El turismo, el último tren de los «influencers»

La cuenta de Instagram de un «influencer» (o influente, segĂşn marca ahora la Fundeu) de viajes se asemeja a veces al universo cinematográfico de Marvel. En las fotografĂ­as subidas a la red social no solo sale su autor, el protagonista por excelencia, en algĂşn lugar remoto y paradisĂ­aco, sino que aparecen personajes secundarios de otras cuentas como si de cruces se tratasen. AquĂ­ no hay superhĂ©roes, pero sĂ­ alguna que otra fantasĂ­a, estampas propias de Hollywood y frases almibaradas para enmarcar con una retahĂ­la de etiquetas («hashtags»): ya puede ser la canciĂłn de un grupo de mĂşsica como Sidonie («Giraluna») o una pregunta lanzada al aire («¿Cuál es tu flor favorita?») las que acompañen a una instantánea en un campo de girasoles en una soleada RumanĂ­a. Fue el caso de Patricia Rojas ( @lacosmopolilla ) y VerĂłnica Boned Devesa ( @sinmapa_ ): ambas se marcharon a mediados de julio al paĂ­s europeo (donde se fotografiaron la una a la otra) con Experience Romania, un proyecto independiente cuyo objetivo es promocionar el paĂ­s como destino turĂ­stico en Europa a travĂ©s de las redes sociales. ÂżCĂłmo? Invitando a decenas de usuarios de blogs, vlogs, Instagram, Snapchat e «influencers» de viaje alrededor del mundo. La menciĂłn a Drácula, en su visita a Transilvania, fue un lugar comĂşn. «Instagram siempre lo vi como una red de apoyo a mi web, pero en estos Ăşltimos meses estoy dedicándole más tiempo y atenciĂłn para poder seguir creciendo», cuenta a ABC VerĂłnica Boned (Buenos Aires, 1978). Esta periodista «freelance» comenzĂł hace ocho años como pasatiempo su página web «Sinmapa» y cuatro despuĂ©s lo convirtiĂł en profesiĂłn, pues aunaba dos de sus pasiones: la comunicaciĂłn y los viajes. En el caso de Patricia Rojas (Motril, Granada, 1979), poco amiga del tĂ©rmino «influencer», Instagram es uno de sus canales principales junto a su página web y otras redes sociales como Facebook, Twitter y YouTube. Los «stories» de Instagram –breves vĂ­deos que la red social incorporĂł tras el Ă©xito de Vine– son, segĂşn Carla Llamas (Barcelona, 1988), el «lazo» que la une con los seguidores de @lamaletadecarla : «Es lo que más exploto cuando me voy de viaje; cuento prácticamente todo a travĂ©s de ellas y he crecido mucho gracias a eso». Para ella, Instagram ha sido «una catapulta y una plataforma muy Ăştil» en la que la gente le escribe y le pregunta. «Es una forma muy directa de hablarle a la gente», explica. Patricia Rojas tiene más de 35.000 seguidores y Llamas, casi 16.000; unas elevadas cifras que, sin embargo, no pueden compararse con los hasta dos millones de seguidores que tiene Lauren Bullen (Australia, 1993), exponente de que no son solo viajes lo que se vende en Instagram, sino un estilo de vida, ya sea en solitario o compartido en pareja o familia, en el que tambiĂ©n importa la moda, la gastronomĂ­a, apostar por el cuerpo en positivo («body positive») y pertenecer a minorĂ­as o grupos sociales discriminados. «Es obvio que las redes sociales influencian realmente en las decisiones sobre quĂ© destinos podrĂ­amos visitar», cuenta Luis Buzzi, socio responsable de Turismo de la consultora KPMG España. SegĂşn Ă©l, las expectativas de los viajes vienen dadas por el entorno de la familia y los amigos, que «básicamente comparte sus experiencias y emociones en las redes sociales y es donde, a travĂ©s de las imágenes, las ganas de vivir lo mismo intervienen directamente en la decisiĂłn sobre el destino». En esta misma lĂ­nea, Rojas, a travĂ©s de su blog, busca «transmitir sensaciones y emociones» sobre los sitios que visita. AĂşn asĂ­, Buzzi advierte de la dificultad de medir la capacidad real de influencia de los «influencers» actualmente. Él es positivo: «Es fácil suponer que aparecerán cada vez más estos