso de la XIII. Un «ir y venir» que me parece una condición esencial para entender el verdadero significado de la confianza recibida mediante la designación: «estar» en el Congreso.

Y si bien he dudado entre utilizar la expresión «te vas» o «te van» («no me voy, me van» decía el antiguo y más querido Director de mi etapa en el Colegio Mayor Fray Luis de León en Salamanca) lo cierto es que «vas» o «te vas», impulsado por los votos de los electores o a consecuencia del mecanismo constitucional de disolución, en este caso automática, de las cámaras, pero también merced a tu propia decisión.

Aunque también podría hablar de lo que sucede cuando «te estas yendo» (porque como les explicaré en otro momento no «te vas» de un día para otro), o cuando «no sabes si te vas o no te vas» (porque aspiras a la reelección estás como el gato de Schrödinger -magnífica metáfora de un buen amigo- y no se conoce el resultado hasta que se abre la caja -en este caso, las urnas-). Así pues, «con el permiso de la autoridad y si el tiempo no lo impide», seguiré desarrollando esta «faena» con mi mejor voluntad, hasta «confirmar o no mi alternativa» en noviembre dependiendo del veredicto final del respetable.

Enrique Rivero

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