El Tucídides más tramposo

Para llevar 2.500 años muerto, Tucídides parece estar más de moda que nunca. Y no precisamente por sus esfuerzos como pionero historiador empeñado en intentar responder a la más difícil de todas las preguntas –¿Por qué?– sin limitarse a funcionar como un mero cronista de la guerra del Peloponeso. A este resucitado clásico griego le interesaba mucho más identificar las causas del gran conflicto entre Esparta y Atenas que contar hazañas bélicas.

Al imponer una nueva ronda de aranceles sobre productos de China por valor de 200.000 millones de dólares, la Administración Trump está poniendo una vez más a prueba la viabilidad de la relación entre dos gigantes hasta ahora unidos por el bolsillo. Una conexión basada en que los americanos compraban de todo a los chinos y a cambio los chinos han ayudado a financiar la deuda requerida por un país incapaz de alcanzar un mínimo consenso político sobre sus números rojos.

La reiterada «trampa de Tucídides» insiste en la inevitabilidad de un conflicto cuando el orden internacional es cuestionado por una emergente potencia (Atenas-China). Y ese reto de poder es percibido como una amenaza inaceptable por parte de su establecido rival (Esparta-Estados Unidos). A este inquietante run-run no ayuda, por supuesto, la espiral de asertividad protagonizada por China en términos de revisionismo, militarismo y toda la pléyade de conflictos territoriales que cada vez la separan más de sus vecinos.

Como potencia mercantilista, cada vez con mayor confianza en sus fortalezas, China no se va a amedrentar. Y la prueba está en su respuesta en forma de 60.000 millones de dólares en aranceles sobre productos americanos, además de acusar a la Administración Trump de «matonismo comercial». Este conflicto librado desde enero, con potencial para generar una nueva recesión económica, no solo amenaza la interdependencia forjada por Estados Unidos y China en el arranque del siglo XXI. También alimenta el riesgo de hacer realidad al Tucídides más tramposo.

Pedro Rodríguez

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