perfiles, especializados en destinos o grupos de edades». El cambio de mentalidad es que los hoteleros ya no venden camas, sino emociones. «Los agentes del sector tienen y tendrán que entender quĂ© es lo que buscan sus futuros clientes para satisfacer sus expectativas», concluye. Una parte importante del pastel son las nuevas generaciones, habituales de este tipo de redes sociales; para los jĂłvenes, segĂşn Buzzi, los viajes y el ocio se han convertido en algo casi irrenunciable. «Se ha pasado de desear comprar un coche o una casa como prioridad a consumir ocio y viajes». No solo eso: estas experiencias y emociones tienen que ser compartidas con su entorno a travĂ©s de las redes sociales. Las nuevas tecnologĂ­as les permite, además, buscar e investigar los detalles del viaje soñado antes de realizarlo. «No todo el mundo tiene a lo mejor los conocimientos que pueda tener yo para organizarse el recorrido», defiende Carla Llamas, cuyo objetivo con «La maleta de Carla» es crear guĂ­as muy sencillas y visuales. Ella, que sĂ­ vive profesionalmente de esto desde hace año y medio, puede permitirse el lujo de escoger los destinos segĂşn lo que le apetezca en ese momento o si se están poniendo un poco de moda como Egipto y Escocia. «Viajo a donde quiero, como quiero, cuando quiero y luego lo cuento todo», concluye. Pero, ÂżcĂłmo funciona este negocio? Una marca, por ejemplo, de maletas ofrece a un «influencer» escribir un artĂ­culo en su blog donde mencione dicha marca; o el hotel donde se ha hospedado le ofrece una comisiĂłn cada vez que un seguidor hace una reserva a travĂ©s del enlace que ha puesto en su red social; tambiĂ©n se puede recurrir a la publicidad pagada en Instagram. A veces, la propuesta viene dada por el propio «influencer»: Carla Llamas ofreciĂł a una empresa de seguros de viajes organizar un sorteo de un viaje a Nueva York: «La gente tenĂ­a que donar una cantidad mĂ­nima de 5 euros y, con todo el dinero recaudado [más de 3.000 euros finalmente], yo me iba a Uganda a invertirlo en material para una escuela». AĂşn asĂ­, ella advierte de que no todo puede ser publicidad, pues el abuso de marcas y anuncios impide mantener una comunidad fiel. Con estos nuevos prescriptores del siglo XXI tambiĂ©n trabajan plataformas de viajes como Tripadvisor, que desde hace menos de un año les da la posibilidad de crear perfiles, como si de Twitter o Facebook se tratara, para asĂ­ «aportar contenidos editoriales», comentan desde la página web. De esta manera, cada vez que un viajero busque contenidos sobre algĂşn destino, encontrará aquellos escritos o publicados por «influencers» tambiĂ©n. Otra red social, Minube, sĂ­ organiza viajes con «instagramers», aunque desde la empresa aseguran que nunca hay colaboraciones de pago y las invitaciones son gratuitas. Carla Llamas – Instagram Sostenibilidad En algunas de las fotografĂ­as subidas a su Instagram, Carla Llamas utiliza la etiqueta #ViajarSinPlástico para promover el turismo sostenible o «consciente», como ella prefiere llamarlo. «Intento concienciar a mis seguidores de que se puede viajar sin generar tanta basura ni impacto negativo en el viaje», explica. Desde su perfil ofrece recomendaciones como que el viajero lleve su propia botella de agua o un portabocadillos donde poder meter cualquier tentempiĂ© que se compre. ÂżEl objetivo? No comprar botellas, envases o cubiertos de plástico. Con esta iniciativa, Llamas se ha dado cuenta realmente del impacto que tiene su presencia en un lugar, «especialmente si es subdesarrollado, donde la gestiĂłn de los residuos es nula». Patricia Rojas tambiĂ©n promueve esta iniciativa a travĂ©s de su web y redes sociales en las que promueve no visitar zoolĂłgicos y delfinarios, o no montar en elefante; actividades que considera como «maltrato animal».

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