En primera persona: el drama de una chica que trabajó como modelo webcam

“Mi primera quincena fue excelente. En 15 d√≠as logr√© hacerme 1.500.000 pesos (colombianos)” Cr√©dito: Jaiver Nieto EL TIEMPO / GDA

La siguiente es la historia de una joven colombiana que trabajó como modelo webcam. El relato, en primera persona, fue publicado por el medio local El Tiempo:

Afuera estaba amaneciendo. Deb√≠an ser las 6 de la ma√Īana del viernes y yo segu√≠a encerrada en la habitaci√≥n.

Había decidido quedarme un poco más para terminar un show privado con uno de mis más fieles clientes. Esta era la oportunidad para ganarme una suma razonable de dinero, pues desde medianoche no había alcanzado a reunir más de 350 tokens.

Con Paul era sencillo. Ya me hab√≠a acostumbrado a complacerlo. Apenas llegaba a la sala deb√≠a saludarlo p√ļblicamente, sonre√≠r mucho, preguntarle por su d√≠a y hacerle muchas bromas.

Después, a medida que la conversación fluía debía decirle que lo deseaba, que quería estar con él a solas, que me moría de ganas de tener sexo con él, para llevarlo al show privado.

Una vez consegu√≠a mi objetivo deb√≠a desvestirme al ritmo de la m√ļsica, mostrarme en c√°mara y hablarle sucio para excitarlo. Luego, √©l tomaba las riendas y me hac√≠a sus peticiones: t√≥cate, grita mi nombre.

Yo lo hac√≠a. Sab√≠a hacerlo, sab√≠a tambi√©n que los √ļltimos dos meses hab√≠an sido los m√°s duros de mi vida y sab√≠a que si no me esforzaba lo suficiente no alcanzar√≠a a pagar el arriendo y, mucho menos, a cubrir los gastos de mi alimentaci√≥n..

Allí, en esa sala, desnuda y a merced de él, no había lugar para el cansancio ni el pudor. A pesar de que las piernas me dolían y el hecho de que aunque me observaba en esa pantalla de televisión, la imagen que veía no era la mía. Esa no era yo.

La din√°mica de la webcam

Llegué al modelaje webcam como muchas otras chicas, por necesidad. Acababa de dejar mi casa por problemas con mi padrastro.

Ten√≠a 18 a√Īos y estaba sobreviviendo con los pocos ahorros que me quedaban. Antes de entrar a este mundo intent√© conseguir empleo en diferentes lugares. Pero, a una joven estudiante sin experiencia es dif√≠cil que la contraten.

Recuerdo que cuando me hicieron la oferta yo solo pensaba: lo he visto en muchas partes, todo el mundo habla de que es una oportunidad de ganar mucho dinero e incluso muchas chicas de la universidad hablan de lo maravilloso que es.

Era una casa grande en el sector de La Floresta, en Medellín. Afuera había una gran camioneta. Desde la puerta una cámara me observaba. Nerviosa y asustada toqué el timbre. Me recibió una rubia voluptuosa que me invitó a entrar a una sala llena de televisores.

En el centro, había un hombre al frente de unos monitores en los que se veían chicas semidesnudas en varias habitaciones que, supuse, estaban en el segundo piso.

-Si√©ntate -dijo la rubia, mientras se√Īalaba un sill√≥n-. Mi nombre es Sara, cu√©ntame qu√© dudas tienes del trabajo.

-No s√©, la verdad soy nueva en esto. No tengo ninguna experiencia y quisiera saber ¬Ņc√≥mo funciona? ¬ŅQu√© se necesita?

-Pues la verdad, esto es muy sencillo. Nosotros trabajamos con tres plataformas. Estas p√°ginas son salas de chat p√ļblicas, en las que muchos usuarios ingresan para verte. All√≠ te pueden pagar por diversas cosas como tocarte, masturbarte o hasta por bailar, pero tambi√©n existen shows privados. Estos se logran con clientes que tengan mucho dinero y que te van a pagar por minuto para que est√©s solo con ellos. Cu√°ntos privados hagas depende de que est√©s dispuesta a hacer. ¬ŅT√ļ eres mayor de edad cierto?

-Sí, tengo 18.

-Perfecto, si trajiste tu cédula podemos empezar de una vez.

-¡Mmm! Sí. claro. Pero, antes quisiera saber otras cosas. Más que todo, lo que tiene que ver con la privacidad y el dinero.

-¡Ah! claro, pues en cuanto a lo de la privacidad, nosotros te bloqueamos los países que quieras para que no te vean aquí o digamos si tienes familia en otro país bloqueamos ese también. La verdad es muy seguro, no te preocupes. Y lo del dinero, se te paga en tokens que es la moneda que se utiliza en estos sitios. Un token equivale a 0,10 dólares de los que 0,05 pertenecen a la página, es decir, que los 0,05 dólares que quedan se dividen entre ustedes y el estudio, cincuenta y cincuenta.

