En plena tormenta de escándalos, Sánchez exige a la ONU «máxima ejemplaridad»

Hace solo dos años, cuando Pedro Sánchez era destronado de la secretaría general del PSOE, era difícil imaginar que un día estaría en el escenario que ocupó este jueves: en el estrado del Pleno de la Asamblea General de Naciones Unidas, con el fondo del mármol verde esmeralda, como presidente del Gobierno del Reino de España.

Fue el punto culminante de una semana en Nueva York con una agenda tan apretada como escasa de sustancia. Solo el encuentro con el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, y el anuncio de una visita a la isla sobresalieron en unos días marcados por los escándalos en su gabinete, protagonizados por la ministra de Justicia, Dolores Delgado, y el titular de Ciencia, Innovación y Universidades.

En plena tormenta política, con dos ministros cesados y otros dos en la cuerda floja tras poco más de cien días en el Gobierno, Sánchez exigió a la ONU que cumpla los más altos estándares: «Toda nuestra fuerza descansa en aquello que Naciones Unidas es capaz de proyectar al mundo. Por ello, pido la máxima ejemplaridad».

Buena parte de su discurso se centró en defender algunos de los puntos centrales de su Gobierno, pero sin delinear planes o aportaciones específicas: el refuerzo del papel de las mujeres -«me defino como un político feminista, es el tiempo de las mujeres», la lucha contra el cambio climático -somos conscientes de la necesidad de emprender una descarbonización controlada de nuestra economía-, el desafío de la emigración -«defendemos una política migratoria cuyo objetivo último sea abordar las causas profundas de la migración, como la pobreza, la degradación ambiental o la ausencia de expectativas»- y el multilateralismo -«los problemas globales solo encontrarán solución a través de la cooperación entre estados»-.

En los foros que ha visitado esta semana, Sánchez ha repetido hasta la saciedad la necesidad de diálogo en Cataluña para enfrentar el desafío secesionista. En su discurso en la ONU, solo deslizó una referencia: aseguró que este tiempo no requiere de mensajes nacionalistas o excluyentes», que «nadie tiene el monopolio de la verdad» y que «necesitamos liderazgos capaces de construir consensos y forjar acuerdos». No habló de integridad territorial, ni de la unidad de España ni del respeto al sistema democrático español. Pero sí mantuvo la habitual exigencia sobre Gibraltar que cada representante español repite en este foro, con el añadido, al igual que el año pasado hizo el ex ministro de Asuntos Exteriores, de la situación creada por el Brexit. El futuro de la colonia en la Unión Europea, dijo, «ha de pasar inevitablemente por España».

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