El triunfalismo de Sánchez sobre Gibraltar choca con el realismo de May

Pedro Sánchez pretende «resolver de una vez por todas» el problema de Gibraltar cuando el Reino Unido abandone efectivamente la Unión Europea y plantea la posibilidad de intentar abrir la negociación sobre la soberanía o la soberanía compartida. El presidente del Gobierno hizo una interpretación triunfalista del resultado del Consejo Europeo al que asistió ayer en Bruselas y en el que se aprobó el acuerdo de retirada de Gran Bretaña. Según Sánchez, las posiciones españolas sobre Gibraltar han recibido un «reconocimiento total» por parte de los socios europeos y en una conversación informal con su colega Británica, Theresa May, ya le adelantó ayer mismo que en el futuro pretende cooperar con el Reino Unido para «resolver el conflicto» de la colonia de Gibraltar. En su comparecencia, sin embargo, May respondió diciendo que la posición de su país respecto a la soberanía de la colonia «ni ha cambiado ni va a cambiar».

El logro formal del gobierno se limita que las notas de las actas del Consejo Europeo hayan recogido la exigencia de dejar por escrito que ningún acuerdo que la Unión Europea negocie en el futuro con Reino Unido tendrá efecto en el territorio de Gibraltar hasta que España esté de acuerdo con su contenido y además eso se incluye en el refuerzo del «respeto pleno de la integridad territorial» de los Estados miembros. También, el actual embajador británico ante la UE ha firmado una carta anexa en la que se ha comprometido a su vez a interpretar los acuerdos respecto a Gibraltar en el mismo sentido que lo hace la UE. Las notas se refieren al polémico artículo 184 del Tratado de Retirada que enmarca el método que se utilizará para las negociaciones entre la Comisión Europea y el Reino Unido, sobre sus relaciones futuras.

El hecho de que los documentos que refuerzan las tesis españolas no tengan fuerza legal sino solamente interpretativa no le preocupa al presidente para quien este «triple blindaje» «refuerza las posiciones españolas como nunca antes». En realidad, lo que más refuerza la posición de España es que el Reino Unido sale de la UE y ya no puede influir en la posición del bloque comunitario sobre el territorio, lo que es clave para la vida de los gibraltareños.

Preguntado en concreto si se refiere a que se plantea pedir a Londres negociar la cosoberanía de la colonia, Sánchez dijo que «no hay que adelantar acontecimientos» pero que «vamos a hablar de todo» en el futuro. En todo caso, reconoció que «si esto ha sido difícil, lo que viene aún lo será más». La primera ministra británica, Theresa May, que estaba también en Bruselas, dijo sin embargo que la posición del Reino Unido sobre la soberanía «no ha cambiado y no va a cambiar». En varias ocasiones ha indicado que se siente «orgullosa de que Gibraltar pertenezca a la familia británica», aunque en su caso tampoco ha dicho la verdad porque en realidad Gibraltar es una colonia separada legalmente del Reino Unido. May ha dicho que garantiza a los gibraltareños que tutelará su situación «en la retirada de la UE» y en el proceso transitorio, que se ha establecido hasta el 31 de diciembre de 2020 y que puede ampliarse dos años más. Pero la primera ministra se ha abstenido de referirse a la intervención de su Gobierno en la relación de Gibraltar con la UE una vez que se haya consumado la separación. El presidente del Gobierno definió correctamente la situación al explicar qu e Gibraltar sale de la UE junto al Reino Unido, pero sus relaciones futuras con Europa pasarán obligatoriamente por España.

En cuanto a los detalles todavía muy confusos sobre el desarrollo de la negociación que desembocaron en la aparición «con nocturnidad y alevosía» -en palabras del secretario de Estado para la UE, Luis Marco Aguiriano- del artículo 184, que a su vez provocó la reacción española, Sánchez, que llegó a señalar a la Comisión Europea, renunció ayer a dar explicaciones y se limitó a decir que «bien está lo que bien acaba».

El presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, dio a entender que había faltado cierta sensibilidad cuando dijo que «los que no somos españoles no valoramos la importancia de esta cuestión para los intereses del Reino de España» y que había mantenido conversaciones fluidas con el presidente Sánchez y con el Rey Felipe VI para resolver este problema con el que el Gobierno llegó a amenazar con boicotear la cumbre.

En ciertos sectores de la diplomacia europea se le ha reprochado al Gobierno español el haber sido tan ruidoso a la hora de reclamar sus intereses, teniendo en cuenta que desde que fue aceptado por la primera ministra Theresa May el acuerdo ya no se podía tocar, so pena de desordenar todo el encaje de las negociaciones. Además de haber dado esta imagen de falta de unidad en un momento esencial, también se le ha reprochado que no viniera personalmente a Bruselas para resolverlo, en lugar de mantener todo el calendario de su viaje a La Habana.

En todo caso, el acuerdo aceptado ayer por los Veintisiete podría tener una vida muy fugaz. En diciembre está previsto que el parlamento británico decida si lo ratifica o no y por ahora todos los indicios dan por hecho que May no tiene la mayoría necesaria para ello. En tal caso, nadie sabe qué pasaría ni con el tratado ni con las anotaciones interpretativas. Un miembro de la delegación española, sin embargo, insistió en que en tal caso, «el Tratado de Retirada puede ser anulado, pero las interpretaciones no».

Lee más: abc.es


Comparte con sus amigos!