-Y ¬Ņc√≥mo son los horarios? Lo que pasa es que yo estudio.

-Las jornadas son de ocho horas y se trabaja todos los días, pueden ser más dependiendo de la dedicación que tengas. Pero te aseguro que apenas empieces a ganar dinero el tiempo va a ser secundario.

Momentos después, estaba con la cédula junto a mi cara mientras Sara me tomaba fotos, luego otro par más sugestivas, y ya estaba dentro. Mi inducción consistió en observar a las demás chicas durante 30 minutos y escuchar una breve explicación de unos juguetes sexuales que me dio Sara. Fue tan rápido, que ni siquiera sé en qué momento estaba en una habitación, en ropa interior y sin saber qué hacer.

Mi primera quincena fue excelente. En 15 días logré hacerme 1.500.000 pesos [alrededor de 25 mil pesos argentinos]. Estaba deslumbrada por tanto dinero. Sin embargo, estaba trabajando casi 10 horas diarias sin descanso.

A medida que iba avanzando, y a pesar de que tenía bastantes seguidores, me daba cuenta de que cada vez entretener a estas personas era más difícil, era un esfuerzo físico y psicológico muy grande: hablo de jornadas larguísimas en las que tenía que hacer infinidad de cosas para lograr un privado, más la presión de sentir que prácticamente hay que rogar por un token y que lo que menos quieres es que llegue la quincena sin el dinero suficiente, porque en un trabajo como este nunca se sabe.

Una forma de explotación

El estudio fue creciendo y las instalaciones mejoraban. Todos los d√≠as entraban chicas nuevas. Todas est√°bamos ah√≠ por la misma raz√≥n: ganas de salir adelante por nosotras, nuestras familias o por alcanzar alg√ļn sue√Īo. Yo quer√≠a salir adelante con mi carrera.

No obstante, a medida que pasaban los meses las ganancias fueron decayendo y √©ramos v√≠ctimas de los due√Īos del estudio que quer√≠an quitarnos cada vez m√°s porcentaje.

Adem√°s, muchas veces solicit√© manejar mis propias cuentas y no me lo permit√≠an. No pod√≠a ver cu√°nto ganaba y ni siquiera sab√≠a mis contrase√Īas. En definitiva, llegaron tiempos muy duros en los que una quincena pod√≠an ser 100.000 pesos o menos [alrededor de 1500 pesos argentinos].

La respuesta siempre era la misma: chicas se tienen que esforzar más, venir más horas, en otra se recomponen y cosas así que, en vez de tranquilizarme, me enfurecían. Con lágrimas en los ojos les gritaba que cómo pretendían que yo viviera y pagara el arriendo con ese dinero. Ellos me ignoraban.

Como si fuera poco en esos meses los due√Īos del estudio quer√≠an hacernos firmar un contrato en el que nos obligaban a quedarnos como m√≠nimo un a√Īo y en el que se deshac√≠an completamente de nosotros legalmente.

Seg√ļn el documento, nosotras no trabaj√°bamos para ellos, sino que les est√°bamos pagando arriendo por una habitaci√≥n. Por tanto, ellos no se hac√≠an responsables de nada de lo que nos pasara, ni siquiera de un accidente dentro de las instalaciones.

Ellos, en cambio, s√≠ ten√≠an derecho sobre nuestras ganancias y nuestro tiempo e incluso nos pod√≠an sancionar con dinero si alg√ļn d√≠a falt√°bamos. De hecho, uno de los problemas de esta ‘industria’ es que no existen regulaciones que protejan a las mujeres.

Vuelta sin retorno

Un d√≠a, a trav√©s de un cliente, me enter√© de que existen personas o estudios que suben las transmisiones de todos las modelos y sus registros fotogr√°ficos a p√°ginas pornogr√°ficas donde se venden sin ning√ļn consentimiento.

Qued√© sorprendida al darme cuenta de que, si buscaba mi nombre de usuario en Google, el motor de b√ļsqueda iba a mostrar una serie de fotos y videos en las que aparec√≠a desnuda y masturb√°ndome.

Ya era demasiado tarde, ya todo ese material estaba en la web, cualquiera podía verlo, incluso mi familia. Ni las páginas, ni el estudio me dijeron que esa mujer, hombre o pareja al otro lado de la pantalla podía grabarme y vender mi material sin ninguna sanción. Fui ingenua e inocente y ahora lo estaba pagando. Así que me fui y decidí no volver nunca más a ese mundo.

Mi mamá se enteró y tuve que contarle toda la historia. Para ella fue muy duro y para mí también lo fue admitirlo.

Esper√© pacientemente hasta que consegu√≠ un buen trabajo que me permite practicar mi ingl√©s. Cerr√© esa etapa y contin√ļe.

No llevo una vida perfecta, sigo pasando dificultades. Pero, algo cambio: prometí no volver a dejarme llevar por falsas promesas.

Lee m√°s: lanacion.com.ar


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