El zorro

En estos días en que estamos tan pendientes de lo que ocurre en Cataluña, tan ensimismados en nuestras miserias nacionales, he tenido la suerte de leer a última novela de Frederick Forsyth, todavía no editada en España: «The Fox» (Transworld Publishers. Londres 2018). La trama del zorro en torno al cual discurre este repaso de la actualidad política mundial de nuestros días es espeluznante. El zorro es un joven hacker informático que cae del lado del bien. Es decir, del Gobierno británico. Y de su mano se nos va narrando el mal que intenta promover el Kremlin por todo el mundo en nuestros días. Porque hoy por hoy, Vladimir Putin es para Occidente una amenaza aún mayor que los islamistas que nos tienen en el objetivo desde sur del Mediterráneo. A ellos estamos en vías de derrotarlos.

Como se cuenta en diferentes pasajes de la novela, Rusia prepara hoy el convertir a Europa Occidental en un satélite dependiente energéticamente del Kremlin como paso a su sometimiento político. Sus proyectos gasísticos así lo harán. Y trabajando para el Kremlin está, nada menos, que un excanciller de Alemania del que los medios de comunicación parecemos habernos olvidado: Gerhard Schröder.

Rusia sigue siendo un proveedor armamentístico principal de Corea del Norte, un régimen en el que hay una marioneta de la tercera generación de una dinastía comunista -las únicas dinastías legítimas para la progresía internacional- que en realidad está sometido a la cúpula del Ejército. Una elite que tiene un nivel de vida de verdadero lujo frente a una población que vive en la miseria más absoluta. Y una tiranía que sigue aspirando a chantajear al mundo entero con la posesión de misiles nucleares capaces de llegar a cualquier punto del planeta y para cuyo desarrollo cuenta con la colaboración indirecta del Kremlin.

Y Teherán sigue siendo una teocracia que cuenta con el respaldo de Moscú en su ambición por ser el jefe de Oriente Medio con armas nucleares. Ha conseguido desbancar a Arabia Saudí del favor internacional al jalear a los cuatro vientos un crimen horrendo, pero muy parecido a los que cometen estos amigos de Pablo Iglesias cotidianamente.

Como resulta evidente, Putin tiene hoy una posición privilegiada en el mundo entero. Ha colocado unas bases en Venezuela con un valor estratégico muy superior al que hubieran tenido los misiles soviéticos de Cuba en la Crisis de los Trece Días. El alcance de unos misiles ubicados en Venezuela es hogaño infinitamente superior al que era el de Cuba en tiempos de Nikita Kruschev. Y frente a esto, ¿en qué está Occidente? Los europeos enfrascados en el Brexit desde hace tres años. Incapaces de buscar nuestra autonomía militar o energética. Y si no autonomía, por lo menos no estar en manos de Moscú como proveedor casi exclusivo de combustible.

En el albor del año nuevo, vemos mucha preocupación en Europa por el auge de populismos de uno y otro signo, pero el verdadero problema está más allá. Sigue residiendo en que Rusia quiere dominar Europa entera. No hemos sido capaces de hacer nada por impedir su toma de control de una parte de Ucrania y su estrangulamiento del resto. Eso ocurre en el corazón de Europa. Hace cien años la capital de la mitad de Ucrania era Viena. Vamos camino de que Moscú sea la capital de toda Ucrania y la referencia para Europa entera. Y no será porque nos pillaron desprevenidos. Los avisos abundan.

Ramón Pérez-MauraArticulista de OpiniónRamón Pérez-Maura

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