en las entrañas de un musical de la Gran Vía

En una estantería, perfectamente ordenada, la correspondencia de María Fiódorovna Románova espera su turno detrás del escenario del Teatro Coliseum de la Gran Vía. Las cartas están perfectamente mataselladas y dirigidas a la emperatriz viuda de Rusia. Al lado, un lujoso marco contiene una imagen real de la pequeña Anastasia Nikoláyevna Románova. No es simple atrezo. Todo está confeccionado con gran detalle para contar la historia inspirada en la cruel matanza de los Románov, la familia imperial rusa.

Son las 18.30 horas de un miércoles. Aún no huele a palomitas, pero en la sala ya hay trabajando más de 50 personas. Quedan exactamente dos horas para que comience una nueva función de Anastasia. Sí, «nueva»: «No hay dos iguales. Todas son únicas», explican los responsables de Stage Entertainment en esta segunda temporada en la Gran Vía.

Los trajes son uno de los ejes de este musical
Los trajes son uno de los ejes de este musical

Con las 1.400 butacas de este coliseo madrileño aún plegadas, el movimiento está entre las bambalinas. Caminar por lo que ya se conoce popularmente como el «backstage» no está exento de ciertos peligros. No hay una aparente prisa, pero tampoco hay pausas. Muebles, vestuario y equipamiento técnico «bailan» en una curiosa danza que va dando sentido a un espacio aún inerte. La regidora, María Rey, vela por que todo esté en su sitio.

Sobre el «hombro» derecho -se llama así a los huecos ocultos en los laterales del escenario- está la cabina del regidor de «calling». Una figura específica de los musicales que se encarga, desde esta particular «torre de control», de sincronizar a todos y cada uno de los departamentos. ABC es testigo de la «pasada técnica» en la que se comprueba que todo funcione correctamente. «Es un chequeo de todo lo que ocurre en el escenario durante la obra, en versión acelerada. Luces, pantallas, maquinaria. Todo se revisa», explica sobre las 75 toneladas de material que permiten uno de los mayores despliegues tecnológicos conocidos. «La pantalla led 4K mide 96 metros cuadrados. No se había visto nada parecido en un musical en España», explican comparándolo con lo que se puede ver en Broadway o West End. El palacio de los zares, San Petersburgo o París cobran vida sobre ella con un gran realismo.

La imponente tecnología no eclipsa el factor humano de un musical que muchos de sus trabajadores definen como «muy artesano». No obstante, los efectos digitales fascinan tanto al público como a los propios protagonistas del espectáculo: «A mí me impresiona más el montaje español que el de Broadway», reconoce sin complejos Jana Gómez, la joven barcelonesa que da vida al personaje de Anya y Anastasia -el pasado mes de junio obtuvo el premio a la mejor actriz en los Premios Teatro Musical-. Con Íñigo Etayo, Dimitri sobre las tablas, comparte su pasión por el género. «Soy muy disfrutón. Me encanta ir a ver musicales aunque no puedo evitar fijarme en lo que está ocurriendo sobre el escenario e imaginar lo que está pasando detrás», explica. Ambos opinan lo mismo sobre el peso que este género está tomando en la oferta de ocio madrileño. «Estamos al mismo nivel de calidad de Broadway o West End, aunque es cierto que allí existe la costumbre de ir a ver un musical cada dos semanas lo que permite tener 25 musicales en cartel a la vez. Vamos por el buen camino, aunque queda mucho por recorrer», asegura Jana antes de sumarse a los calentamientos físicos y vocales que el elenco realiza bajo la supervisión del director Xavier Torras. Sentados en corro repiten escalas de forma monótona acompañados por las notas de un teclado.

Jana Gómez e Íñigo Etayo dan vida sobre el escenario a Anastasia y Dimitri
Jana Gómez e Íñigo Etayo dan vida sobre el escenario a Anastasia y Dimitri

Algo más que vestidos

Subiendo las escaleras, María Regidor, jefa de vestuario, ultima algunos detalles en la sastrería. «Tengo un apellido muy teatral», bromea. Por sus manos, junto a otras seis mujeres, pasan verdaderas joyas. «La ropa ayuda a contar la historia. Los tejidos cuentan la evolución del personaje. Son piezas de extraordinario valor», destaca mientras revisa alguno de las que servirán para los cambios rápidos. «El más rápido se produce en unos 40 segundos. No puede fallar nada», asegura.

La jefa de sastrería, María Regidor, mostrando un vestido de la zarina
La jefa de sastrería, María Regidor, mostrando un vestido de la zarina

Mientras, en el foso, los músicos van preparando sus puestos. El espacio es muy reducido. «De Xavier, lo único que vemos son los pies», explica la primera en llegar, Fani Fortet. Una pequeña pantalla en blanco y negro retransmite en directo la imagen de Torras. «Aunque no podamos tener contacto visual, después de un año sé cuándo me está pidiendo algo», asegura esta percusionista. «Somos como una familia. Me encanta lo que hacemos», presume.

«Ningún director ha aprendido a dirigir ante una cámara pero he desarrollado un sexto sentido», asegura. Su tensión es permanente. «Es un espectáculo que no permite nunca poner el piloto automático. Hay que coordinar muchas cosas a la vez: la música con las voces, las luces, los efectos…». En su pequeño habitáculo cuelga un antiguo teléfono negro: «A veces, en plena escena, veo algo que está mal y llamo al regidor», explica la curiosidad.

«Este musical se hace de cero cada día, aunque lleves 400 pases. Cada vez es diferente. Tiene un ritmo impresionante. Es muy artesanal, al estilo de las grandes obras de los 50 y 60 de Broadway», explica sobre la complejidad de este espectáculo. «Tiene algo adrenalínico», subraya tras dos décadas trabajando en un género al que ha dedicado todos sus esfuerzos por mejorar su calidad en España. «Madrid está en un momento efervescente que permitirá explorar en unos años la creación propia. Pero yo no tendría prisa», señala sobre el momento dulce que viven los musicales en Madrid.

El Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid no son ajenos al importante turismo que musicales como «Anastasia» o «El Rey León» atraen para la ciudad. El Consistorio ya ha anunciado, a través de su edil de Cultura, que creará una mesa técnica del sector para apuntalar la tendencia. Pero detrás del telón, nadie piensa en cifras. La función está a punto de empezar.

Angels Giménez, que interpreta a la emperatriz, ya peinada
Angels Giménez, que interpreta a la emperatriz, ya peinada

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